El bumangués Enrique Marín, quien se encontraba de visita en Venezuela, específicamente en la ciudad de Trujillo, ubicada al occidente del país y a unas siete horas por carretera de Caracas, narró a La FM cómo se vivieron en el vecino país los primeros momentos tras los bombardeos de Estados Unidos y, posteriormente, la captura de Nicolás Maduro.
Marín aseguró que el ambiente estuvo marcado por una alta tensión y una profunda incertidumbre frente a lo que estaba ocurriendo.
“Hay tensión, amigos. Haga de cuenta que es como si en el Palacio de Nariño, en Bogotá, hubiera sucedido un golpe y nosotros estuviéramos en Bucaramanga. Aunque Trujillo es un tramo algo aislado, hay mucha desesperación”, señaló.
En ese contexto, explicó que la población comenzó a abastecerse ante el escenario incierto de la situación: “La gente está comprando mercados, abasteciéndose de manera abrupta, como pasó en el COVID, guardando y guardando porque no se sabe qué va a pasar. Y quienes no somos de este país estamos buscando la manera de salir prontamente, porque no sabemos en qué termine todo este problema”.
Sobre el comportamiento de la Guardia Nacional, a lo largo del recorrido que realizó desde Colombia hasta Trujillo, Marín señaló que la actitud ha sido hostil frente a la ciudadanía, especialmente con los extranjeros.
“Eso no es como lo están mostrando los medios nacionales, que todo está normalizado y en paz. No está funcionando así. Están bastante hostiles por la situación actual. A nosotros, los colombianos, nos están vigilando con ojo de lupa y salir del país es bastante complicado en estos momentos”, dijo.
Asimismo, se refirió al alto costo de la gasolina, advirtiendo que en los últimos meses se ha registrado un incremento significativo, reflejo de una hiperinflación que ya comienza a sentirse: “La hiperinflación ya se ve. El combustible valía 0.5 dólares el litro y ya pasó a más del doble. Los viajes que uno pagaba antes ahora resulta mucho más caros”.
Mientras Enrique Marín busca la manera de regresar a Colombia, en Bucaramanga cientos de migrantes venezolanos se reunieron en el Parque de los Niños para celebrar lo que consideran la caída del régimen en su país.