Desde Barranquilla, el Superintendente de Servicios Públicos, Felipe Durán, lanzó una advertencia contundente, si no se cambia el modelo energético en el país, la región Caribe seguirá atrapada en una crisis estructural. Pero más allá del diagnóstico, propuso una transformación de fondo basada en un concepto clave, la democratización de la energía.
Modelo en crisis, grandes empresas y altos costos
Durante su intervención en el congreso de energía que se realiza en Barranquilla, Durán explicó que el sistema actual está sustentado en grandes empresas, muchas de ellas con capital transnacional, que concentran la generación y obtienen altas utilidades.
Según el funcionario, este esquema ha generado un desequilibrio, mientras las compañías logran importantes rentabilidades, los usuarios enfrentan tarifas elevadas y un servicio que no siempre responde a las necesidades del territorio, especialmente en la región Caribe.
“El problema no es solo de empresas, es del sistema completo”, enfatizó.
¿Qué significa la “democratización de la energía”?
El eje de la propuesta del Superintendente gira en torno a cambiar la lógica del modelo energético tradicional.
La llamada democratización de la energía implica pasar de un sistema centralizado, dominado por grandes generadores, a uno descentralizado, donde los usuarios tengan un rol activo en la producción y consumo de electricidad.
En este nuevo enfoque:
- Los ciudadanos dejan de ser solo consumidores.
- Se convierten en autogeneradores de energía.
- La prioridad ya no es la utilidad empresarial, sino el autoconsumo y la eficiencia.
"Lo que nos ha solicitado el Presidente de la República es como transitamos hacia modelos de autogeneración de energía, ya no basados en una conformación de grandes mercados y grandes conglomerados, con grandes rentabilidades, sino en donde cada usuario se vuelve un autogenerador, no para la utilidad, no para la generación de utilidades, sino para el autoconsumo".
Del monopolio energético al usuario protagonista
Durán explicó que la transición energética no se limita a cambiar fuentes fósiles por energías renovables, como la solar, sino que implica una transformación estructural del modelo.
“El usuario se vuelve el centro del sistema”, indicó.
Esto significa que cada hogar o empresa podría generar su propia energía. Por ejemplo, mediante paneles solares, reduciendo su dependencia de las grandes compañías y, eventualmente, sus costos.
Autogeneración, almacenamiento y venta de excedentes
Uno de los pilares de esta transformación es la autogeneración acompañada de nuevas tecnologías.
El modelo propuesto contempla:
- Generación propia de energía, principalmente solar.
- Sistemas de almacenamiento, que permitan usar la energía en horas sin sol.
- Venta de excedentes, mediante la conexión al sistema eléctrico.
Aquí entran en juego los llamados medidores bidireccionales, que permiten a los usuarios no solo consumir energía, sino también inyectar al sistema la que no utilizan.
Una transición energética con cambio de reglas
El Superintendente fue claro en que la transición energética en Colombia no puede limitarse a diversificar la matriz de generación. Para que sea efectiva, debe transformar las reglas del juego.
Esto implica:
- Redefinir el papel de las empresas.
- Dar mayor protagonismo a los usuarios.
- Reconfigurar el mercado eléctrico hacia esquemas más abiertos y participativos.
Pasar a la implementación
Aunque la propuesta de democratización de la energía marca un cambio ambicioso, el desafío estará en su ejecución.
La transformación requerirá:
- Ajustes regulatorios profundos.
- Inversión en infraestructura tecnológica.
- Incentivos para la autogeneración.
- Educación energética para los usuarios.
Por ahora, el mensaje desde Barranquilla es claro, el país no solo necesita energía más limpia, sino un sistema más equitativo, donde el poder energético deje de estar concentrado y pase, progresivamente, a manos de los ciudadanos.