En el programa Habla Con Ella de La FM, se habló del fenómeno de jóvenes que afirman identificarse con animales y de cómo se interpreta esta vivencia, con la participación de la psicóloga clínica Sofía Arévalo. Durante la conversación se describieron casos en los que estudiantes manifiestan sentirse gatos, perros u otras especies y solicitan ser tratados de esa forma, una situación que motivó preguntas sobre su significado psicológico.
Identificación animal y percepción personal
En la emisión se planteó que algunas personas expresan “sentir realmente que son un animal” y explican que esa conexión influye en su autopercepción. También se mencionó que estas conductas se observan en espacios académicos y redes sociales, donde se registran imágenes y relatos de quienes actúan según esa identificación. La invitada indicó que ha observado manifestaciones similares en distintos entornos y añadió que todavía “no se alcanza a considerar un trastorno”.

Arévalo señaló que la situación debe evaluarse desde la funcionalidad cotidiana y afirmó: “cuando tu vida deja de ser completamente funcional” puede hablarse de un problema clínico. Explicó que ello implica sufrimiento y dificultades para relacionarse, mientras que la identificación en sí misma la definió como “una identificación de la personalidad”. Según dijo, este proceso puede vincularse a cambios en la construcción personal a lo largo del crecimiento.
Desarrollo de identidad y evaluación clínica
La especialista explicó que estas experiencias pueden asociarse a etapas de desarrollo y expresó que surgen cuando existe “una pérdida de identidad subjetiva” ligada a vivencias personales. Detalló qué gustos, percepciones o comparaciones con animales pueden integrarse a esa construcción y reiteró que “no es un diagnóstico clínico”. En el diálogo se compararon ejemplos de otras identificaciones simbólicas para ilustrar la diversidad de casos.
Durante la entrevista también se abordó el caso de menores que adoptan conductas similares. Arévalo indicó que la señal de atención aparece “cuando mi hijo está dejando de ser funcional” y describió cambios en alimentación, hábitos o interacción social. Sostuvo que si las acciones dejan de ser juego y afectan la rutina, se debe acudir a evaluación profesional y añadió que la orientación inicial consiste en acompañar sin juzgar y explicar diferencias entre humanos y animales.

Orientación familiar y acompañamiento
En la conversación final se indicó que los cuidadores deben observar comportamientos persistentes y que, mientras se obtiene atención especializada, es posible “orientarlo de la mejor manera”. La psicóloga planteó que el acompañamiento implica diálogo y referencia a diferencias biológicas y sociales, y concluyó que la respuesta institucional debe centrarse en respeto y comprensión, señalando que las personas involucradas requieren escucha y, si procede, intervención profesional.
A lo largo del programa se reiteró que los testimonios describen percepciones internas y que el fenómeno se observa en entornos educativos. La invitada sostuvo que la evaluación depende del impacto en la vida diaria y remarcó: “hay que llevarlos al psicólogo, pero de urgencia” cuando la conducta altera funciones básicas, subrayando que el análisis debe hacerse caso por caso. Así, cerró su intervención destacando la continuidad del debate público sobre estas experiencias narradas.