La liberación reciente de varios detenidos en Venezuela volvió a poner bajo la lupa a El Helicoide, un lugar que durante años ha estado ligado a los episodios más sensibles del país. Su nombre aparece cada vez que se habla de presos políticos, detenciones arbitrarias y denuncias de abusos, aunque su historia comenzó muy lejos de ese escenario.
Tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó sobre la excarcelación inmediata de un grupo de personas privadas de la libertad, entre ellas ciudadanos venezolanos y extranjeros. La decisión fue presentada como un gesto para preservar la estabilidad nacional y fue confirmada por el propio funcionario, hermano de la presidenta interina, Delcy Rodríguez.
Pese a este anuncio, organizaciones como Foro Penal advierten que en Venezuela aún permanecen cientos de personas detenidas por motivos políticos, muchas de ellas arrestadas después de las elecciones presidenciales de 2024, un proceso cuestionado por denuncias de irregularidades. Para una parte de estos detenidos, El Helicoide fue el lugar de reclusión.
El proyecto que prometía modernidad
Antes de ser un centro de detención, El Helicoide fue concebido como uno de los proyectos arquitectónicos más ambiciosos del país. Su origen se remonta a finales de los años cincuenta, cuando Venezuela atravesaba una etapa de crecimiento económico y buscaba consolidar símbolos de desarrollo.
La idea era levantar un megacentro comercial sin precedentes en América Latina. Su diseño en espiral permitiría a los visitantes desplazarse en automóvil hasta la entrada de cada establecimiento. El complejo incluiría cientos de locales, además de espacios recreativos, salas de cine, gimnasios, piscinas, guarderías y servicios propios.
La obra estuvo a cargo de los arquitectos Pedro Neuberger, Dirk Bornhorst y Jorge Romero Gutiérrez, y despertó interés internacional. Fue exhibida en 1961 en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y recibió elogios de figuras del mundo cultural. Todo apuntaba a que El Helicoide se convertiría en un ícono regional.
Tanto fue su éxito que el poeta Pablo Neruda llegó a elogiar la edificación tras una visita a Venezuela, mientras que Salvador Dalí expresó interés en participar en su decoración artística

El abandono y el cambio de rumbo
El proyecto nunca llegó a completarse. La quiebra de la empresa constructora provocó la suspensión de las obras y dejó al edificio inconcluso. Durante años permaneció abandonado, hasta que en 1975 pasó a manos del Estado venezolano.
En los años siguientes se barajaron distintas alternativas para su uso, entre ellas la posibilidad de albergar el Museo de Antropología, pero ninguna se materializó. El punto de quiebre llegó en diciembre de 1979, cuando Caracas fue golpeada por fuertes inundaciones. El Helicoide fue utilizado como refugio temporal para miles de personas que habían perdido sus hogares, en condiciones precarias y sin servicios adecuados.
Ese episodio marcó el inicio de una transformación que cambiaría para siempre el destino del edificio.

De estructura icónica a centro de reclusión
Con el paso del tiempo, El Helicoide fue ocupado por organismos de inteligencia del Estado. Primero bajo la antigua DISIP y luego por el SEBIN, el edificio pasó a funcionar como uno de los principales centros de detención del país.
Desde entonces, su nombre ha sido asociado a la reclusión de presos políticos. Testimonios de exdetenidos coinciden en describirlo como un lugar altamente vigilado, con áreas de detención organizadas en pequeños cubículos y con un ambiente de constante tensión.
“Uno entra sin saber si va a salir”
En el noticiero LA FM, el periodista venezolano Marcos Morín, corresponsal permanente en Caracas, compartió su experiencia tras haber sido llevado a El Helicoide durante las protestas de 2014.
Morín relató que, aunque permaneció allí solo algunas horas, el impacto del lugar es inmediato. Describió una fuerte presencia de funcionarios armados, zonas estrictamente controladas y espacios de detención reducidos. Según contó, El Helicoide es un sitio donde el tiempo parece detenerse y donde quienes ingresan no tienen certeza sobre su destino.
El periodista también señaló que el edificio ha cambiado con los años, al punto de que hoy alberga oficinas y hasta una cancha deportiva en su parte superior, una imagen que contrasta con las historias de encierro que aún se viven en su interior.
Un símbolo que sigue marcando a Venezuela
Más allá de su función como centro de detención, El Helicoide se convirtió en uno de los símbolos más claros de los cambios que ha atravesado Venezuela en las últimas décadas. Lo que fue concebido como una apuesta por la modernidad y la apertura terminó transformándose en un espacio marcado por el control, la vigilancia y el encierro en tiempos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Su historia resume muchos de los contrastes del país: del entusiasmo arquitectónico y la proyección internacional al abandono, los usos improvisados y, finalmente, la reclusión. Cada etapa fue dejando una huella distinta en una estructura que pasó de representar progreso a generar temor.
Hoy, El Helicoide está inevitablemente asociado a las vivencias de quienes fueron llevados allí en condición de detenidos. Para muchos presos políticos y sus familias, no es solo un edificio en Caracas, sino el punto donde comenzó una espera cargada de incertidumbre, silencios y angustia.