Testimonios de las mujeres campesinas que sufrieron la guerra en el Meta
Testimonios de las mujeres campesinas que sufrieron la guerra en el Meta
Inaldo Pérez
1 Jul 2020 11:07 AM

"Madres traemos hijos al mundo para la guerra”: Doloroso relato de campesinas del Meta

Tres mujeres que vivieron en la zona donde el conflicto generó más violencia hablaron con RCN Radio.
Miguel Valencia
Miguel Ángel
Valencia González
@MiguelValenciaf

Ubicada en el norte del Meta, en el municipio de Uribe, se encuentra la Vereda del Duda, una zona montañosa y selvática que sufrió el conflicto armado en Colombia de manera aterradora, pues esa zona fue el epicentro de los movimientos de las desmovilizadas Farc durante los 54 años de guerra que azotaron al país y dejaron 240.000 muertos y ocho millones de víctimas.

Las mujeres de esas regiones, que vieron y sufrieron todas esas amarguras del conflicto, hablaron de la guerra desde la mirada femenina. En medio de las carencias de todo tipo, donde no hay ni hospitales, ni luz, ni escuelas, ni caminos y cada vereda queda a 11 horas de distancia, por trochas y ríos que se sufren en la piel y que generan una enorme turbación a quienes lo recorren, por su dureza y clima bipolar.

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“El conflicto armado me ha afectado como mujer porque al vivir en esta región nos estigmatizaron como colaboradores de las Farc y eso no es cierto. A uno le preocupa es los hijos, que más adelante les pase algo (...) como madres campesinas traemos hijos para una guerra, sea que se vayan para el lado del Ejército o para el lado de la guerrilla, siempre terminan envueltos en eso”, aseguró Yaniri Rios, en entrevista con RCN Radio.

Además, reflejando una una profunda tristeza en su rostro, dijo que es doloroso saber que a sus hijos no les podrá ir mejor que a ella, pues seguirán detrás del azadón o las mulas al ser imposible ir a estudiar.

Isabel Celeita, que ha sobrevivido sembrando arveja y frijol, aseguró que la situación ha sido muy sufrida y que algunas bombas que lanzó el Ejército contra la guerrilla estuvieron muy cerca de destruirles su casa, una construcción de latas y maderas que apenas resiste las inclemencias del viento.

Celeita señaló que ella y su familia se acostumbraron a escuchar el silbido de las balas y las bombas, como parte de un paisaje sangriento que la llenó de temores y miedos. “A las mujeres aquí nos tocó ser hombre y mujer”, sostuvo con la mirada baja. 

Floriselda Poveda, la mujer de mayor edad en la zona, tiene unos hermosos cabellos grises y parece la matriarca del lugar. Llora desde la cocina mientras cuenta su historia, donde coincide en que no es posible sentirse parte un país cuando se vive semejantes horrores, pues ella misma tuvo que dar a luz a uno de sus niños, sin ayuda de nadie, en medio de la oscuridad y el silbido de los combate.

Además, se le corta la voz cuando recuerda el día en que algunos hombres armados golpearon a su esposo en su casa, mientras ella estaba embarazada, un hecho angustiante que casi la lleva a perder su bebé.

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Coinciden las tres que la zona donde pasan la mayor parte del tiempo, en que los atropellos del Ejército fueron mayores que los de la guerrilla, pues cuando conseguían frutas, verduras o algún alimento poco común en la región, eran abordadas por los militares y acusadas de ser colaboradoras de las Farc, entonces les quitaban todo y las mandaban de regreso a su casa, a recorrer esas trochas imposibles del norte del Meta, con la amargura de no entender las razones de toda una vida en contra.

El Gobernador del Meta, Juan Carlos Zuluaga, que fue recientemente a la región, después de 13 horas de viaje por una trocha llena de dificultades y un río peligroso, a hacer una reunión con todos estos ciudadanos olvidados, pudo escuchar estos desoladores testimonios y prometió reformas en la zona.

Y es que Zuluaga fue el primero gobernador de llegar hasta estas veredas apartadas donde hasta su llegada poco o nada se sentía la presencia del Estado. 

Varios militares que también estuvieron presentes buscan hacer las paces con ellos, ya que, todos, por esos corredores naturales sufrieron de distintas maneras y en confrontar esas historias y en ir a los territorios se encuentran las claves para poder lograr una verdadera reconciliación y sacar adelante a un proceso de paz que, según los campesinos, tampoco perciben mucho.

Fuente
Sistema Integrado Digital