El soldado Mauro Pañaranda llevaba tan solo un año prestando el servicio militar en el Ejército Nacional. Su zona asignada era Puerto Leguízamo, en el departamento de Putumayo.
Su nombre hace parte de la lista de los 57 militares que sobrevivieron al trágico accidente aéreo del Hércules C - 130 1016 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC) que se precipitó a tierra, este lunes.
Su destino final era Puerto Asís, un trayecto que no tardaría más de 50 minutos. Pero a los pocos segundos del despegue, ocurrió la tragedia: el avión se estrelló.
"Dios me tiene grandes propósitos en esta vida"
Desde una camilla, en uno de los pisos del Hospital Militar Central, en Bogotá, el soldado, todavía afectado por el siniestro recibió la llamada de su primo, Jefferson, quien llegó hasta el lugar a buscar información de su familiar.
Al otro lado del teléfono, la voz de Mauro empezó a relatar cómo vivió, junto con sus compañeros, el minuto a minuto del accidente. Que esté vivo es casi un milagro.
"Estoy aquí nuevamente. Yo sé que Dios me tiene grandes propósitos en esta vida. Mi salud está bien y estoy muy agradecido. Solo tengo una lesión en la cara que se me quemó", narró el soldado.
Las causas del accidente son materia de materia de investigación, pero el soldado Peñaranda cuenta que un "ruido raro" encendió las alertas.
"Todo se veía normal, pero cuando se cayó, nos agarramos como pudimos, nos agarramos de las varillas que estaban ahí y pues pidiendo a la vida. Cuando el avión cayó, los soldados cayeron por todos lados", dijo el uniformado.
En medio de los momentos de confusión, el soldado recuerda cómo el avión, tras el impacto, se partió en dos. Así fue como pudieron escapar.
"Se partió el avión en dos y ahí es donde empezamos a salir como pudimos. Los pilotos no nos dijeron nada", agregó.
Angustia, incertidumbre y compañeros entre el fuego
En medio de las llamas y el sonido de las municiones estallando, el soldado Mauro Peñaranda se soltó el cinturón y trató de mantener la calma en medio del caos.
"No sé ni cómo salí de ahí, la verdad. Yo no sé ni cómo salté", relató.
Entonces, ante sus ojos, el panorama era desgarrador: muchos de sus compañeros de batallón no logralon salvarse.
"No sé ni cómo hice en esos momentos ya que muchos estaban abajo y me pedían ayuda, pero yo también estaba mal. Salieron y la gente de la finca, como tiene sus motos, nos acercaron al hospital".
El soldado, además, recordó que antes de subirse al avión, los pesaron de manera meticulosa, sin embargo, asegura que pudo tratarse de una falla por sobrepeso.
"Yo sentía que eso venía pesado porque empezó a tranquear. No nos dijeron nada, sino que antes de ingresar, nos pesan. Pero cuando comienza a tranquear, el piloto empieza a echarlo para arriba pero se va", contó el militar.
Pero el momento más difícil fue cuando supo que su mejor amigo y compañero seguía desaparecido. Tras el impacto, era una batalla contra el tiempo.
"Recuerdo que hubo unos que gritaban, unos que lloraban, nos decían 'no me dejes morir'. Pero hay unos que no podíamos y otros que se salvaron como pudieron", señaló.
Además, agregó que "pedían ayuda pero era un momento muy difícil. La comunidad fue de gran ayuda, la comunidad fue valiente y se solidarizó en ese momento, nos ayudaron a sacarnos en las motos".
El soldado espera su alta médica y que sus heridas sanen, para rendir homenaje a sus compañeros fallecidos y regresar a las filas del Ejército Nacional.