La violencia no da tregua en la capital de Norte de Santander. Tres jóvenes, cuya identidad aún no ha sido establecida, fueron asesinados en un paraje boscoso del sector conocido como la trocha Cormoranes. El ataque fue perpetrado por hombres armados que se movilizaban en motocicletas y que arremetieron contra las víctimas de manera directa.
Según versiones preliminares, los jóvenes se encontraban en el lugar —aparentemente tras una citación previa— cuando fueron emboscados. Investigaciones extraoficiales vinculan el múltiple homicidio con la cruenta disputa que mantienen bandas delincuenciales por el control del microtráfico en la zona metropolitana y la franja fronteriza.
Un territorio en disputa
Este hecho violento constituye la primera masacre de 2026 en el departamento, una región asediada por un complejo entramado criminal. En la ciudad convergen estructuras transnacionales y grupos armados como el ELN, las disidencias de las FARC, Los Pelusos y bandas locales de alta peligrosidad como los AK-47, Los Porras y el Tren de Aragua. En total, las autoridades rastrean el accionar de al menos 15 células delictivas que mantienen en jaque la seguridad ciudadana.
La gravedad del panorama se refleja en el histórico de violencia del departamento. El año anterior cerró como uno de los más sangrientos con nueve masacres, superando las cifras registradas desde 2016:
- 2024: 6 masacres
- 2023: 5 masacres
- 2022: 7 masacres
- 2016-2021: Promedio de entre 3 y 7 casos anuales.
Crisis en derechos humanos
Leonardo González Perafán, director de Indepaz, calificó la situación como un "fracaso" en materia de garantías de seguridad. "Fallamos en la prevención, en la protección oportuna y en la investigación efectiva. Identificar qué está fallando no es un ejercicio retórico, es una condición indispensable para garantizar la vida", sentenció el defensor de derechos humanos, haciendo un llamado a la autocrítica institucional.
Por su parte, el concejal de Cúcuta, Alonso Torres, instó a los tres niveles de gobierno (nacional, regional y local) a activar de inmediato protocolos de seguridad que frenen la escalada de sangre y mejoren la percepción de inseguridad que hoy agobia a los nortesantandereanos.