En una entrevista en el programa Siempre Contigo, de La FM, la experta en bienestar Sofía Spaggiari explicó cómo aplicar la gratitud para sobrellevar enfermedades, crisis y momentos difíciles. Durante la conversación, señaló que esta práctica no busca ignorar el dolor, sino aprender a gestionarlo desde la aceptación, reduciendo la resistencia emocional y fortaleciendo la salud mental.
Spaggiari abordó una de las principales inquietudes de las personas: cómo enfrentar situaciones difíciles sin caer en la resignación.
Según explicó, aceptar no significa rendirse. Se trata de reconocer la realidad para dejar de desgastarse luchando contra lo que ya ocurrió y, a partir de ahí, tomar decisiones con mayor claridad.
En ese proceso, la gratitud aparece como una herramienta que permite cambiar la perspectiva. Aunque no elimina la dificultad, sí evita que esta se convierta en el único foco.
“Aceptar no es rendirse, es dejar de pelear con la realidad para poder actuar mejor”.
¿Cómo aplicar la gratitud en momentos difíciles?
La experta señaló que la gratitud no es una simple palabra, sino una práctica consciente.
Incluso en medio de una crisis, existen elementos que permanecen, como el apoyo de otras personas o aprendizajes que deja la experiencia.
Al enfocarse en esos aspectos, la carga emocional disminuye y se facilita una respuesta más equilibrada frente a lo que ocurre.
¿Cómo usar la gratitud frente a enfermedades o problemas de salud?
Uno de los temas más sensibles abordados fue el impacto de las enfermedades en la vida cotidiana.
Frente a esto, Spaggiari explicó que la gratitud no implica negar la realidad, sino evitar que la enfermedad defina completamente a la persona.
También destacó la importancia de reconocer lo que el cuerpo aún permite y valorar los recursos disponibles para enfrentar la situación.
Este enfoque ayuda a reducir la ansiedad y a mantener una visión más amplia de la vida, incluso en momentos complejos.
¿Por qué la gratitud ayuda en momentos de crisis emocional?
En contextos difíciles, la mente suele enfocarse en lo negativo, lo que puede intensificar emociones como el miedo o la frustración.
La práctica de la gratitud ayuda a equilibrar esa percepción, permitiendo incluir también lo que sí está funcionando.
Con el tiempo, este cambio de enfoque facilita la adaptación a los cambios y mejora la forma en que se enfrentan las dificultades.