17 Feb 2016 09:30 AM

El papa llama a jóvenes y religiosos a no rendirse ante narcotráfico en México

Francisco invitó a los jóvenes a "soñar" con una vida fuera del crimen, durante su visita a Michoacán, una región de México que históricamente ha sido bastión de cárteles.
En un masivo encuentro en Morelia, capital de Michoacán, Francisco tomó nota de las experiencias de violencia y falta de oportunidades que le narraron algunos jóvenes.
 
Al invitarlos a "atreverse a soñar", el pontífice dijo a 50.000 muchachos congregados en el estadio Morelos que "es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte".
 
Jesús "nunca nos invitaría a ser sicarios", dijo el religioso, en un país donde el narcotráfico recluta a numerosos jóvenes.
 
De su lado, los entusiastas asistentes coreaban "¡Francisco, hermano, ya eres michoacano!".
 
"El papa nos llama a estudiar, a trabajar, a ser dignos y a no dejarnos arrastrar por las tentaciones materiales y del crimen. Es difícil cuando no hay oportunidades, pero con fe sí que se puede", dijo a la AFP tras el encuentro Filemón Alonso, un estudiante de 16 años.
 
Menos optimista, Guadalupe Olivares, una contadora de 43 años, estimó que "quizá el mensaje del papa no llegue a los cárteles", pero espera que "sí llegue a las autoridades para que se pongan a trabajar".
 
Al finalizar el evento, el pontífice de 79 años sufrió un abrupto incidente cuando daba la mano a algunos feligreses y uno de ellos lo jaloneó de su túnica blanca, dejando en el medio a una persona en silla de ruedas.
 
Visiblemente enojado, Francisco reprendió al feligrés. "¡No seas egoísta!", le gritó varias veces con el rostro serio, y acarició al minusválido.
 
Este es el video:
 
 
- No a la "resignación" -
 
Horas antes, Francisco hizo también una breve visita a la catedral de Morelia -un edificio barroco en cantera rosa- para decir a unos 600 niños que "sigan siendo creativos, buscando la belleza, y nunca se dejen pisotear por nadie".
 
También instó a religiosos de México a no resignarse ante las amenazas del narcotráfico, responsable de gran parte de la violencia que golpea al país.
 
"¿Qué tentación nos puede venir de ambientes, muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas?", preguntó el papa en una misa ante unos 20.000 religiosos y seminaristas. "Nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio: la resignación", advirtió.
 
Francisco "nos hizo ver que en nuestra vida de encierro y contemplación no podemos ser testigos mudos. Desde nuestra trinchera debemos dar testimonio para ayudar a corregir este camino de maldad", dijo Fátima Esemita, de la orden contemplativa Brígidas de Puebla.
 
Michoacán es uno de los estados más peligrosos para los curas mexicanos, que no han escapado de la violencia de los cárteles de la droga: unos 40 sacerdotes, seminaristas y laicos religiosos han sido asesinados en la última década en México.
 
- "Justicia divina" -
 
Los mensajes marcaron la segunda vez en su gira por México que el papa llama a los religiosos a tener coraje frente al narcotráfico.
 
Aunque Morelia no se encuentra en la violenta subregión de Tierra Caliente, en 2008 fue víctima de un atentado sin precedente: dos granadas estallaron en la abarrotada plaza principal en los festejos de la Independencia dejando ocho muertos.
 
Y en septiembre de 2006, Michoacán fue noticia cuando cinco cabezas humanas aparecieron rodando en un bar de Uruapan con un mensaje: "Esto es justicia divina". 
 
Lo firmaba La Familia Michoacana, uno de los varios cárteles que han irrumpido en este estado clave para el narcotráfico. 
 
La Familia creó una "biblia" mezcla de "denuncia social, autoayuda y pinceladas cristianas" donde se establecía que sus miembros, por ejemplo, no podían tomar alcohol ni drogas, recuerda Jaime Rivera, catedrático de la Universidad Michoacana.
 
A finales de 2010, el cártel se reinventó en los ahora desmantelados Caballeros Templarios, siguiendo su misticismo y usando como símbolo la cruz roja de las cruzadas católicas de la época medieval.
 
Los curas también sufrieron el conflicto entre las autodefensas y Los Templarios en la capital de Tierra Caliente, Apatzingán.
 
El obispo de la ciudad, Miguel Patiño, tuvo que ser resguardado por autoridades ante un supuesto ataque inminente del crimen organizado y el vicario y defensor de las milicias, Gregorio López, daba misa con chaleco antibalas.
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