El escenario más probable es también el más frío. El Centro Democrático no concede la escisión. La dirección se respalda en auditorías, en reglas pactadas previamente y en el liderazgo único del expresidente Uribe. Paloma Valencia reafirma que no hubo irregularidades y que no habrá fragmentación formal.
En este escenario, Cabal sale, pero no se lleva una bancada, ni estructura, ni personería. Queda con visibilidad, discurso duro y redes, pero sin aparato electoral inmediato.
Para el uribismo, el daño es controlado, pero ruidoso. El director del Laboratorio de Gobierno de la Escuela de Gobierno de la Universidad de La Sabana, Omar Oróstegui, considera que colateralmente el expresidente Uribe saldrá fortalecido en este escenario.
"La renuncia de María Fernanda Cabal no tendrá mayores efectos en la práctica. Si bien afecta la moral del partido, va a terminar conciliando el liderazgo del presidente Uribe, quien no tendrá que concertar sus decisiones con sectores críticos al interior del partido", dijo el experto.
Escenario intermedio: María Fernanda Cabal no rompe del todo, pero tampoco vuelve
Aquí nadie gana. Cabal no obtiene escisión, pero tampoco se integra a la campaña de Paloma Valencia. No ataca frontalmente, pero tampoco suma. Critica al “proceso”, no al “proyecto”. Permanece en una zona gris: oposición interna sin partido.
Este escenario erosiona lentamente al Centro Democrático, porque convierte la campaña presidencial en una discusión permanente sobre legitimidad, no sobre país. Y eso es terreno fértil para los adversarios, el petrismo, el Pacto Histórico.
Escenario de menor probabilidad: la crisis reconfigura la derecha
El escenario más disruptivo es también el menos probable, pero no imposible. Que Cabal logre articular sectores externos al uribismo tradicional, que capitalice el discurso de “exclusión” y “trampa interna”, y que se convierta en un polo distinto de derecha, más ideológico, más confrontacional, menos uribista.
Este escenario exige tiempo, recursos y aliados. Hoy no están claros. Por eso su probabilidad es baja. Pero si ocurre, el daño no sería solo interno: sería una fragmentación del electorado de derecha en plena carrera presidencial.
El verdadero impacto
Paradójicamente, el golpe más fuerte no es para Paloma Valencia, sino para el relato moral del uribismo. Porque cuando una fundadora dice que el proceso fue viciado, aunque el partido lo niegue, la duda ya quedó instalada. Y en política, la duda no necesita probarse para hacer daño.
No todo quiebre hace caer un edificio. Algunos solo dejan una grieta visible, pero suficiente para que nunca vuelva a verse igual. La carta de Lafaurie no tumba al Centro Democrático. Pero rompe algo más delicado: la idea de que todos aceptan las reglas cuando pierden. Y cuando eso se rompe, el problema ya no es quién será el candidato, sino qué significa pertenecer.
Aquí hubo un punto de quiebre. Y sus efectos apenas comienzan. Punto de quiebre: tres escenarios… una sola historia en movimiento.