Aunque la FIFA nació el 21 de mayo de 1904, no fue sino hasta la década de 1920 que a Jules Rimet se le ocurrió la idea de organizar un torneo mundial de fútbol. Ya por entonces, le deporte rey era altamente conocido a lo largo del planeta y varios clubes comenzaban a dar sus primeros pasos para convertirse en lo que hoy son.
Rimet, que fue presidente de la FIFA entre 1921 y 1954, destinó fondos para diseñar un trofeo que fue especial, distintivo y único, con el fin de coronar a los campeones. Su base, cuadrada y de mármol, sostendría una estatuilla de plata esterlina, enchapada en oro de la diosa griega de la victoria: niké.
La figura alada sería la copa que se le entregaría al ganador del primer certamen, pero también a todo aquel equipo nacional que lograra imponerse en el torneo cada cuatro años. Rimet, además, pensó en que si algún país lograba ganar en tres ocasiones el mundial, podría guardar en sus repisas, por siempre, el trofeo de la diosa griega, que pesaba cuatro kilos y medio y medía treinta centímetros de alto. Miembros de la FIFA dieron al objeto el nombre por el que se le conoce: Jules Rimet.

Un intento alemán de robar la Copa del Mundo
Uruguay e Italia organizaron las primeras dos ediciones del torneo y sus selecciones lograron alzar el premio. Pero la 'Azzurra' estuvo muy cerca de quedarse para siempre el Jules Rimet, puesto que en 1938, volvieron a consagrarse campeones mundiales. Quizá aquella selección, bajo las presiones de Benito Mussolini, hubiera logrado las tres estrellas si le segunda guerra mundial no hubiera estallado.
En aquellos años, el trofeo quedó en manos de Ottorino Barassi y, bajo la sospecha de que la Gestapo quería robarse la figura de Niké, decidió esconder la estatuilla en una caja de zapatos. En efecto, la Gestapo visitó la sede de la Federación Italiana de Fútbol, no encontró el tesoro que buscaban y se dirigieron al hogar de Barassi. La Copa del Mundo se salvó, porque a los agentes del grupo alemán no se le ocurrió revisara en la dichosa caja de zapatos.
Desde entonces, la caja de zapatos, con el trofeo dentro, realizó un viaje desconocido. No se supo de su paradero hasta que el mundial se retomó en Brasil. En 1950, Uruguay volvió a tomar posesión del preciado trofeo, legítimamente, por supuesto.
El robo de la Copa del Mundo
Brasil se consagraría por primera vez en 1958, pero muchos conocedores del trofeo se alarmaron, cuando Pelé y compañía levantaron un objeto que parecía más alto y con una base diferente. La FIFA afirmó que se realizó una nueva estatuilla, porque habían muchos equipos campeones y ninguno lograba la hazaña de ser tres veces campeón; por lo tanto, debía inscribir más nombres y la base cuadrada ya no era apta.
Meses antes de que una nueva edición de la copa del mundo se llevara a cabo, el trofeo Jules Rimet desapareció. La crisis fue tal que, incluso, llegó a pensarse en detener el torneo para 1966. La Reina Isabel II ordenó que se tenía que encontrar el objeto y los policías estuvieron en una investigación y búsqueda ardua. Pero no sería un humano quien encontrara el título. Fue un perro con pelaje blanco y negro llamado Pickles que, husmeando en arbustos mientras su dueño lo paseaba (nadie sabe el nombre de este ciudadano inglés), se topó con la figura de plata esterlina, envuelta en periódico. Inglaterra se coronó campeón y se dice que Isabel II le entregó a Bobby Moore una réplica, por temor a que pudiera ocurrir un nuevo robo.

La Copa sería entregada para siempre a una selección
Para 1970, tres selecciones tenían la posibilidad de llevarse a sus estanterías la Copa Jules Rimet de manera definitiva. En México, la final la jugaron dos equipos dos veces campeones: Italia y Brasil.
El 'rey Pelé' se lució aquel día y en sus manos tuvo por segunda vez el trofeo luego de jugar aquella final (en Chile 1962, fue Garricha el héroe). Entonces, el trofeo Jules Rimet estaría para siempre en Brasil, pero...
Un nuevo robo
Trece años después, el trofeo desaparecería por tercera vez. En horas de la noche del 3 de diciembre de 1983, hombres armados irrumpieron en la sede principal de la Confederación Brasileña de Fútbol, en Río de Janeiro, y retiraron una delgada pared de madera que la protegía en la parte posterior.
Miguel Murillo Bernardes fue el agente policiaco que llevó el caso. Gracias a contactos dio con los ladrones: tres argentinos. Pero estos solo habían sido contratados por un joyero, del mismo país. Su nombre, Juan Hernández, que fue arrestado y culpado de convertir en lingotes la importante figura. Él siempre negó que fuera responsable intelectual del hecho, incluso estando preso.
Desde entonces, no hay noticia de la Copa Jules Rimet, solo se se sabe de ella por la historia que a su alrededor se gestó.