La formación de estrellas en el universo permite que cientos de cuerpos celestes se generen alrededor de estas. Sin estos astros, sería imposible que existiéramos, por lo que son de gran relevancia para la formación de vida. Sin embargo, astrónomos creen haber presenciado el nacimiento de un agujero negro en la galaxia vecina (Andrómeda) al observar la forma en la que algunas estrellas colapsaron "silenciosamente" en este punto del universo.
Un equipo astrónomo de la Universidad de Columbia, dirigido por Kishalay De, descubrió que una de las estrellas más brillantes de la galaxia Andrómeda redujo su poder y desapareció de la vista en menos de una década. Se trata de M31-2014-DS1, que se encontraba a 2,5 millones de años luz de la Tierra y pesaba 13 veces la masa del sol que da luz al sistema planetario en el que vivimos (algo ligero para los estándares de formación que se tienen).
Según comentó a Space.com Kishalay, "observaciones como estas están empezando a cambiar finalmente este paradigma sostenido durante largo tiempo de que sólo las estrellas muy masivas se convierten en agujeros negros". Una consecuencia directa, piensa, es que hay muchos más agujeros negros de los que la ciencia creía.

Y es que antes de desaparecer del mapa trazado por los astrónomos, M31-2014-DS1 brillaba 100.000 veces más que nuestro sol. El equipo indicó que la estrella, para 2014, aumentó su brillo en luz infrarroja., posteriormente se atenuó para 2016 y, en 2023, su brillo desapareció, reduciéndose a una diezmilésima parte de su brillo original.
La científica entrevistada por el medio citado, aseguró que "recuerdo el momento en que apuntamos el telescopio hacia esa estrella, solo que la estrella no estaba allí". Otras observaciones adicionales del Telescopio Espacial Hubble confirmaron que, en efecto, este cuerpo celeste desapareció. "Fue entonces cuando lo entendía (...) las estrellas tan brillantes y tan masivas no desaparecen en la oscuridad por casualidad".
Una de las teorías predominantes en el campo de los agujeros negros, indica que estos se forman cuando las estrellas masivas agotan su combustible nuclear, lo que tiene como consecuencia una supernova explosiva que expulsa capas externas de la estrella al espacio, dejando una densa estrella de neutrones o un agujero negro. Pero en el caso de la estrella M31-2014-DS1, habría formado sin más un agujero negro; es decir, se 'saltó' la explosión.

"Hace diez años, si alguien decía que una estrella de 13 masas solares se convertiría en un agujero negro, nadie lo habría creído, era completamente fuera de lo que se consideraba normal", afirmó De a Space.com. Tanto la científica, como su equipo, considera que el núcleo de esta estrella colapsó y formó un agujero negro en horas; lo que hoy ven los astrónomos es el resplandor de luz infrarroja producido por el polvo y el gas rodeando al nuevo cuerpo en Andrómeda.
El anterior material se mueve a gran velocidad, lo que forma un disco giratorio que alimenta al agujero negro. Se espera que durante las próximas décadas la señal infrarroja desaparezca, así como lo hizo la estrella a la que perteneció.
Sus restos deberían ser visibles para el telescopio espacial James Webb. De, además, indicó que era imposible adquirir imágenes con la actual tecnología humana, dado que el agujero negro era muy pequeño para la distancia entre ambos puntos del espacio. Según datos de este telescopio, indica que el agujero negro se encuentra rodeado por el material exterior de la estrella. Este descubrimiento permitió a los astrónomos señalar una nueva manera de estudiar la desaparición de estrellas: mediante erupciones infrarrojas, como señales de alerta de que una estrella está a punto de colapsar. "Esto es básicamente lo más cerca que podemos estar de ver la muerte de una estrella masiva", concluyó la científica.