La reciente decisión del candidato presidencial Iván Cepeda de participar en debates, e incluso retar directamente a otros aspirantes, marca un giro estratégico que ha despertado múltiples interpretaciones en el análisis político.
En una entrevista concedida al programa 'Tarde, pero llegó' de La FM, el analista Darío Vargas Linares ofreció una lectura crítica y matizada sobre este cambio de postura, abordando tanto sus implicaciones tácticas como el papel real de los debates en las campañas electorales contemporáneas.
¿Por qué Iván Cepeda decidió retar a otros candidatos a debates?
En primer lugar, el contexto resulta clave. Cepeda había manifestado inicialmente su intención de no participar en debates, una postura que suele asociarse con candidatos que lideran las encuestas y buscan evitar riesgos innecesarios.

Sin embargo, durante el fin de semana previo a la entrevista, el candidato no solo cambió de opinión, sino que además lanzó un reto directo a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, quienes ocupan posiciones destacadas en los sondeos. Este giro abre interrogantes sobre si el candidato percibe un escenario más competitivo de lo previsto o si, por el contrario, considera que puede consolidar su ventaja mediante una confrontación directa.
Vargas Linares relativiza la importancia de este cambio al afirmar que “el debate sobre los debates” tiende a ser, en sí mismo, un tema algo vacío. Desde su perspectiva, los debates no son necesariamente determinantes para ganar votos, sino que forman parte de una estrategia comunicativa más amplia. Es decir, su función principal no es tanto sumar apoyos como evitar pérdidas. En este sentido, la decisión de Cepeda puede interpretarse como un movimiento táctico orientado a reforzar su imagen de solidez frente a sus críticos y demostrar disposición a la confrontación pública.
El perfil comunicativo de Iván Cepeda
Un aspecto interesante señalado por el analista es el perfil comunicativo de Cepeda. Aunque se le percibe como un político pausado, incluso dependiente de notas escritas, Vargas destaca que es un “personaje duro” en escenarios mediáticos. Esto sugiere que, más allá de su estilo reflexivo, posee la capacidad de sostener debates complejos, lo que podría jugar a su favor en un entorno adverso.

No obstante, el formato del eventual debate plantea desafíos importantes. Vargas anticipa un escenario desigual, describiéndolo como un “dos contra uno”, en el que Valencia y de la Espriella podrían alinear sus críticas contra Cepeda. Esta configuración podría poner a prueba la capacidad del candidato para responder simultáneamente a múltiples ataques, pero también le ofrece la oportunidad de proyectarse como una figura central frente a sus contendores.
En cuanto al impacto electoral, el analista insiste en que los debates rara vez cambian de manera significativa la intención de voto. A su juicio, funcionan más como mecanismos de contención: un candidato puede perder apoyo si comete errores graves, pero difícilmente lo gana solo por un buen desempeño. Para respaldar esta idea, menciona ejemplos históricos donde los debates generaron momentos memorables, pero no fueron el factor decisivo en el resultado electoral.
Sin embargo, Vargas no descarta completamente el riesgo. Reconoce que un error significativo podría afectar a un candidato. Aun así, considera que en el contexto actual colombiano esto es poco probable, dado que el electorado ya presenta niveles altos de definición. Según su análisis, Cepeda cuenta con un núcleo de apoyo sólido, estimado entre el 35% y el 40%, lo que le permitiría avanzar a una eventual segunda vuelta incluso en caso de tropiezos.

¿Cómo pueden manejar la narrativa los candidatos?
Otro elemento relevante abordado en la entrevista es la dinámica discursiva de los debates. Vargas explica que los políticos suelen emplear “puentes de comunicación”, una técnica que les permite redirigir las preguntas hacia los temas que desean enfatizar. Esto reduce la probabilidad de que los debates se conviertan exclusivamente en espacios de ataques personales, aunque no los elimina por completo.
Finalmente, el analista introduce una consideración estratégica más amplia: la conveniencia de los posibles rivales en una segunda vuelta. Desde su perspectiva, al movimiento político de Cepeda le resultaría más favorable enfrentarse a de la Espriella que a Valencia, debido a la posible consolidación de una “ola antipetrista” más fuerte en el segundo escenario.
La decisión de Iván Cepeda de participar en debates no debe interpretarse como un simple cambio de opinión, sino como una jugada estratégica dentro de una campaña compleja. Si bien los debates pueden no ser determinantes para ganar elecciones, siguen siendo escenarios clave para la construcción de narrativa, la gestión de riesgos y la consolidación de liderazgos en la opinión pública.