El incremento del 23,7% del salario mínimo para el 2026 ya comienza a generar alertas en distintos sectores de la economía, y uno de los más afectados sería el de la construcción de vivienda de interés social y prioritario, según los gremios.
Así lo advirtió la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) en Risaralda, que señaló que ese ajuste salarial tendrá un impacto directo en el precio final de las viviendas, alejando a miles de familias de la posibilidad de cumplir el sueño de tener su casa propia.
Impacto directo en la adquisición de vivienda
De acuerdo con el gremio constructor, el aumento del salario mínimo no fue acompañado de un análisis profundo sobre sus efectos colaterales, especialmente en un sector altamente regulado y atado a este indicador económico.
Por ejemplo, en el caso de la vivienda de interés social (VIS), el incremento en los costos elevará su valor en cerca de 44 millones de pesos, mientras que las viviendas de interés prioritario (VIP) tendrían un aumento aproximado de 29 millones de pesos. Estas cifras, aseguran, resultan imposibles de absorber para los hogares de menores ingresos.
Víctor Baza Tafur, gerente de Camacol Risaralda, calificó este panorama como un golpe directo a los hogares colombianos. Según explicó, muchas familias que ya habían adelantado procesos financieros y contaban con un cierre económico para adquirir su vivienda se enfrentarán a una dura realidad cuando llegue el momento de escriturar.
“En 2026, cuando se haga la conciliación real del negocio y el pago se ajuste al nuevo salario mínimo, muchos hogares se encontrarán con que ya no hay cierre financiero”, señaló el dirigente gremial.
Baza Tafur agregó que dicho escenarioobligará a numerosos compradores a desistir de la adquisición de su vivienda, no por falta de voluntad, sino porque el precio final superará ampliamente lo inicialmente presupuestado.
El problema no solo afectará a las familias, sino también a las empresas constructoras, que enfrentarán dificultades en la rotación de inventarios y en la estabilidad financiera de sus proyectos.
Desde Camacol advierten que el impacto no es una especulación ni una exageración del gremio, sino una consecuencia directa y previsible del aumento del salario mínimo. Al estar indexados a este indicador, los costos de materiales, mano de obra y trámites se incrementan de manera automática, trasladándose inevitablemente al precio final de la vivienda.
El gremio constructor también alertó que este año comenzarán a evidenciarse los primeros desistimientos en proyectos de vivienda de interés social, especialmente cuando los compradores lleguen a la etapa final de firma de escrituras y descubran que el valor de su nuevo hogar es muy superior al acordado inicialmente.
Esa situación que podría generar frustración social y afectar de manera directa las metas de reducción del déficit habitacional en el país.
Camacol Risaralda hizo un llamado al Gobierno Nacional para que revise las políticas de vivienda y adopte medidas de mitigación que eviten que el aumento del salario mínimo termine convirtiéndose en una barrera para el acceso a la vivienda. Subsidios adicionales, ajustes en los topes de las VIS y VIP, y mecanismos de compensación serían, según el gremio, alternativas urgentes para evitar que miles de familias vean truncado su proyecto de vida.