Hayabusa 2 es una nave espacial japonesa que ha explorado el asteroide Ryugu (descubierto en 1999 y que forma parte de los asteroides Apolo); en 2014 fue enviado a este objeto espacial para recolectar pruebas y traerla a la Tierra, en 2018 logró su objetivo principal: llegar al cuerpo rocoso. Pero desde 2019, Hayabusa2 ha realizado diferentes misiones de ataque en contra de asteroides.
El primero de los disparos se realizó con el fin de crear un cráter artificial, lo que le permitió a la nave obtener una muestra del subsuelo del asteroide que estudia, según indica la Nasa. Esto le permitió devolverse hacia la Tierra y soltar una cápsula con el material geológico.
Hoy por hoy, la JAXA (la agencia espacial nipona) ha decidido enviar a su nave espacial hacia el asteroide 1998 KY26, característico por ser más pequeño (mide 11 metros de ancho y que gira sobre su propio eje cada 5 minutos), es brillante y los científicos quieren sabe si es una roca sólida o tan solo un cúmulo de escombros. No está lejos de la Tierra y fue descubierto el 28 de mayo del año que lleva su nombre.
Sin embargo, en medio de su viaje hacia este cuerpo rocoso, la nave espacial tuvo un encuentro con otro objeto y la agencia decidió poner a prueba una de las funciones instaladas en el satélite.
El ataque de una nave espacial japonesa a un asteroide
Todo ocurrió el 5 de julio de 2026. Torifune es un asteroide que el satélite sobrevoló aquel día, a no más de los cinco kilómetros por horas. Sin embargo, la nave no había sido diseñada para visitar este cuerpo, de tal manera que se determinó que se debía usar el sistema LiDAR, que se basa en pulsos láser. Esto, de paso, permitió comprobar a la JAXA si las medidas de precisión diseñadas eran funcionales en apenas cinco segundos.
Y funcionó, Hayabusa2 envió pulsos láseres y detectó la respuesta desde distancias que rondaron los veinte kilómetros, de acuerdo con la información compartida por la agencia espacial. El sistema calcula la distancia entre el satélite y el objeto medido, se apoya tomando medida del tiempo que tarda la luz en chocar con la superficie del objeto evaluado y retornar a su punto de origen.
Lo anterior permite calcular el tamaño de los objetos, y determinar su distancia con respecto a, en este caso, la nave espacial.
La buena noticia para la ciencia
Según la JAXA esta es la primera medición realizada durante un sobrevuelo de un asteroide a gran velocidad, por la traducción del inglés, "si los datos de distancia pueden obtenerse en varios momentos, pueden combinarse con los datos de seguimiento de la nave espacial para determinar tanto la posición como la velocidad del cuerpo celeste con gran precisión, mejorando así la exactitud de las predicciones orbitales".
Es decir, gracias a esto, la ciencia puede mejorar su capacidad de seguimiento de objetos cercanos a la Tierra. La agencia vincula estas mediciones con la defensa planetaria, porque conocer la trayectoria y la velocidad permite calcular con fiabilidad su órbita.
Pero la JAXA no se conformó con un envío de sondas. Fueron dos en total y ahora, con esta información, los científicos quieren determinar qué zona concreta recibió el impacto de los pulsos. La prueba también ayudó a aumentar la confianza para el siguiente desafío de la nave espacial, analizar 1998 KY26.
El uso de pulsos para medir distancia
Muy similar a los sonares que se usan para medir distancias bajo el mar, la ciencia ha tomado esta idea para medir distancias entre cuerpos espaciales. El planeta Tierra, rodeado por asteroides en el espacio profundo y de una gran cantidad de satélites, necesita saber con exactitud cómo se mueven estos objetos alrededor de la geoforma.
La Nasa indica que en la actualidad, la gran mayoría de satélites están equipados con láseres con los que mide su comportamiento alrededor del planeta. La agencia estadounidense, asegura que estos ejercicios permiten saber con exactitud la posición de las bases de medición, lo que aporta más precisión a los trabajos que se realizan desde las misma.