Santos: no podemos hacernos a un lado y dejar que la decisión la tomen otros

El presidente Juan Manuel Santos agradeció a la Corte Constitucional su aval al plebiscito como mecanismo para refrendar los acuerdos de paz.
Archivo La FM
Crédito: La FM

Ya es cuestión de semanas, como lo ha dicho el propio presidente Juan Manuel Santos, para que el plebiscito por la paz sea convocado y los colombianos salgan a las urnas a darle el sí o el no a los acuerdos de paz.

Con la decisión de la Corte Constitucional de avalar el plebiscito como mecanismo de refrendación, está ahora, en manos de las delegaciones de paz del Gobierno y de las Farc imprimirle el acelerador a las conversaciones para que, cuanto antes, se firme el acuerdo final y los colombianos decidan si le entregan al primer mandatario la responsabilidad de implementar lo que se pacte en Cuba.

En ese sentido se refirió el presidente Juan Manuel Santos la noche de este lunes a los colombianos y agradeció, públicamente, el apoyo que le dio el alto tribunal a este nuevo paso para que sea el país el que decida acabar con más de 50 años de conflicto armado.

“Cuando todo esté acordado, convocaré al plebiscito en los términos señalados por la ley y se publicará el texto completo del Acuerdo Final, y se hará una gran pedagogía para que todos y cada uno de los ciudadanos estén enterados de lo que se acordó, y para que decidan libremente –a conciencia y bien informados– si lo apoyan, dijo el jefe de Estado.

El presidente Santos reiteró que, en efecto, no será el acuerdo final de paz el que solucione todos los problemas del país, pero sí será un alivio para comenzar a enfocar los esfuerzos en otros frentes que, por cuenta de la guerra, se han abandonado.

Añadió que el plebiscito será para que salgan todas las voces, desde quienes apoyan los acuerdos hasta quienes insisten en sus críticas.

“Lo que está en juego es de enorme importancia. Probablemente es la decisión de voto más importante que cada uno de nosotros tendrá que tomar en toda su vida. El plebiscito es una de esas formas de participación popular, en la que pueden expresarse todas las voces y las ideas. Siempre con respeto por la opinión de los demás y con la tranquilidad de poder hacerlo sin temor, sin miedo”, añadió el jefe de Estado.

Santos enfatizó en que la decisión en las urnas es una oportunidad única para cambiar el rumbo de Colombia hacia un país en paz.

“Hay momentos en la vida y en las democracias en los que la indiferencia NO puede ser la opción. ¡Este es uno de ellos! Su derecho al voto será más importante que nunca. Porque es el voto popular – ¡es el voto de ustedes!– el que permitirá que el acuerdo se vuelva realidad”, puntualizó el jefe de Estado, al advertir que su intención principal es la de resarcir a las víctimas sin impunidad.

A continuación, el discurso del presidente:

"Colombianos:

La Corte Constitucional dio su aprobación para que los ciudadanos podamos decidir en las urnas sobre el futuro de la paz.

Esa fue mi promesa desde el inicio del proceso. Ese fue un compromiso solemne con mis compatriotas.

Me comprometí con ustedes a hacerlo porque la paz es un propósito y un objetivo nacional, de todos los colombianos sin excepción.

No es simplemente una responsabilidad y un deber del presidente o del Gobierno nacional.

La paz se construye entre todos y para todos.

Es un camino que debemos escoger y recorrer los colombianos, desde San Andrés hasta el Amazonas, desde La Guajira hasta Nariño.

La contribución de todos –jóvenes y adultos, mujeres y hombres–, sin importar su ideología, es necesaria para construir esa Colombia que queremos:

Una Colombia en paz, libre de las cadenas del sufrimiento y la violencia… una violencia que, por su crueldad y duración, nos ha arrebatado hasta la compasión.

Una Colombia que nos permita lograr todo lo que nos proponemos.

Ese es nuestro norte, ese es nuestro destino.

En ese camino, el punto de partida será la votación popular para aprobar los acuerdos de paz.

Será un momento histórico –verdaderamente histórico– en el que tendremos la oportunidad y la responsabilidad de hacer sentir nuestra voz, porque lo que está en juego es de enorme importancia.

Probablemente es la decisión de voto más importante que cada uno de nosotros tendrá que tomar en toda su vida.

¿Queremos colocar las bases de un país que deja atrás la violencia para entrar a un camino de respeto y convivencia?

¿Queremos dejar enterrados en el pasado los días terribles donde –por una ideología o por maneras distintas de ver las cosas– los colombianos nos enfrentamos a muerte entre hijos de una misma nación?

¿Queremos voltear la página para mirar con esperanza hacia delante?

¿Queremos acabar con el más largo y el último conflicto armado de todo el hemisferio?

Frente a estas preguntas –sabiendo lo que está en juego– NO podemos hacernos a un lado y dejar que la decisión la tomen otros.

En nuestro país el voto es un derecho, así como lo es no participar.

Respeto profundamente ese derecho.

Pero hay momentos en la vida y en las democracias en los que la indiferencia NO puede ser la opción. ¡Este es uno de ellos!

Su derecho al voto será más importante que nunca.

Porque es el voto popular –¡es el voto de ustedes!– el que permitirá que el acuerdo se vuelva realidad.

A medida que se conocen los resultados de las negociaciones, es posible ver con más claridad el objetivo y los beneficios de este proceso.

El objetivo es claro: terminar un conflicto cruel y doloroso que ha durado demasiados años y que ha producido demasiadas víctimas, demasiado sufrimiento.

Lo que queremos los colombianos es que no haya más víctimas; que podamos vivir sin miedo y con tranquilidad.

Para ello se acordó el fin del conflicto, el abandono de las armas por parte de las FARC, y su entrega a las Naciones Unidas.

Los colombianos queremos que se reconozca a las víctimas; que se garanticen sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación, y que nunca más –¡nunca más!– tengan que sufrir lo que sufrieron por cuenta del conflicto.

Queremos que los responsables de los crímenes más grandes enfrenten a los jueces y sean sancionados.

Para ello se acordó un sistema de justicia independiente, transicional, que garantizará que no haya impunidad.

Esta será una paz sin impunidad –¡sin impunidad!– y con seguridad jurídica para que no suceda lo que ocurrió en El Salvador la semana pasada, cuando su Corte Suprema echó para atrás la amnistía decretada al término de la guerra, hace más de 30 años.

Queremos que nuestros campos –tanto tiempo condenados a la pobreza y la violencia– se transformen para sembrar y cosechar los productos maravillosos que da nuestra tierra –frutas, algodón, arroz, cacao, café– y, sobre todo, para que sus habitantes recobren la esperanza y la oportunidad de prosperar.

Queremos que a sus terruños puedan volver las miles de familias desplazadas por el conflicto a lo largo de tantos años.

Para lograrlo, se acordó un plan de desarrollo rural.

Y queremos, también, que los cultivos ilícitos desaparezcan.

Con este fin alcanzamos un acuerdo para lograr una solución al problema de las drogas ilícitas y que NO se siga estigmatizando a nuestro país por cuenta del narcotráfico.

Cansados de la violencia, los colombianos también queremos una democracia generosa y abierta, donde todos podamos participar.

El plebiscito es una de esas formas de participación popular, en la que pueden expresarse todas las voces y las ideas.

Siempre con respeto por la opinión de los demás y con la tranquilidad de poder hacerlo sin temor, sin miedo.

Con esos sueños, compartidos por todos los colombianos, hemos adelantado esta negociación.

Y eso –precisamente eso– es lo que se verá reflejado en el acuerdo que se someterá a refrendación.

Con el visto bueno que dio la Corte Constitucional, lo que nos falta es terminar de discutir y acordar, a la mayor brevedad, los temas que están pendientes, y entonces –solo entonces– podremos afirmar que todo está acordado.

Así lo dijimos desde un comienzo: “Nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

Y cuando todo esté acordado, convocaré al plebiscito en los términos señalados por la ley y se publicará el texto completo del Acuerdo Final

Y se hará una gran pedagogía para que todos y cada uno de los ciudadanos estén enterados de lo que se acordó, y para que decidan libremente –a conciencia y bien informados– si lo apoyan.

Y quiero ser muy claro: El acuerdo de paz no es la solución mágica a nuestros muchos problemas.

El acuerdo lo que nos permite es liberarnos de un peso, de un ancla que nos frena, que no nos deja hacer todo lo que podemos hacer juntos…

Nos permite liberar todo el potencial de esta gran nación que tenemos y que somos.

Así debemos verlo, así debemos valorarlo y apreciarlo.

Esta es una oportunidad única para cambiar el rumbo de nuestra nación –en beneficio de nuestros hijos– y dirigirla hacia un destino de paz, con más equidad, más oportunidades, mejor educación.

Hoy, cuando estamos cada vez más cerca de alcanzar el acuerdo final, cuando se le ha dado luz verde a que seamos los colombianos los que aprobemos con nuestro voto el acuerdo de paz…

Hoy, después de la decisión de la Corte Constitucional, los invito a trabajar para construir –como lo soñó nuestro premio Nobel Gabriel García Marquez– “una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir; donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad; donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Muchas gracias".

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