El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta la mayor crisis de su mandato tras una ola de renuncias en su círculo más cercano y crecientes presiones dentro del Partido Laborista para que abandone el cargo, luego de las repercusiones políticas provocadas por la publicación de los archivos vinculados a Jeffrey Epstein.
La crisis se intensificó el lunes, cuando Starmer intentó contener el descontento durante una reunión a puerta cerrada con parlamentarios laboristas. Ante una sala llena, el jefe de Gobierno llamó a la unidad del partido y defendió su permanencia en el poder.
“Después de haber luchado tan duro por la oportunidad de cambiar nuestro país, no estoy dispuesto a abandonar mi mandato ni a hundirnos en el caos”, afirmó, según informó la agencia PA Media. Además, aseguró que había “ganado todas las peleas” en las que había participado.
Sin embargo, sus palabras no lograron disipar el malestar interno. Ese mismo día, Tim Allan, director de comunicaciones de Downing Street, presentó su renuncia. Su salida se produjo menos de 24 horas después de la dimisión de Morgan McSweeney, jefe de gabinete y principal asesor del primer ministro.
McSweeney abandonó el cargo tras asumir responsabilidad por haber recomendado el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Estados Unidos, pese a su conocida relación con Jeffrey Epstein. Mandelson, veterano dirigente laborista, mantenía vínculos con el financista incluso después de su condena en 2008 por delitos sexuales.
Revuelta interna dentro del partido
Las renuncias consecutivas reforzaron la percepción de que el escándalo es incontrolable y amenaza con poner fin anticipado al mandato de Starmer, apenas 19 meses después de que el Partido Laborista obtuviera una histórica victoria electoral.
La presión interna aumentó cuando Anas Sarwar, líder del Partido Laborista Escocés, pidió públicamente la dimisión del primer ministro, convirtiéndose en la primera figura relevante del partido en hacerlo.
“Hay que acabar con la distracción. El liderazgo en Downing Street tiene que cambiar”, declaró Sarwar. Reconoció que su decisión le generó “dolor personal”, pero sostuvo que era necesaria antes de las elecciones locales de mayo, consideradas un termómetro clave para el futuro del Gobierno.
Desde su llegada al poder en 2024, Starmer ha enfrentado un rápido deterioro de su popularidad. Aunque prometió una “década de renovación nacional”, una serie de errores políticos y crisis internas han llevado sus niveles de aprobación a mínimos históricos.
Este desgaste ha beneficiado al partido populista Reform UK, que lidera las encuestas desde hace más de un año, capitalizando el descontento ciudadano.
El doloroso error de haber nombrado a Mandelson
El epicentro de la crisis es el nombramiento de Mandelson como embajador en Washington. Las recientes revelaciones, tras la publicación de millones de documentos por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, sugieren que Mandelson habría mantenido vínculos estrechos con Epstein y, presuntamente, compartido información confidencial cuando era ministro en 2009.
Tras estas revelaciones, Starmer destituyó a Mandelson en septiembre. Posteriormente, la policía británica abrió una investigación por presunta mala praxis en cargos públicos y registró propiedades vinculadas al exfuncionario.
Los partidos de oposición, así como sectores del propio Partido Laborista, han exigido ahora la publicación de los documentos relacionados con su nombramiento diplomático.
En un comunicado reciente, McSweeney admitió que el nombramiento fue “una decisión errónea” que dañó “al partido, al país y a la confianza en la política”, aunque reiteró su respaldo personal a Starmer.
El primer ministro, por su parte, afirmó que Mandelson había mentido sobre su relación con Epstein y calificó las revelaciones como “más que exasperantes”. En un discurso ante su equipo, describió su conducta como “vergonzosa” e incompatible con el servicio público.
La salida de Tim Allan profundizó aún más la crisis. En un breve mensaje, el exdirector de comunicaciones explicó que se apartaba para facilitar la formación de un nuevo equipo en Downing Street.
“He decidido retirarme para permitir la conformación de un nuevo equipo. Le deseo éxito al primer ministro”, señaló.
Respaldo de su gabinete
Pese a las dificultades, varios miembros del gabinete salieron públicamente en defensa de Starmer. El viceprimer ministro, David Lammy, recordó que el mandatario recibió un mandato de cinco años para ejecutar el programa laborista, mientras que la canciller Yvette Cooper subrayó la importancia de su liderazgo en el contexto internacional.
No obstante, la postura de Sarwar podría alentar nuevas rebeliones internas. El líder laborista escocés confirmó que habló previamente con Starmer, pero reconoció profundas diferencias.
“Ha habido demasiados errores. Prometieron ser diferentes, pero han sucedido demasiadas cosas”, afirmó. “Ha habido logros, sí, pero nadie los escucha porque están ahogados por los escándalos. Por eso no puede continuar”.