El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, envió este miércoles a su secretario del Interior, Doug Burgum, a Venezuela en una visita clave para reactivar la producción de petróleo y minerales estratégicos en el país sudamericano. El viaje marca un nuevo capítulo en la coordinación entre Washington y el gobierno interino venezolano tras la captura en enero del expresidente Nicolás Maduro.
La Embajada de Estados Unidos en Venezuela confirmó la llegada del funcionario con un mensaje público en el que señaló: “Bienvenido a Venezuela, Secretario Burgum. Como Presidente del Consejo Nacional de Dominio Energético y jefe del Departamento del Interior, el Secretario se reunirá con las autoridades interinas, establecerá contactos con empresas estadounidenses y venezolanas, y trabajará por un sector minero legítimo y cadenas de suministro de minerales críticos seguras. Otro paso vital e histórico que impulsa el plan de tres fases de presidente en beneficio de los venezolanos y estadounidenses”.
Burgum, quien preside el Consejo Nacional de Dominio Energético, sostendrá encuentros con funcionarios del gobierno interino, incluida la presidenta interina Delcy Rodríguez, así como con ejecutivos del sector petrolero y minero. De acuerdo con un funcionario de la Casa Blanca, durante la visita podría anunciarse un acuerdo petrolero, lo que confirmaría anticipadamente el plan de Trump para impulsar la producción de crudo venezolano.
Apuesta por el petróleo y plan de tres fases
El viaje se produce en un momento de alta tensión energética global. Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán han interrumpido la producción y el flujo de crudo en Medio Oriente, incluso a través del Estrecho de Ormuz, lo que ha disparado los futuros internacionales del petróleo en un 16% desde el inicio de la ofensiva.
En este contexto, la Casa Blanca presiona a compañías energéticas para invertir cerca de 100.000 millones de dólares en la reconstrucción de la industria petrolera venezolana, que posee una de las mayores reservas probadas del mundo. El Departamento del Tesoro ya emitió licencias para que empresas estadounidenses reanuden operaciones en el país.
Bajo supervisión estadounidense, Venezuela duplicó recientemente sus exportaciones, alcanzando 788.000 barriles diarios en febrero, frente a los niveles del mes anterior. Aunque la producción actual apenas roza el millón de barriles diarios, en la década de 1990 el país producía más del triple.
La visita se suma a la realizada en febrero por el secretario de Energía, Chris Wright, quien recorrió la Faja Petrolífera del Orinoco y discutió con Rodríguez mecanismos para compensar a empresas afectadas por nacionalizaciones.
Minerales críticos y desafíos estructurales
Más allá del crudo, la agenda incluye el sector minero. Venezuela posee importantes reservas de carbón térmico, oro, diamantes, hierro, bauxita y cobre, además de coltán, clave para la producción de tantalio y niobio utilizados en electrónica y aeroespacial.
Burgum anticipó el mes pasado que el gobierno prepara una licencia independiente para autorizar actividad minera. Sin embargo, el acceso seguro a muchos yacimientos representa un riesgo, especialmente en el sur del país, donde minas han estado bajo control de grupos criminales.
Organizaciones de derechos humanos y ambientalistas han advertido que la minería ilegal pone en riesgo a trabajadores, incluidos menores de edad, y causa graves daños ambientales. Así como Washington presionó por reformas en la ley petrolera, se espera que impulse cambios regulatorios en el sector minero.
El antecedente de nacionalizaciones también pesa sobre el ánimo inversor. Empresas como Peabody Energy perdieron activos tras la negativa del gobierno venezolano de renovar licencias, lo que alimenta la cautela. “Creo que habría muchas dudas sobre regresar a Venezuela”, afirmó Andy Blumenfeld, director de análisis de datos de McCloskey by OPIS.
Algunos ejecutivos han solicitado garantías de seguridad jurídica, física y financiera antes de comprometer miles de millones de dólares en proyectos de largo plazo, en medio de interrogantes sobre la estabilidad de la etapa post-Maduro y la evolución de la demanda global de carbón, que según la Agencia Internacional de la Energía se mantuvo estable en 2025 y podría disminuir gradualmente.