Una mujer de la tercera edad en Armenia, Quindío, quien fue robada por un delincuente, tomó la decisión de perseguirlo, lo enfrentó y junto a otras mujeres del sector, lograron reducirlo y recuperar el elemento hurtado, es elogiada por su valentía y berraquera. La señora que encaró al delincuente tiene 70 años de edad.
La historia tuvo origen en el restaurante de doña Esperanza Sánchez, situado en la parte baja del puente de la calle 2ª con carrera 14 al norte de la ciudad, cuando un hombre llegó haciéndose pasar como un cliente común y corriente en busca del menú del día, hasta ahí todo parecía normal para la señora.
“Por ahí 40 años tiene ese tipo, recuerdo que era alto, usaba una camisa azul y en general estaba bien vestido, tenía hasta un escapulario grande en el pecho”, dijo la víctima del asalto.
Cuando el supuesto comensal vio el factor oportunidad y sintió vulnerable a la señora septuagenaria, tomó el celular que estaba sobre el mostrador del restaurante y emprendió la huida, con lo que no contaba era con la valentía, la vitalidad y el pique de esta mujer.
“Cuando se tomó el jugo me dijo ya vengo, empáqueme el almuerzo. Cuando volteo a mirar y no estaba el teléfono y caí en cuenta que me lo había robado. El descarado salió corriendo y yo salí detrás de él y a la vueltica le alcancé a echar mano del cuello”, dijo Esperanza.
Solidaridad femenina
Cuando doña Esperanza con sus 1.58 de estatura, versus los 1.70 que medía el individuo lo tenía agarrado con todas sus fuerzas, otras mujeres que se encontraban en esa zona universitaria de Armenia, aledaña al establecimiento gastronómico se sumaron a la gesta y entre todas lograron reducirlo.
Al señalado delincuente le sobró “más caldo que arroz”, y no precisamente del almuerzo que pidió para llevar sino de doña Esperanza, la matrona que estaba en la cocina y a quien el ladrón subestimó pensado que sería un robo fácil.
La señora contó: “la primera en salir fue la muchacha del parqueadero que le metió una patada, luego vinieron varias estudiantes de la universidad, todas mujeres y le dieron una pela y lo desnudaron”.
Quienes han conocido el caso aplauden a la señora, la elogian y dicen que es de admirar. Muchas aseguran que así son las mujeres de Armenia.
“Ya con la situación como está nos toca unirnos y actuar entre todas”, dijo Lorena Hernández.
Sandra expresó: “muy guapa, muy guapa esta señora. Es que a las mujeres nos toca muy duro por eso ya no nos dejamos. Sin embargo si piensa uno que ella corrió mucho riesgo”.
Adiela Trujillo está programada para ir a su restaurante, quiere apoyarla pero también abrazarla y felicitarla. Dice que solo pensar en ese instante le genera un choque de emociones entre coraje, solidaridad y ganas de haber estado en ese instante para ayudarle a agarrar al bandido.
´Esperancita´, como le dicen de cariño, demostró que no solo tiene buena mano para la cocina sino buen brazo para defenderse, por eso con toda la autoridad del caso le dejó un mensaje a las mujeres del Quindío, Colombia y del mundo entero.
“Que no se dejen pegar, que sean fuertes y berracas y de paso que si un hombre no les aporta y no les sirve que se vayan y lo dejen que hombres hay por montones”, señaló.
Valentía que ha inspirado a las mujeres
Mientras al bandido seguramente no le quedaron ganas de volver por allá, a las mujeres de Armenia el caso de esta señora si les dio aliento e inspiración para defenderse y no dejarse vulnerar.
En otras palabras esta matrona de las siete décadas se convierte en la esperanza para que todas se hagan valer sin importar la edad cuando sientan que están siendo irrespetadas.