La deserción universitaria continúa siendo uno de los principales desafíos del sistema educativo colombiano. Aunque cada año miles de jóvenes acceden a la educación superior con la expectativa de construir un proyecto de vida sólido, una parte significativa abandona sus estudios antes de avanzar en su formación profesional.
De acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en Colombia el 22 % de los estudiantes deserta durante el primer año universitario, en gran parte por no tener claridad sobre qué quieren estudiar. Esta cifra no solo revela dificultades académicas, sino también vacíos en los procesos de orientación vocacional y en el desarrollo de habilidades personales clave para la permanencia.

¿Por qué los estudiantes abandonan la universidad en el primer año?
Según la OCDE, uno de los factores determinantes es la falta de claridad vocacional. Muchos jóvenes toman decisiones presionados por el entorno familiar o social, o motivados por tendencias del mercado laboral, sin haber realizado un proceso profundo de autoconocimiento.
A esto se suma la dificultad para adaptarse a las exigencias académicas y personales de la educación superior. El paso del colegio a la universidad implica mayor autonomía, responsabilidad y capacidad de gestión del tiempo. Sin estas herramientas, el riesgo de abandono aumenta considerablemente.
¿Qué habilidades reducen el riesgo de deserción universitaria?
El informe citado señala que los jóvenes que desarrollan competencias como la autorregulación, la perseverancia y un mayor sentido de propósito tienen menores probabilidades de abandonar la universidad durante los primeros semestres. Incluso cuando enfrentan dificultades académicas o personales, estas habilidades funcionan como factores protectores.
En este contexto, la formación en habilidades socioemocionales adquiere un peso similar al de la preparación académica. Aprender a manejar la frustración, sostener el esfuerzo en el tiempo y asumir decisiones con autonomía se convierte en un elemento central para la permanencia estudiantil.
¿Cómo apoyar a los jóvenes en la decisión vocacional desde el colegio?
Para el padre Carlo D’Imporzano, presidente de la Corporación Euroamericana de Educación y fundador del Gimnasio Alessandro Volta, la educación no puede limitarse a la transmisión de contenidos. «Educar implica acompañar a los jóvenes en el proceso de descubrir quiénes son, qué desean y cómo quieren estar en el mundo», señala en el comunicado.
De la conversación con el directivo surgen cuatro claves fundamentales:
Primero, promover espacios experienciales que permitan a los estudiantes identificar intereses y habilidades mediante actividades prácticas, proyectos científicos y experiencias de campo.
Segundo, vincular el aprendizaje con la realidad, a través de visitas a facultades, iniciativas de orientación vocacional y proyectos aplicados que acerquen a los jóvenes a distintas opciones académicas y laborales.
Tercero, fortalecer habilidades para la vida como la gestión del tiempo, la tolerancia a la frustración y la perseverancia, mediante retos académicos y responsabilidades concretas.
Y cuarto, acompañar la toma de decisiones sin imponer elecciones, brindando tutorías y espacios de diálogo que permitan analizar alternativas y ajustar el camino cuando sea necesario.

¿Qué modelos educativos buscan prevenir la deserción?
Un ejemplo de este enfoque es el Gimnasio Alessandro Volta, colegio italiano en Bogotá que implementa el denominado «método Volta», basado en el aprendizaje desde la experiencia y en lo que denominan una «compañía al destino», es decir, un acompañamiento permanente en el proceso de orientación personal.
La institución, además, ofrece doble titulación colombiana e italiana, lo que amplía las posibilidades de acceso a programas de educación superior en el exterior y facilita la movilidad académica internacional.
Para D’Imporzano, acompañar a un joven en el momento de reconocer su vocación es determinante no solo para su ingreso a la universidad, sino para su proyecto de vida. El desafío, concluye, es formar estudiantes capaces de enfrentar sus dudas, asumir decisiones con serenidad y sostenerlas en el tiempo.