En enero de 2026, The Washington Post publicó una investigación en la que revelaba documentos en los que se identificaba que la empresa Anthropic, cuya IA es Claude, compraba libros para destruirlos con el fin de entrenar su inteligencia artificial tras escanearlos. Sin embargo, el medio estadounidense 404 media publicó el 21 de julio un nuevo artículo que ha provocado la reacción de sectores culturales.
Titulado como 'Las empresas de IA están comprando toneladas de libros antiguos porque están libres de la basura de la IA', el artículo hace referencia a que la empresa ISBNdb, con sede en Canadá, ha comprado miles de libros impresos para alimentar a las inteligencias artificiales de diferentes empresas.
De acuerdo con la publicación, la empresa indica que "los mejores datos de entrenamiento de IA del mundo están guardados en un estante", que ha comprado miles de libros con el fin de ser "la base de datos de libros más grandes del mundo".
Este artículo establece que hay compras automatizadas, hechas desde computadores, de la empresa mencionada a librerías de segunda mano y con libros de publicación anterior a 2022, porque no tienen protección contra la IA. En España se ha detectado la compra automatizada de libros que no son muy llamativos en el mercado general, y lo propio ocurre en otros países.
En España, indica el portal Xataca, es Zoombooks, otra empresa canadiense, la que está adquiriendo libros de segunda mano, que son enviados a la empresa PrepFort, en Illinois, Estados Unidos, donde son escaneados y destruidos.
Destrucción de libros para alimentar a la IA
Existe una sentencia que obliga a estas empresas a destruir los libros. En 2025, William Alsup, un juez federal de Estados Unidos, indicó que entrenar modelos con libros comprados legalmente, constituía un uso "transformador" de la doctrina del fair use, por lo que se consideró legal digitalizar los textos, porque estos desaparecían tras ser escaneados.
Sin embargo, el artículo de The Washington Post deslumbró que la practica por parte de Anthtopic se venía realizando bajo el nombre de 'Project Panama', que definía la acción como "escanear destructivamente todos los libros del mundo". El documento establecía que el proyecto debía mantenerse oculto.
El acto ha sido comparado con la obra de Ray Bradbury, Farenheit 451, especialmente porque entre las empresas implicadas hay un pacto de silencio, dado que "dañar libros no da una buena imagen".
Proyecto Panamá, de Anthropic
En 2024 se creó el proyecto bajo por el cual se pretende alimentar la IA. Documentos desclasificados por litigios, indican que la empresa gastó millones de dólares en adquirir libros impresos; para este fin, Anthropic contrató a Tom Turvey, ejecutivo de Google y que participó en Google Books.
Pese a las denuncias en el caso, Antrophic lo cerró con un acuerdo económico de 1.500 dólares por el uso previo de bibliotecas digitales sin uso autorizado.
De hecho; en 2024, The Guardian publicó que Meta había pensado en adquirir una editorial, con el fin de obtener material de entrenamiento. Ante esto, Ingran Content Group advirtió a las editoriales, para que se abstuvieran de vender sus títulos a las empresas de IA.
El costo invisible de entrenar la IA
De acuerdo con CONATI (Comisión Nacional de las Tecnologías de Información) el caso es "impactante". Si bien indica que la inteligencia artificial es uno de los avances más importantes del siglo XXI, aseguran que "el progreso no puede medirse por la capacidad técnica de los sistemas desarrollados, también debe evaluarse por las consecuencias sociales, culturales y éticas de los métodos utilizados para construirlos".
La comisión venezolana afirma que se intenta avanzar en un marco jurídico orientado al desarrollo de herramientas debe realizarse bajo principios éticos y defensa de "la dignidad humana".