La captura de Nicolás Maduro por parte del Gobierno de Estados Unidos sigue sacando a la luz el entramado de corrupción que se gestó, durante décadas, bajo su visto bueno y el apoyo de hombres de confianza del ejército de ese país.
Una serie de hechos de corrupción que permitieron que grupos armados al margen de la ley, incluso los colombianos, expandieran sus células delictivas en la zona de frontera entre Colombia y Venezuela, gozando de protección para sus crímenes.
Dicha consolidación en territorio venezolano permitió que las disidencias de las Farc y el ELN, especialmente este último, tejieran nuevas relaciones delictivas con grupos terroristas en Medio Oriente y en otras países de América, donde el narcotráfico se convirtió en la principal acción económica ilegal para sostenerse y mantener a flote esas relaciones criminales.
De Colombia a Dubái, Catar, Irán e Irak
LA FM conoció en exclusiva un nuevo informe de agencias de inteligencia americanas que revela cómo grupos armados que operan en Dubái e Irán, tienen vínculos con el ELN en Venezuela y Colombia, y cómo los guerrilleros colombianos estarían usando campamentos ubicados en La Guajira para entrenar a los criminales internacionales.
Además, detalla cómo en la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina se ha visto una renovada actividad por parte de células de apoyo vinculadas a Hezbolá.
Durante los últimos dos años, los investigadores americanos han seguido de cerca la evolución de una red multinivel que combina el crimen organizado, el apoyo estatal encubierto, el lavado de dinero y la financiación de organizaciones terroristas. Su centro de gravedad se encuentra en Dubái, donde residen al menos cuatro individuos de alto perfil, todos con antecedentes en el tráfico internacional de drogas y vínculos documentados con clanes criminales en Sudamérica y Oriente Medio.
Si bien mantienen una residencia estable en los Emiratos Árabes Unidos, su frecuente movilidad entre Dubái, Doha (Catar) y Teherán (Irán), revela un patrón de circulación característico de redes que se benefician de la protección diplomática, el blindaje financiero y la coordinación estratégica
Estos criminales, según el informe, operan a través de empresas fachada en Catar, registradas formalmente como contratistas de infraestructura en el sector energético, servicios de perforación y transporte industrial, pero que en la práctica funcionan como instrumentos para blanquear las ganancias del narcotráfico colombiano y venezolano.
Los fondos se triangulan a través de Doha, se disfrazan mediante contratos inflados o importaciones de materiales, y luego se redirigen a cuentas administradas por estructuras vinculadas a Hezbolá en el Líbano o entidades financieras afiliadas al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Irán.
Una parte de estos recursos blanqueados se reasigna a zonas de conflicto, donde sustentan las capacidades operativas de las fuerzas aliadas de Irán en Gaza, Líbano, Siria, Yemen e Irak.
La influencia de América
Este informe de inteligencia también se basa en el hemisferio occidental, donde el régimen venezolano y su brazo criminal, conocido como el Cártel de los Soles, brindan protección y logística para la exportación de cocaína, armas, oro ilegal y combustible al Caribe, África y Europa.
Esta red está directamente implicada en proteger a los operativos de Hezbolá en suelo venezolano, particularmente en áreas como Guárico, Apure y Caracas, pero también en Colombia.
Específicamente en la zona fronteriza de La Guajira, donde se han identificado células involucradas en actividades de reclutamiento, contrabando y entrenamiento básico.
La Guajira, según este informe, dada su posición natural entre el noreste de Colombia y el oeste de Venezuela, sirve como centro de tránsito para emisarios libaneses y como base para el movimiento de bienes ilícitos.
"Esta región sufre de ausencia institucional y altos niveles de informalidad, lo que facilita la infiltración de estructuras financieras, religiosas y criminales. Fuentes de inteligencia informan que en Maicao y Paraguaipoa, células pasivas con vínculos familiares o comerciales con operativos de Hezbolá, con sede en Líbano o Venezuela, están brindando apoyo logístico y operaciones de influencia de bajo perfil, y están entrenando a estos criminales de redes transacionales", se lee en el documento en poder de LA FM.
Además, la zona de la triple frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina ha visto una renovada actividad por parte de células de apoyo vinculadas a Hezbolá.
Tradicionalmente, un refugio seguro para las comunidades chiítas libanesas, la región alrededor de Ciudad del Este, Foz de Iguazú y Puerto Iguazú ha funcionado como un centro de recaudación de fondos, lavado de dinero, adoctrinamiento y refugio temporal para operativos clandestinos.
Algunas de estas entidades disfrazan sus operaciones a través de centros culturales islámicos o negocios de importación y exportación, muchos de los cuales tienen vínculos históricos con la financiación del terrorismo y la subversión política.
El corredor logístico entre esta zona de la triple frontera y Venezuela, y desde Venezuela hasta Oriente Medio, forma parte de una ruta transatlántica no convencional, sostenida por una infraestructura establecida para lavar dinero, facilitar el movimiento y ocultar a personas de alto valor.
La circulación documentada de personas desde el Líbano y Siria a través de Caracas, con paradas en Maicao, Foz de Iguazú o Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), coincide con los patrones observados en operaciones por intermediarios con objetivos asimétricos.
ELN, disidencias y el entrenamiento de terroristas
Mientras tanto, grupos armados colombianos como el ELN, la facción disidente liderada por Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia están profundamente arraigados en este sistema criminal transnacional.
Estos grupos controlan los corredores de producción de coca y oro, reciben pagos en criptomonedas, armamento o logística, y proporcionan paso a través de rutas no oficiales.
Informes específicos indican que unidades del ELN han recibido entrenamiento con drones, herramientas de comunicación cifradas y acceso a infraestructura de contrabando, posiblemente facilitado por vínculos indirectos con operativos de Hezbolá en Venezuela.
En conjunto, "la residencia estable en Dubái, las operaciones financieras en Catar, la coordinación ideológica y logística con Teherán, la protección territorial de Venezuela y la presencia de células de apoyo en La Guajira y la zona de la triple frontera, conforman una amenaza híbrida transcontinental", dice el informe.
Para los investigadores, esta red supera el modelo clásico del crimen organizado: "opera como una arquitectura criminal-ideológica internacional, capaz de financiar conflictos armados, manipular las economías regionales y evadir los mecanismos tradicionales de inteligencia y judiciales".
En consecuencia, la agencia de inteligencia recomienda "encarecidamente continuar con el monitoreo de alta prioridad de los flujos migratorios y financieros entre Dubái, Doha, Teherán, Caracas, Bogotá, Ciudad del Este y Maicao, así como reforzar la cooperación técnica con los socios hemisféricos para evitar que esta red consolide la capacidad operativa para escalar a acciones cinéticas directas contra intereses aliados".