El cuerpo humano está acostumbrado a gran parte de las condiciones que se encuentran en el planeta Tierra; salvo por fríos intensos o calores extremos, la vida en general tiende a adecuarse a otras características de nuestro hogar.
Sin embargo, cuando el humano sale de la Tierra, el cuerpo tiende a cambiar algunos de sus comportamientos con los que se desarrolla desde el nacimiento de cada persona, especialmente influenciado por el cambio de gravedad fuera del planeta Tierra.
Ejemplo de ello es el proceso de recuperación al que se afrontaron los cuatro astronautas de la misión Artemis II, que hace parte de la gran misión de la Nasa para regresar a la Luna, con el fin de captar los recursos en la Luna y pensar en un viaje a Marte. Ellos tuvieron que readaptar su cuerpo a las condiciones terrestres, pues perdieron su equilibrio, por ejemplo; así como un debilitamiento de su cuerpo.
En redes sociales, fue Christina Koch la que se refirió a este proceso, hablando sobre lo que le sucedía al cuerpo, indicando que "cuando vivimos en microgravedad, los sistemas de nuestro cuerpo que han evolucionado para informar a nuestro cerebro sobre nuestros movimientos, los órganos vestibulares, no funcionan correctamente. Nuestro cerebro aprende a ignorar esas señales, por lo que, al regresar a la gravedad, dependemos en gran medida de nuestros ojos para orientarnos visualmente", según la publicación en redes sociales.
No obstante, la presencia relativamente cerca de la atmósfera para el cuerpo no es igual a alejarse más de esta y sobre ello, un estudio enfocado en la reacción del corazón en Marte, hace un análisis de los cambios corporales en otro tipo de condiciones.

¿El corazón cambia su comportamiento si el cuerpo está en el espacio?
Un estudio realizado por las universidades de Chicago y Nebraska, y publicado en la revista npj Microgravity, reveló que el corazón de roedores no redujo su fuerza luego de 38 días en la Estación Espacial Internacional. De acuerdo con esta revisión, los científicos revisaron los sarcómeros, las estructuras celulares que permiten al corazón funcionar debidamente, lo que incluye el proceso de latidos y el correcto fluido de sangre al resto del cuerpo. Fueron cinco los ratones estudiados en la EEI, cuyas características fueron comparadas con otros animales en la Tierra, que también estaban apartados.
Lo primero que destaca este estudio fue que la contracción de los sarcómeros se mantuvo igual entre ambos grupos, indicando que tampoco hubo pruebas moleculares que indicaran un peso en las proteínas, lo que tiene como consecuencia la conservación de la capacidad de funcionamiento durante el tiempo de exposición en el espacio.
Uno de sus autores, Jonathan Kirk, indica que el grupo científico consideraba que se hallarían fallas en el grupo de ratones que viajaron al espacio. La frecuencia de los latidos de los ratones pueden llegar a los 600 latidos por minuto, dado que tienen un metabolismo acelerado; en comparación con el cuerpo humano, es mucho mayor, dado que una persona puede tener entre 60 y 100 latidos por cada 60 segundos.

Es decir, mientras que para los humanos pasaron 38 días y medio, para los ratones pasaron entre siete y diez meses, de acuerdo con las estimaciones de la investigación. En este tiempo, se calculó si habían fallos en el funcionamiento del corazón.
Pero este estudio aún está en una etapa de análisis y; por lo tanto, deben seguir realizando seguimientos, puesto que a largo plazo no se descartan fallos por productos de inflamación en las células cardíacas, algo a lo que prestarán mayor atención en el futuro. A propósito, anunciaron que realizarán procesos similares con otros tejidos corporales de animales, con el fin de determinar si, entre más tiempo, se contiene la inflamación por la exposición espacial.
También buscarán analizar el impacto en el cuerpo y en el órgano de mayor relevancia, con el fin de conocer el tiempo en microgravedad y el estrés tras el regreso a la Tierra, esperan acceder a muestras de la Estación Espacial Internacional para este fin, dado que les daría datos más precisos. Este experimento es importante para las agencias espaciales, pues deben mantenerse alerta ante la salud de los astronautas que viajen al espacio en el futuro.