La práctica de lavar el arroz antes de cocinarlo ha sido transmitida por generaciones como una regla en la cocina. Sin embargo, investigaciones recientes analizan si este paso realmente cambia la textura del arroz cocido o reduce riesgos para la salud como la presencia de arsénico. Los resultados muestran que varias creencias no están respaldadas por evidencia científica.
Un estudio liderado por el Centro de Innovación Avanzada de Beijing para la Nutrición Alimentaria y la Salud Humana determinó que el lavado del arroz no tiene un impacto significativo en la dureza ni en la pegajosidad del producto final. El análisis estadístico evidenció que el tiempo de lavado no modifica estas propiedades, lo que contradice la idea de que enjuagar el arroz mejora su consistencia.

De acuerdo con la investigación, los materiales que se eliminan durante el lavado corresponden a residuos superficiales del proceso de molienda, pero no afectan la estructura interna del grano. Por esta razón, la textura del arroz cocido permanece estable, independientemente del número de lavados.
Los investigadores también concluyeron que el procedimiento no altera la lixiviación del almidón ni su estructura molecular, lo que explica la ausencia de cambios en las propiedades del arroz tras la cocción.
El lavado puede reducir nutrientes del arroz
El mismo estudio advierte que el lavado del arroz puede provocar la pérdida de micronutrientes como vitaminas del grupo B, hierro y zinc, lo que reduce su calidad nutricional. Este efecto se presenta porque dichos nutrientes pueden desprenderse durante el enjuague previo a la cocción.
Aunque en distintos países el arroz se lava varias veces como parte del proceso tradicional, la investigación indica que este procedimiento no es necesario para mejorar las características del alimento ya cocido.
Además, el estudio menciona que el lavado puede eliminar parte de los lípidos presentes en la superficie del arroz, lo que puede influir en el sabor, pero no en la textura final del producto.
Otro de los argumentos para lavar el arroz está relacionado con la posible presencia de arsénico. Según un documento de la Cleveland Clinic, este elemento está presente de forma natural en el suelo y el agua, y puede ser absorbido por las plantas durante su cultivo.

El texto señala que un estudio detectó arsénico en el 100 % de las muestras de arroz analizadas en tiendas de Estados Unidos. A pesar de esto, la dietista Beth Czerwony indica que el arroz sigue siendo seguro para el consumo dentro de una dieta equilibrada.
También se indica que el contenido de arsénico varía según el tipo de arroz y el lugar donde se cultiva. Por ejemplo, el arroz integral puede contener más arsénico que el arroz blanco debido a sus capas externas.
Cómo reducir el arsénico al cocinar arroz
El documento de la Cleveland Clinic aclara que lavar el arroz no es la estrategia más efectiva para reducir el arsénico. En cambio, recomienda cocinarlo con abundante agua y luego escurrirla, lo que puede disminuir los niveles entre un 40 % y un 60 %.
Otra alternativa es remojar el arroz durante al menos 30 minutos antes de la cocción. Esta práctica también puede ayudar a reducir la presencia del compuesto, aunque implica la pérdida de algunos nutrientes.
Asimismo, se sugiere diversificar la dieta con otros cereales y elegir variedades de arroz con menor contenido de arsénico, dependiendo de su origen.
¿Es necesario lavar el arroz antes de cocinarlo?
La evidencia científica muestra que lavar el arroz no modifica su textura ni reduce de forma significativa el arsénico. Su principal función es eliminar residuos visibles, pero también puede disminuir el valor nutricional.
En este contexto, los estudios coinciden en que el arroz es seguro para el consumo y que los métodos de cocción tienen un mayor impacto en la reducción de riesgos que el lavado previo.
¿Es mejor el arroz blanco o el arroz integral?

Según la Cleveland Clinic, el arroz integral aporta más beneficios nutricionales que el arroz blanco, ya que conserva todas las partes del grano: germen, salvado y endospermo. Esto lo convierte en una fuente más completa de fibra, vitaminas y minerales, en comparación con el arroz blanco, que pierde estos componentes durante el procesamiento.
De acuerdo con la dietista Beth Czerwony, el arroz integral contiene mayores niveles de nutrientes como magnesio, fósforo y vitaminas del grupo B, además de ser un carbohidrato complejo que ayuda a generar mayor sensación de saciedad y a regular el colesterol.
Sin embargo, el arroz blanco no queda descartado. La misma especialista señala que, aunque tiene menor valor nutricional, puede ser útil en dietas específicas, como en personas con digestión sensible o que requieren alimentos bajos en fibra. Además, suele estar enriquecido con ácido fólico, un nutriente relevante en etapas como el embarazo.
También advierte que el arroz integral puede contener mayores niveles de arsénico, por lo que su consumo debe ser moderado en ciertos casos. En ese contexto, los especialistas indican que la elección entre ambos tipos de arroz depende de las necesidades individuales y que incluso pueden combinarse dentro de una dieta equilibrada.