Los médicos del Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (COLGAHNP) y los padres de familia prendieron las alarmas por por los retrasos en la entrega de alimentos para menores diagnosticados con Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca (APLV).
Según los especialistas esta es una condición inmunológica severa que puede desencadenar desde síntomas digestivos y respiratorios hasta crisis de anafilaxia potencialmente mortales, por lo que estos alimentos con propósitos médicos especiales (APME), son indispensables para su supervivencia, crecimiento y desarrollo.
“Cada semana recibimos reportes de bebés que llevan más de 20 o 30 días sin recibir su nutrición especializada. Esto no es un retraso menor, es un riesgo vital”, advierte el doctor Juan Pablo Riveros, miembro de la Junta Directiva del Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (COLGAHNP).
Retrasos en el crecimiento
El especialista explica que la interrupción del tratamiento puede provocar retrasos en el crecimiento, bajo peso, afectaciones en el desarrollo cognitivo e incluso desenlaces fatales.
“Estamos teniendo alteraciones o dificultades en la oportunidad de las autorizaciones de los documentos que el Estado denomina como MIPRES porque se ha visto que esa falta de oportunidad es casi el 34%, casi en un 25% estamos viendo falta de oportunidad en la entrega de todo el producto que requiere ese niño para su manejo nutricional o incluso entregas incompletas”, dijo.
De acuerdo con un análisis basado en información de la Superintendencia Nacional de Salud, entre julio de 2024 y junio de 2025 se registraron al menos 1.120 quejas relacionadas con barreras en el acceso al tratamiento nutricional para niños con APLV. Las principales fallas corresponden a la negación o demora en la autorización y entrega de las fórmulas especializadas, lo que evidencia una vulneración sistemática del derecho fundamental a la salud.
“Cada semana recibimos reportes de bebés que llevan más de 20 o 30 días sin recibir su nutrición especializada. Esto no es un retraso menor, es un riesgo vital”, advierte el doctor Juan Pablo Riveros, miembro de la Junta Directiva del Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (COLGAHNP). El especialista explica que la interrupción del tratamiento puede provocar retrasos en el crecimiento, bajo peso, afectaciones en el desarrollo cognitivo e incluso desenlaces fatales.
“Hemos visto niños que por decir necesitan 8 o 10 latas al mes y entonces resulta que les entregan únicamente 4 o 5 o eso tiene un impacto desde el punto de vista de salud porque es tal vez en muchos casos el único alimento que recibe ese niño y entonces pues ya se podrá imaginar que pasa si no lo recibe el alimento por lo que tiene un impacto desde el punto de vista nutricional de crecimiento de adecuada maduración de su sistema digestivo y de otras implicaciones desde el punto de vista de deficiencias de macro y de micronutrientes”, subrayó.
El sufrimiento de las mamás
Detrás de las cifras hay historias que reflejan el impacto real de esta crisis. Ana María Hernández, madre de Haaland, un niño de un año y ocho meses, relata que su hijo lleva más de tres meses sin recibir nutrición médica especializada, pese a tutelas y desacatos judiciales.
“Ha estado en UCI por recaídas respiratorias, cólicos e insomnio. Su crecimiento se ha estancado por completo”, cuenta.
Una situación similar vive Saray Pedrozo, madre de una niña de tres años con traqueostomía y gastrostomía.
“Mi hija tiene desnutrición severa y retraso en el desarrollo. Sólo después de insistir ante la Superintendencia nos han hecho entregas parciales”, asegura.
Para Yaneth Sierra, madre de Ángel Matías, un niño de cinco años con síndrome de TARP, la espera ya supera los ocho meses sin entregas.
“Hemos tenido que darle agua de manzana. He puesto tutelas y derechos de petición, pero nadie responde”, afirma con angustia.
Afirmó que desde hace un año la entidad no me entrega el alimento.
“Mi niño ha tenido que recurrir a donaciones, pero en este momento me encuentro preocupada porque no tengo alimento para el niño. He ido a la entidad, a la EPS, y me dicen que en el momento no tienen farmacia para entregar el alimento”, relató.
Una condición que no admite reemplazos
Según los especialistas la APLV es la alergia alimentaria más frecuente en la primera infancia y suele confundirse con la intolerancia a la lactosa. Sin embargo, a diferencia de esta última, la APLV activa una respuesta inmunológica que puede poner en riesgo la vida del menor.
Apuntan que su manejo requiere fórmulas especializadas hidrolizadas o de aminoácidos libres, las cuales no son opcionales ni sustituibles.
“La alergia a la proteína de la leche de vaca requiere diagnóstico y manejo especializado. Negar o retrasar los APME es exponer a los niños a complicaciones graves que pueden prevenirse”, señala la médica Ailim Carías, presidenta de COLGAHNP.
Sistema de salud
La falta de acceso oportuno al tratamiento nutricional no solo afecta a las familias, sino que incrementa los costos del sistema de salud, debido al aumento de hospitalizaciones, consultas repetidas y uso de medicamentos.
“Estudios internacionales estiman que las alergias alimentarias generan costos multimillonarios, tanto para los sistemas de salud como para los hogares, por hospitalizaciones, urgencias y pérdida de productividad”, sostuvo.
Última opción
Ante la falta de respuestas, muchas familias se ven obligadas a recurrir a acciones de tutela como único mecanismo para garantizar la vida y la salud de sus hijos. Aunque es un proceso desgastante, sigue siendo una herramienta clave para exigir el cumplimiento de un derecho fundamental.
“Les hemos puesto tutela a las EPS pero no las cumplen y seguimos en las mismas sin tener como poder comprar esta leche especializada”, puntualizó Yaneth Sierra, madre del menor.