Bogotá enfrenta una preocupante escalada en los casos de violencia intrafamiliar, al punto que ya advierten que esta podría ser calificada como la más grave en la historia reciente de la ciudad.
Según cifras del Sistema Estadístico de la Policía, entre enero y febrero de 2026 se registraron 8.999 casos, lo que equivale a un promedio de 152 hechos diarios, es decir, más de 6 cada hora.
Según las autoridades locales, la situación no solo es alarmante por el volumen, sino por su crecimiento. Y es que, de acuerdo con el mismo sistema de estadísticas, estos datos representan un aumento del 37% frente al mismo periodo de 2025, que ya había sido el año con más registros de violencia intrafamiliar en Bogotá.
Las cifras fueron discutidas en el Concejo de Bogotá
Ante este panorama el debate llegó al Concejo de Bogotá donde el concejal Julián Sastoque encendió las alertas al advertir que no se trata de hechos aislados, sino de una tendencia creciente que evidencia una crisis estructural en la capital del país.
La gravedad del fenómeno quedó en evidencia tras un reciente caso que fue noticia y que ocurrió en la localidad de Bosa, donde un hombre asesinó a su pareja y a sus dos hijas, un hecho que ha generado conmoción y reabre el debate sobre la protección a las víctimas.
Las mujeres son las principales víctimas de este tipo de violencia
Las cifras también revelan un patrón claro: la violencia golpea principalmente a las mujeres. El 70,4% de las víctimas en lo corrido de 2026 son mujeres, lo que representa más de 6.300 casos en apenas dos meses.
Sin embargo, ahí no termina el problema, en el Concejo se habló de otro dato que enciende aún más las alarmas: el aumento de la violencia contra menores de edad.
En ese mismo sentido, se conoció que en este mismo periodo se reportaron 1.458 casos con niños y adolescentes como víctimas, lo que significa un incremento superior al 80% frente al año anterior.
Este panorama evidencia no solo la magnitud del problema, sino la urgencia de medidas efectivas para prevenir la violencia, proteger a las víctimas y frenar una tendencia que hoy tiene a Bogotá enfrentando una de sus crisis sociales más complejas.