El mercado del lujo está cambiando. Aunque durante décadas el crecimiento estuvo impulsado por productos como bolsos, relojes, joyería o ropa de diseñador, hoy los consumidores parecen estar priorizando algo distinto: las experiencias y la sostenibilidad.
Expertos del sector como Nathalie Wouters, Senior Partner de Bain & Company, aseguran que, tras la pandemia, el gasto en experiencias como viajes, hotelería y gastronomía ha tomado más fuerza que la compra de bienes físicos. La tendencia se consolidó después del Covid19 y todo apunta a que seguirá creciendo, especialmente entre las nuevas generaciones que valoran más las emociones que la posesión de cosas.
Los artículos personales de lujo como calzado, maquillaje, relojes, gafas o artículos de cuero, mantuvieron entre 1996 y 2019 un crecimiento estable cercano al 6% anual. Sin embargo, en 2020, con la pandemia, el mercado se desplomó un 22%.
Después llegó una recuperación acelerada en 2021 con una clara gráfica en forma de “V”, impulsada por las ansias de volver a “vivir”.

Regresaron los viajes, las salidas y el compartir. Pero desde 2023 el mercado comenzó a estabilizarse y entre 2024 y 2025 volvió a desacelerarse.
En otras palabras, el lujo pasó de años de expansión constante, a una caída histórica por la pandemia; luego a un rebote explosivo y ahora a una nueva etapa de enfriamiento.
Consumo de experiencias
Cada vez más personas están priorizando experiencias sobre la compra de productos físicos. Viajes exclusivos, gastronomía de autor, conciertos, spa, hoteles boutique, festivales culturales están ganando terreno porque ofrecen algo que los objetos no siempre logran: recuerdos, emociones y conexión personal. Para las nuevas generaciones, especialmente los millennials y la Generación Z, el lujo ya no consiste únicamente en “tener”, sino en vivir algo único y compatible con las redes sociales impulsando esta tendencia.
Europa sigue liderando
Europa continúa siendo el mercado más importante del lujo en el mundo. Allí se concentra gran parte del gasto en ropa de diseñador, joyería y accesorios de alta gama. Sin embargo, uno de los cambios más relevantes es la desaceleración de China. Los consumidores comenzaron a gastar menos en lujo, afectando directamente a las grandes marcas internacionales, ya que China había sido durante años uno de sus motores principales de crecimiento.
Aunque el conflicto geopolítico en Medio Oriente ha generado presiones sobre el turismo y algunas ventas de lujo, la región sigue siendo vista por las marcas como uno de los mercados con mayor potencial de crecimiento, gracias a la concentración de riqueza y al auge del consumo premium en ciudades como Dubái
¿Quién realmente impulsa esas cifras?
Cerca de un tercio de las compras de lujo en el mundo son realizadas por viajeros, lo que demuestra la relación cada vez más fuerte entre turismo y consumo premium.
El lujo accesible y la segunda mano ganan terreno
Los altos costos de producción y la influencia de las redes sociales, han llevado a muchas marcas a buscar soluciones a través de inteligencia artificial, la renovación de diseños y materiales reciclados. Mientras tanto, categorías consideradas de “lujo accesible”, como maquillaje, perfumes y joyería, muestran un mejor desempeño.
Fenómeno que resuena con “el índice del lápiz labial”
A esto se suma el crecimiento acelerado del mercado de segunda mano, que aumenta cerca de 12% anual impulsado por consumidores que buscan opciones más económicas y sostenibles.
Además, el sector perdió alrededor de 70 millones de compradores entre 2022 y 2025, especialmente jóvenes y consumidores aspiracionales. Expertos atribuyen este fenómeno a tres teorías: 1.Fatiga del lujo. 2.Actores como Shein o Temu. 3.Economía circular /segunda mano.
Adicional, las ventas online pasaron de representar el 12% en 2019 al 21% en 2025, y hoy casi todas las compras de lujo tienen algún componente tecnológico, desde redes sociales hasta recomendaciones impulsadas por inteligencia artificial como Zara, razón por la cual le ganó por primera vez a Nike como una de las empresas más valiosas del mundo con US$44.000 millones. Por eso, las marcas ya no solo compiten por vender productos costosos, sino por ofrecer experiencias personalizadas.