Hospitalización
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29 Oct 2019 05:50 PM

El drama de las víctimas de ‘carros fantasma’ 

Una discapacidad de por vida y la impotencia de no saber quién es el responsable de su accidente, son unas de las consecuencias.
Liliana Pinzón
Liliana
Pinzón Garzón
@lilipinzong

Los vehículos fantasma - aquellos autos cuyos conductores causan accidentes y desaparecen sin dejar rastro ni asumir responsabilidad alguna-  en Colombia no son un tema extraño ni que sorprenda a las autoridades. Por el contrario, se han convertido en el pan de cada día, pues, según datos de la  Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres), las reclamaciones bajo situaciones en que los automóviles causan tragedias y sus conductores huyen van en pleno aumento.

El consolidado de 2018 arrojó que en el país 186.000 personas fueron víctimas de vehículos fantasma (entre carros y motos), una cifra disparada al compararla con 2017 cuando se reportaron 99.000 afectados por vehículos que, tras embestirlos, se dieron a la fuga

Estas cifras no disminuyen en 2019 pues, según informó la Adres, en la actualidad se registran casi 500 casos de carros fantasma, por día.

Pero más allá de los gastos económicos que representa para las aseguradoras y entidades encargadas de responder en este tipo de accidentes, hay un drama detrás de cada uno de estos. Unas vidas que se pierden y otras que quedan marcadas para siempre. 

Es el caso de Franklin Capera, un destacado camarógrafo de televisión a quien el 18 de octubre de 2017 la vida cambió por completo, y para siempre, después de que se viera involucrado en un accidente de tránsito donde no solo uno, sino los dos conductores responsables de su tragedia se dieron a la huida. 

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Franklin recuerda con claridad y nostalgia cómo ese día de agosto se levantó de madrugada y realizó su rutina diaria para irse a trabajar. Un beso a su esposa y la bendición a sus dos hijos fue lo último que hizo hacia las 4:40 de la madrugada, antes de tomar su motocicleta y dirigiste en un largo recorrido desde Soacha hasta su lugar de trabajo, en la capital.

Comenzó su trayecto diario y a medida que el día aclaraba lentamente, el tráfico de la ciudad comenzaba a cambiar el genio de los conductores y transeúntes; un estrés que experimenta más de la mitad de los colombianos en su afán de enfrentarse valientemente al tráfico en las horas pico de la capital, para llegar a tiempo a su lugar de trabajo.

Pero a las 5:17 de la mañana, cuando pasaba frente al Centro Comercial Centro Mayor, en la Autopista Sur, se vio enfrentado a lo que llama la situación más aterradora y difícil de su vida. Arrollado en medio de dos vehículos ante la mirada atónita de conductores, pasajeros y transeúntes, mientras luchaba para no ser impactado por otro vehículo más que le quitara por completo la vida.

Franklin Capera
Cortesía Franklin Capera

Duro accidente 

“Recuerdo que paré en un semáforo donde había muchos carros y motos, luego todos arrancamos y es cuando un bus que iba a mi derecha me choca el manubrio de la moto y me hace perder el equilibrio”, relata Franklin.

Explica que cuando el bus le tocó bruscamente la moto, él perdió el equilibrio y cayó en el carril de su lado izquierdo, donde en ese preciso momento pasaba una tractomula, con la suerte desafortunada de caer debajo de ella.

“Al caer quedé con medio cuerpo debajo de una tractomula que, con las llantas de atrás, me  pasó sobre las dos piernas”. En medio del terrible accidente, de la angustia y el dolor, Franklin, como pudo, se arrastró hacia un costado y, mientras tanto, vio cómo el bus siguió su camino. “El bus sólo paró 10 segundos y luego arrancó. La tractomula nunca se detuvo”.

Pese a que los responsables de su accidente se dieron a la fuga, a él lo comenzaron a rodear motociclistas que trataron de brindarle primeros auxilios mientras llegaba una ambulancia. El hombre recuerda que al lugar se acercó una moto de policía privada, sin embargo, los dos agentes solo miraron lo que había pasado y siguieron su camino. Según Franklin, ellos no se quedaron porque no se veía la magnitud de sus heridas. “Yo llevaba un pantalón oscuro y por eso no se veía tanta sangre saliendo de mi cuerpo, igual la mayor afectación era interna”, asegura.

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Pasaron los minutos y se acercó al lugar de los hechos el cuadrante de Policía que llamó de manera urgente una ambulancia la cual llegó, según Franklin, a los 38 minutos. En ese momento ya había llegado su esposa al sitio, había pasado cerca de una hora del accidente, los paramédicos lo subieron a la ambulancia y lo trasladaron hacia la clínica. Sin embargo, resalta que la Policía de Tránsito nunca llegó al lugar.

El hombre asegura que todo el tiempo estuvo consiente pese al insoportable dolor físico y la gran cantidad de sangre que había perdido durante una hora. “Recuerdo que dijeron en la ambulancia que había perdido mucha sangre y hablaban entre ellos, pero no me decían nada”. 

A los 20 minutos llegaron al hospital y, una vez allí, la fuerza de Franklin se agotó. “Caí en coma. Todo lo que pasó después fue mientras yo estaba inconsciente”.

Momento del accidente

“Cuando me desperté ya no tenía mi pierna” 

Pasaron seis días en los que los médicos lucharon por salvar la vida de este camarógrafo. Sus dos piernas estaban bastante comprometidas, especialmente la izquierda. 

Por eso, en un intento por salvar las piernas de Franklin los médicos tomaron partes de la rodilla de la pierna derecha –que había sido fracturada en dos partes- para reconstruir la izquierda, pero esta estaba muy afectada y no fue posible salvarla, por lo que los especialistas iniciaron una lucha para conservar, de la rodilla para arriba, esta extremidad. El resultado no fue alentador.

Después de seis días en coma, Franklin recuperó la conciencia y despertó, dándose cuenta que no tenía una de sus piernas. “Aunque trataron de salvarme la mitad de la pierna no se pudo porque el impacto afectó toda la extremidad, así que me tuvieron que quitar la pierna, desde la cintura. Solo tengo 10 centímetros de esa”, explicó. 

En medio de agonía

El camarógrafo, de 47 años, aseguró que recibió esta impactante noticia “en medio de una agonía”. Cuenta que “me desperté en muy mal estado y así duré tres días más. No sabía si estaba soñando y viviendo una realidad.

Agrega que “para mí, yo les hablaba con claridad a los médicos y a mis familiares, pero ellos me cuentan que no se me entendía nada. También recuerdo que todo lo veía distorsionado, como en un sueño. Por momentos me iba y volvía. El dolor era tan insoportable que me tenían que sedar con morfina”. 

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Luego de tres días Franklin recobró mayor lucidez en su estado. “Me fui estabilizando y pude reconocerme y entender qué era lo que me había pasado. Pero fue devastador.  Sentí que se me acabó la vida”.

Pasaron 15 días y, tras estar estable, los médicos le dieron de alta. Sin embargo, aún le esperaba una larga recuperación en casa.

Franklin Capera
Cortesía Franklin Capera

“Dolor del alma”

“Salgo con todas las restricciones del mundo. Además del intenso dolor físico, tenía dolor en el alma, un dolor que con nada quitaba, y nunca quitará”, relata con nostalgia Franklin.

En medio de su recuperación tuvo que someterse un buen tiempo a recibir morfina, algo que no le gustaba porque “me ponía a actuar como un loco”, pero era lo único que le calmaba el dolor.

Después tuvo que ingresar cuatro veces más al quirófano para lograr recuperar por completo la pierna derecha. Además de asistir a más de 200 terapias para darle movimiento. 

Posteriormente ingresó a tratamiento psicológico y psiquiátrico “para aprender a asumir la situación, entenderla, aceptarla  y comenzar a adaptarme a la nueva vida. Es un desgaste demasiado grande. Estos me arruinaron la vida”. 

Drama económico

Los gastos económicos de su accidente, por no tener un responsable identificado, solo fueron asumidos, una parte, por el Soat de su moto.

“En el momento que ingreso al hospital mi esposa hace todos los trámites del Soat de mi moto, con un cupo de 19 millones de pesos. Tan pronto se consume ese gasto, pasa a la EPS”, dijo el camarógrafo.

Asegura que en 15 días de hospitalización la cuenta iba casi en los 44 millones de pesos, una cifra que posteriormente aumentó con las cuatro cirugías y las más de 200 terapias que lleva a lo largo de estos dos años. Esto ya pasó los 80 millones de pesos, dice.

Pero eso no es todo, pues se han presentado otros gastos que él y su familia tuvieron que asumir, como son los transportes para “asistir a las terapias, a los juzgados, implementos para curaciones, entre otras pequeñas cosa que siguen sumando y deberían ser asumidas por quien me causó esta situación”.

Estos gastos impactaban con mayor fuerza en la familia Capera, pues aunque fue asumido por la EPS y el Fondo de pensiones, su salario disminuyó considerablemente

“Yo, por mis 20 años de experiencia, ya tenía una posición salarial, pero nada de eso sirvió en mi incapacidad, mi sueldo se redujo a un salario mínimo. La EPS me pagó un salario mínimo durante seis meses y luego lo cubrió durante un año el fondo de pensiones. Con este ingreso, yo sin poder trabajar y con tantos gastos, por momentos no dábamos abasto”, contó Franklin.

Cabe aclarar que el Fondo de Solidaridad Nacional, aunque se encarga de asumir estos casos, no responde en cuanto a incapacidades e indemnizaciones, por lo que la reparación por la pérdida de su extremidad, estaría completamente desamparada.

Franklin Capera
Cortesía Franklin Capera

Búsqueda de justicia: otro drama 

Franklin dice que el tema legal para buscar justicia en su caso ha sido “toda una odisea. No sé qué es peor, si aceptar que nunca aparecerá el responsable de mi desgracia o estar cada mes en la Fiscalía buscando avances y respuestas que nunca encuentro”.

Cuenta que a los dos días del accidente su esposa puso la denuncia en Fiscalía, aportó un video sobre el momento del accidente, pese a que, “como aún no había aclarado bien, es poco visible y no es mucho lo que aporta”.

Sin embargo el camarógrafo dice que “si este material es analizado por un perito experto, se puede, por lo menos, identificar la empresa a la que pertenece el bus que me hizo caer y así podríamos avanzar en la búsqueda de uno de los responsables”. 

Pero en este proceso legal, Franklin manifiesta que el tema avanza a paso muy lento. “Yo lo llamo otra tragedia. Nos han cambiado y nos tienen de fiscal en fiscal. Actualmente el proceso lo tiene la Fiscalía 149. A esa fiscal le llevé la solicitud de mandar analizar la foto y el video por un perito, pero hasta la fecha no me han dicho nada”.

El hombre cuenta que después de año y medio en el que iba cada mes a ver en qué iba su proceso, ha comenzado a dejar un poco más de tiempo por el gasto físico, económico y emocional que esto representa para él, su esposa -con quien lleva 15 años de relación- y sus dos hijos.

“Era muy duro ir y revivir allá mi tragedia, además de la dificultad para transportarme y el gasto sin obtener resultados o avances, entonces decidí no ir tan seguido y comunicarme vía telefónica. En la última llamada me dijeron que ya hay un peritaje pero se desconoce el resultado”, cuenta. 

Franklin Capera
Cortesía Franklin Capera

Regreso al trabajo 

Tras año y medio de recuperación Franklin tuvo el visto bueno de los médicos para reintegrarse a sus labores, algo que resultó no ser tan sencillo. 

Lleva cuatro meses de haber regresado a su trabajo en el cual, reconoce, su desempeño no pudo volver a ser el mismo. “Ya no puedo hacer lo mismo que antes como desplazarme ágilmente con la cámara al hombro, por eso decidieron ubicarme en estudio, donde el trabajo es más pasivo”, asegura.

Este destacado camarógrafo cuenta que pese a que agradece el poder haber regresado a seguirse desempeñando en su pasión, su nueva condición hace que se le dificulte todo.

“Las secuelas fueron de por vida y en mi parte laboral también son evidentes. El traslado en Transmilenio, desde Soacha hasta mi trabajo, no es nada cómodo. Además de la complicación con la cámara por falta de mi pierna”, expresó.

Su vida podría comenzar a ser un poco menos difícil gracias a que recientemente recibió una prótesis, sin embargo Franklin manifiesta que se trata de una prótesis genérica que no se adapta a su cuerpo.

“Con mucha dificultad hace unos meses la EPS me dio una prótesis genérica y lo agradezco porque me ha ayudado a independizarme un poco y aliviar a mi familia, pero desafortunadamente no es adecuada para mi cuerpo, ni para mi trabajo, ni para el desplazamiento diario en el que debo caminar largas distancias”, dice Franklin quien además aseguró que este  tema tiene que ver con costos.

Asegura que la prótesis que le dieron tiene un valor de cinco o seis millones de pesos, mientras que la que le formularon de acuerdo a sus necesidades cuesta cerca de $30 millones.

Actualmente ha tenido dos juntas médicas (una regional) donde por medio de un derecho de petición le solicitó a la EPS que le suministre la prótesis con las especificaciones que le indicaron para poder trabajar mejor.

“Dicen que no me la pueden dar porque ya me asignaron una y tendrá que pasar no sé cuántos años para que se den cuenta que realmente la necesito”, lamentó, al tiempo que agregó que esto “me afectó totalmente por no tratarse de un accidente laboral”.

Dice tener la esperanza que algún empresario le ayude a conseguir la prótesis que necesita para poder seguir trabajando en lo que le apasiona.

Pese a toda esta tragedia, el hombre manifiesta que agradece no haber perdido la vida, que “en medio del dolor nos hemos adaptado a esta realidad, aunque siempre mantengo a flor de piel ese día en que se dobló mi vida totalmente”.

Por último, Franklin expresa que no ha podido sanar su corazón hacia los responsables de su tragedia, y aunque dice que no les desea lo mismo, se pregunta “¿cómo han podido conciliar el sueño durante este tiempo mientras yo he vivido esta tragedia?”

Me acabaron para siempre. Tal vez si hubieran frenado para auxiliarme, mi vida no estaría tan complicada, tal vez se habría salvado mi pierna y mi vida no estaría tan afectada, porque el tiempo que perdí en el suelo, fue vital”.

Fuente
Sistema Integrado Digital