A los dos años, Yoneider Martínez Úsuga no era consciente de que solo existiría entre las preguntas. No sabía qué era un reencuentro ni podía imaginar las ansias con las que su mamá y su mamita lo buscarían por más de dos décadas. Hoy, cuando habla de ese tiempo, procura no separarse de las anécdotas, su manera de volver a estar.
La eternidad de veintitrés años se trasladó a la impaciencia de los minutos. "Hijo, yo no te abandoné", se escuchó entre susurros. Luz Esneida Úsuga abrazaba a un muchacho casi desconocido con el que soñaba desde los anhelos del perdón. Lo recordaba rubio y pequeño. El consuelo quedaba oprimido por la imagen detenida en el tiempo.
Yoneider ahora vive con su mamá en Antioquia. En 2002, cuando no había forma de criarlo, solo doña Gloria podía hacerse cargo. Un grupo armado reclutó forzosamente a Luz Esneida, así que, aunque intentó todo para cuidar a Yoneider, lo dejó en brazos de su propia madre a los tres meses. Luz es la mamá de Yoneider, Gloria es su mamita.

“Fue muy lindo”, cuenta Martínez sobre el abrazo de noviembre de 2025 con su mamá. Hace dos meses les separaban menos de cien kilómetros. Él estaba entre Belén de Bajirá, Chocó, y Carepa, Antioquia; su familia lo esperaba entre Medellín y Dabeiba. “Yo me encontraba cerca, a la vez cerca y a la vez lejos”, le narra a La FM.
El recorrido comenzó en la Comunidad de Paz Las Camelias, del Consejo Comunitario de la Cuenca del Río Curbaradó, en el municipio de Carmen de Darién, en Chocó. El objetivo era llegar sobre las diez de la mañana a Apartadó, en Antioquia. “Lo primero fue llanto, no fueron palabras”, sentencia Yoneider. “Me quedé abrazado con ella”.
Un día de 2002 Gloria quiso presentarle a Yoneider a su familia paterna. Pero las condiciones de seguridad de un conflicto armado que arreciaba sin paréntesis provocaron desplazamientos obligados y cambios abruptos. La familia materna perdió todo contacto con la paterna, y no lo retomó sino hasta el reencuentro.
“Antes de encontrarme con ellos, lo único que supe fue lo que siempre me decían mi mamita y mi papá”, que “por causa del conflicto armado” Luz y su pareja se separaron. “Nunca tuvieron contacto, ninguno, ni mi mamá con mi papá ni mi papá con mi mamá”, reseña Yoneider, y añade: “como si la tierra se los hubiese tragado a los dos”.
Interrogantes y anhelos sustentados en el ensueño
La principal contrición de Yoneider es no haber buscado a su mamá como luego aprendió que lo merecía. Luz convivió con los azares del belicismo involuntario y con la idea obstinada de que una reunión era improbable. Tanto, que cuando le contó parte de su historia a la prensa, agradeció simplemente conocer a su hijo.
“Para una madre es muy difícil perder un hijo. Es duro. Uno no sabe si vuelve, no vuelve, si uno tiene suerte de verlo. En estos momentos, gracias a Dios, pues... Diosito me dio la oportunidad de conocer a mi hijo”, afirmó Úsuga en un video que le autorizó difundir a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).
El año pasado la UBPD encontró a 274 personas con vida, como a Yoneider, de acuerdo con su balance oficial de diciembre. La entidad, creada tras el Acuerdo de Paz de 2016 y encargada de misiones extrajudiciales y humanitarias, ve la cifra como un logro insignia. El consolidado de personas con vida va por 464 desde su creación.
La meta en 2026, que la directora Luz Janeth Forero remarca con ilusión, es hallar a otras 1.200. “La experiencia nos ha mostrado que es posible, y seguiremos insistiendo, porque estamos seguros de que muchos de esos desaparecidos del conflicto”, que en total superan los 135 mil, “están con vida”, le dice a La FM.

Forero, una médica con especialización en Epidemiología y doctorado en Sociología Jurídica, ha pasado por alcaldías, el Instituto de Medicina Legal, el extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el Instituto Nacional de Salud y la Alcaldía de Bogotá. Tiene cerca de treinta años de experiencia en el Estado.
A partir de su trayectoria, no se atreve a desconfiar de la posibilidad de alcanzar objetivos pese al recorte de $1,7 mil millones en el presupuesto de funcionamiento de la Unidad. El Gobierno y el Congreso aprobaron, además, unos $76,27 mil millones para inversión, casi un 27% menos de lo solicitado.

El camino de regreso después de la guerra
“Los que hemos trabajado muchos años en lo público siempre decimos que hay que trabajar con lo que hay. Por eso hay que ser creativos, ser recursivos, hacer alianzas, hacer sinergias. Muchas veces, para lograr los resultados institucionales no necesitas tanto recurso, necesitas voluntad”, sostiene la directora.
En 2025, asimismo, la Unidad adelantó más de 2.800 prospecciones en sitios de interés forense, recuperó más de 1.800 cuerpos y entregó dignamente 222 personas. La entidad instaló sus primeros tres Centros Integrales de Abordaje Forense para trabajar con Medicina Legal, que identificó unos veinticuatro cuerpos recuperados.
Después de ver a Luz Esneida, Yoneider pagó deudas e invirtió cuatro días en acomodar su mundo. En menos de una semana se alojó con mamá. En una entrevista con La FM mientras su pareja y su hijo pasean, pone de presente su intención de transmitir la esperanza que él nunca perdió: “El tiempo de Dios es perfecto”.
La señora Gloria tampoco dilapidó su fe. Lideró junto a su madre el rastreo de su nieto y encontró complicidad en las Colibríes por la Verdad y la Vida, una red de mujeres buscadoras en el Sur de Urabá. Luz Esneida, reincorporada en la vida civil, y la mamita de Yoneider formalizaron su solicitud de búsqueda ante la UBPD hace cuatro años.
El escudriñamiento marchó hasta que Luisa Gutiérrez, funcionaria de la UBPD, encontró información clave en la Comunidad de Paz Las Camelias. Las bases de datos, las preguntas a pobladores y los aportes de la familia Martínez Úsuga aproximaron los esfuerzos humanitarios a un resultado tangible, una historia valiosa.

La Unidad cuenta con la Red de Apoyo Operativo para la Búsqueda, una estrategia que reúne a familias que recaudan información en sus territorios para recoger muestras biológicas, elaborar perfiles, caracterizar sitios de interés forense e incluso interactuar con actores armados para recoger datos que encaminen los procesos extrajudiciales.
Volver a encontrarse es una forma de resistir
“Hay un papel muy protagónico, muy articulado con las familias buscadoras, porque cuando ellas participan en la búsqueda, se convierte en un ejercicio reparador”, comenta la directora Forero. “Muchas” de las familias dicen “no importa que no encontremos al mío, pero estoy ayudando a encontrar a otros”.
El primer relato de personas encontradas con vida en 2026 en la Unidad de Búsqueda se remonta a Robinson Hernández Oliveros, un firmante de paz dedicado a cultivar café como forma de reincorporación. Buscaba a su hermano Jairo desde hacía veintiocho años en emisoras, iglesias o cualquier medio posible.
La última vez que los Hernández Oliveros estuvieron juntos compartieron una taza de café un domingo. Robinson empezó a buscar a los trece años, entre la desesperación por la disparidad de los relatos que inocentemente mentían sobre el paradero de Jairo: que estaba en veredas, que había muerto, que lo vieron por ahí.
Grupos armados expulsaron a Jairo de su tierra. La Unidad no revela qué estructuras para no avocar responsabilidades y no comprometer su trabajo —insiste— extrajudicial. Jairo, hijo de un líder comunitario, tenía veinte años. El desplazamiento forzoso provocó que convirtiera al Valle del Cauca en su hogar adoptivo.
El café tejió el reencuentro de los parientes. “Bendito Dios y el café”, expresó Robinson al lograr apapachar a su hermano. “Tener los dos gusto por el café y ser apasionados, eso lo lleva uno en la sangre”, manifestó. Si algo congrega a cientos de historias de restablecimientos de lazos luego de las marcas del conflicto, es el optimismo.
“Las familias hablan de que vuelven a nacer, por ejemplo”, indica la directora Luz Janeth Forero. “Hablan de que hoy por fin van a dormir tranquilas, después de veinte, treinta, cuarenta años de no haber conciliado el sueño por haber pensado en que su hijo, su hija, su esposo, su hermano, estaban sufriendo”, zanja.
Yoneider es una viva muestra. En 2022 se graduó de contador público. “Ahí no estuvo nadie”, y él quería que su mamá lo acompañara. Cazó un triunfo que describe como más grande y por el que su sonrisa ya no es tímida. “Las cosas no se dieron así, y mire, el año 2025 Dios me permitió conocerla, y este año, vivir con ella”.