Lo que parecía un rumor terminó convirtiéndose en una denuncia explosiva. La concejal de Medellín, Claudia Carrasquilla, reveló que la fiesta organizada por cabecillas criminales en la cárcel de Itagüí no solo incluyó licor y música en vivo, sino que habría costado cerca de 500 millones de pesos.
Según explicó, el dinero se habría distribuido así: 100 millones de pesos para la presentación del cantante vallenato Nelson Velásquez, 50 millones para el también artista Luis Posada, y el resto en comida y bebidas alcohólicas que, de acuerdo con la denuncia, ingresaron sin mayores controles.
Pero lo más llamativo no es sólo el monto, sino la forma en que se habría conseguido. Carrasquilla aseguró que los recursos salieron de una “vaca” entre reconocidos cabecillas como alias Douglas y alias Carlos Pesebre, quienes permanecen recluidos en ese centro penitenciario. La celebración, agregó, se habría extendido desde las 9 de la mañana hasta las 4 de la tarde, en un ambiente que dista mucho de lo que se espera de un pabellón de alta seguridad.
La denuncia generó una reacción inmediata del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, que confirmó que el evento nunca fue autorizado por ninguna instancia oficial. Ni el Gobierno Nacional ni el Ministerio de Justicia tenían conocimiento de lo ocurrido dentro del penal.
El escándalo ya deja consecuencias. El Inpec ordenó el cambio inmediato del director de la cárcel de Itagüí, el traslado del comandante de vigilancia y la apertura de investigaciones contra siete funcionarios que estaban de turno el día de la parranda. Además, se dispuso la intervención de grupos especiales en el pabellón de máxima seguridad para esclarecer lo sucedido.
Las imágenes y testimonios que rodean este caso han encendido el debate sobre el control real dentro de las cárceles del país. “¿Rumba desde la mañana con Nelson Velásquez? En este país ya nada sorprende… pero sí indigna”, cuestionó la concejal, quien también puso sobre la mesa una pregunta de fondo: quién tiene realmente el control al interior de estos centros de reclusión.
Por: Horacio Correa Carrasquilla