En un país reconocido por su riqueza natural, la conservación de la biodiversidad suele asociarse a restricciones o sacrificios. Sin embargo, una iniciativa liderada por mujeres en distintos territorios del país está cambiando esa narrativa y propone una forma distinta de relacionarse con la naturaleza, basada en la creación, la transformación social y el bienestar comunitario.
Se trata de Mujeres por la Conservación, un movimiento que promueve prácticas de cuidado ambiental desde acciones cotidianas como la elaboración de artesanías, el desarrollo de huertas comunitarias y la transmisión de saberes ancestrales. Su enfoque busca demostrar que proteger los ecosistemas es compatible con el desarrollo local y puede generar identidad, ingresos y sentido de pertenencia.
La iniciativa es liderada por Sara Inés Lara, quien sostuvo en Bienestar FM que la conservación debe entenderse como una oportunidad para construir futuro. Desde su perspectiva, el cuidado ambiental se vincula con procesos sociales que fortalecen a las comunidades y resignifican la relación con el entorno.
“Conservar no es renunciar, es crear. Cuando cuidamos un bosque o un saber tradicional, también estamos cuidando nuestra historia, nuestra economía y nuestra dignidad como comunidades”, afirma.
Crear, transformar y conservar
El programa se articula alrededor de tres ejes: crear, transformar y conservar. Crear implica innovar desde la tradición; transformar, generar cambios sociales y ambientales en los territorios; y conservar, asumir un compromiso activo con la vida y los ecosistemas. Este esquema orienta las acciones del movimiento en los distintos contextos donde tiene presencia.
Según Lara, este proceso tiene un impacto directo en la forma en que las mujeres se relacionan con su entorno y fortalecen el tejido social en sus comunidades. La conservación, señala, se convierte en una experiencia colectiva que integra saberes, trabajo y sentido de pertenencia.
El movimiento resalta que las acciones cotidianas permiten vincular la protección ambiental con dinámicas locales existentes.
La elaboración de productos, el trabajo comunitario y la transmisión de conocimientos se presentan como espacios donde la conservación se vive de manera práctica y cercana, sin desligarse de las realidades sociales de cada territorio.
“Cuando una mujer transforma su relación con la naturaleza, transforma también su entorno. La conservación genera orgullo y esperanza, porque nos recuerda que somos parte de la solución y no simples espectadores de la crisis ambiental”, explicó.
En medio de los crecientes desafíos climáticos y la pérdida acelerada de biodiversidad, Mujeres por la Conservación plantea una visión alternativa: una conservación vivida desde la alegría, la comunidad y las prácticas diarias. La propuesta busca demostrar que el cuidado del medio ambiente puede ser un camino hacia un futuro sostenible y profundamente humano.