Un nuevo feminicidio sacudió al departamento del Atlántico. Una mujer fue asesinada dentro de su vivienda luego de que un hombre llegara, aparentemente, a comprarle un hielo.
Según el reporte, la víctima se levantó para atenderlo, en ese momento el sujeto le disparó, acabando con su vida en el lugar. Con este caso, ya son 26 mujeres asesinadas en lo que va del año en el departamento.
Investigadores han advertido que varias de estas víctimas estarían siendo atacadas por negarse a participar en el expendio de drogas en sus comunidades.
La violencia se expande más allá de Barranquilla
La situación ya no se concentra únicamente en Barranquilla y su área metropolitana. La guerra entre estructuras criminales se ha extendido hacia el centro del departamento, impactando municipios que antes no figuraban en los mapas de homicidio.
Casos preocupantes:
Sabanalarga: 9 asesinatos en lo que va del año
Baranoa: 14 casos
Sabanagrande: 14 casos
Estos territorios se consolidan ahora como nuevos focos de la confrontación criminal.
Municipios antes tranquilos, ahora en alerta
La expansión del crimen también alcanza zonas históricamente ajenas a estas dinámicas, como Polonuevo y Usiacurí, que ya comienzan a aparecer en reportes de violencia.
De hecho, en Polonuevo se registró recientemente el asesinato de una mujer, presuntamente por negarse a vender droga para estructuras ilegales.
La ruptura de la tregua y sus efectos
El analista Luis Fernando Trejos explicó que el recrudecimiento de la violencia está ligado al fin de acuerdos entre grupos criminales.
"La tregua pactada entre 'Los Costeños' y 'Los Pepes' en octubre del año pasado, y que terminó el 20 de enero de 2026, produjo tres efectos que pueden explicar el aumento de la violencia homicida en distintos municipios del departamento del Atlántico. El primer efecto fue la fractura del ecosistema criminal: aparecieron disidencias al interior de cada uno de estos grupos, lo que evidencia que hoy tenemos más actores en conflicto y eso eleva la violencia en distintos territorios del Atlántico".
Nuevas formas de delinquir
El experto también advirtió sobre la mutación de estas estructuras, que se reorganizan bajo otros nombres.
"Lo segundo es que se mantuvieron y aumentaron los ‘alter egos’ criminales, que son grupos de papel utilizados por las organizaciones criminales tradicionales para delinquir y evadir responsabilidades frente a las autoridades".
El “derrame” de la violencia
Luis Fernando Trejos indicó que uno de los fenómenos más preocupantes es el traslado geográfico del crimen hacia otras zonas del departamento.
"El tercer efecto fue el derrame de la violencia; es decir, los grupos pactaron la disminución de algunos delitos en Barranquilla, pero no sucedió lo mismo en el resto del departamento. Lo que vimos entonces fue el traslado de la dinámica de la violencia homicida y la extorsión hacia dos ejes viales particulares: uno, la Cordialidad, y el otro, la Vía Oriental. Eso explicaría el aumento significativo de la criminalidad en municipios ubicados sobre estas dos vías".
Según el investigador, una de las hipótesis sobre la racha de asesinatos de mujeres en el Atlántico estaría relacionada con que las víctimas se oponen al expendio de drogas o a servir a las estructuras criminales, por lo que terminan siendo asesinadas.
Llamado urgente a las autoridades
Ante este panorama, Trejos hizo énfasis en la necesidad de una respuesta articulada del Estado.
"Se esperaría que desde el nivel nacional haya una coordinación mucho más estrecha con las autoridades departamentales y locales, de cara a formular estrategias que permitan mitigar y contener la violencia que se ha venido expandiendo por todo el departamento del Atlántico".
Una nueva realidad para el Atlántico
El Atlántico enfrenta hoy una violencia descentralizada que avanza por corredores estratégicos, dejando a su paso miedo, control criminal y muerte. Las cifras siguen en aumento, mientras comunidades enteras quedan atrapadas en medio de una guerra que ya no distingue territorios ni víctimas.