La muerte de Benita Pérez, una mujer diagnosticada con leucemia mieloide crónica desde 1999, ha encendido de nuevo las alarmas sobre las fallas estructurales en el acceso a tratamientos vitales para pacientes con cáncer en Colombia.
Así lo denunció Yolima Méndez, presidenta de la Fundación Colombiana de Leucemia y Linfoma, quien aseguró que la paciente fue abandonada por el sistema de salud tras la suspensión prolongada de su medicamento por parte de la Nueva EPS.
Destacó que Benita fue voluntaria de la Fundación desde sus inicios en 2007 y durante más de dos décadas logró controlar su enfermedad gracias a un tratamiento continuo y oportuno. La leucemia mieloide crónica, explicó Méndez, es una enfermedad que permite a los pacientes llevar una vida normal siempre que reciban de manera diaria y permanente su medicación.
“La conocimos desde los inicios de la fundación en el año 2007. Ella fue voluntaria de la fundación, fue diagnosticada con una leucemia mieloide crónica en el año 1999 y desde entonces ella había aprendido a vivir con su leucemia, porque tenía la enfermedad muy bien controlada. Esta leucemia tiene esa característica y es que si recibe tratamiento de manera oportuna y continua, la mayoría de pacientes tienen muy buena respuesta al tratamiento y pueden llevar una vida normal. pues esa era Benita, ella pudo seguir adelante con su vida, con sus proyectos, con todas sus actividades, era una mujer muy alegre”, sostuvo.
La no entrega de medicamentos
Sin embargo, aseguró que la situación cambió de forma drástica a partir de 2024 y se agravó en 2025, cuando comenzaron las fallas reiteradas en la dispensación del medicamento que Benita había recibido durante toda su vida.
“La Nueva EPS dejó de entregarle el tratamiento. Básicamente la abandonó”, afirmó Méndez.
La paciente residía en Villavicencio y fue su hijo quien alertó a la Fundación ante las dificultades para acceder a los medicamentos.
A pesar de las acciones adelantadas —peticiones formales, PQR, quejas ante la Superintendencia de Salud y acompañamiento jurídico— no fue posible restablecer la entrega regular del tratamiento.
Su aporte científico
Benita era tratada con Imatinib, un inhibidor de tirosina quinasa que revolucionó el tratamiento del cáncer a nivel mundial por ser una terapia oral, dirigida y altamente efectiva.
“La señora Benita Pérez había participado en estudios clínicos internacionales que permitieron el desarrollo de este medicamento. Ella contribuyó de manera importante al desarrollo de la innovación en salud porque participó, recién diagnosticada,en los estudios clínicos para este desarrollo científico, para este medicamento. Entonces fue una mujer que también hizo ese aporte científico de participar en estos estudios clínicos”, recordó.
Ante los problemas de abastecimiento reportados en 2025, su médico tratante decidió cambiar la terapia a Dasatinib, una alternativa terapéutica disponible en el país. No obstante, este medicamento tampoco fue entregado por la EPS.
“La falta de continuidad hizo que la enfermedad se descontrolara. Una leucemia crónica sin tratamiento puede progresar a una fase aguda, mucho más grave y potencialmente mortal”, explicó la presidenta de la Fundación.
Sin medicamentos
Según Méndez, aunque se ha hablado de 170 días sin medicamento, el periodo real de interrupciones fue mayor. Desde marzo de 2025, Benita enfrentó largos lapsos sin tratamiento, con entregas esporádicas de una sola caja al mes, donaciones puntuales de la Fundación y periodos prolongados sin ninguna medicación.
“Un tratamiento intermitente no sirve. El protocolo exige adherencia diaria y de por vida”, subrayó.
La Fundación Colombiana de Leucemia y Linfoma estima que al menos 50 pacientes con leucemia mieloide crónica, registrados en sus bases de datos, enfrentan actualmente dificultades similares. Sin embargo, advierte que a nivel nacional la cifra podría ascender a cientos de pacientes que, pese a tutelas, desacatos y quejas formales, no logran una respuesta efectiva del sistema.
Méndez recordó que garantizar el acceso oportuno a estos tratamientos no solo salva vidas, sino que también resulta más costo-efectivo para el sistema de salud.
“Un paciente con la enfermedad controlada requiere menos hospitalizaciones y terapias más simples. Cuando se rompe la adherencia, el costo humano y financiero es mucho mayor”, dijo.
El caso de Benita, no es un hecho aislado, sino un reflejo de una crisis más amplia que afecta a pacientes con enfermedades crónicas y oncológicas, y evidencia la urgencia de garantizar la continuidad de tratamientos vitales como un derecho fundamental y no como una concesión administrativa.