Mantener una alimentación adecuada durante el tratamiento del cáncer es uno de los desafíos que enfrentan los pacientes, debido a síntomas como la falta de apetito, los cambios en la percepción de los sabores y las dificultades para consumir determinados alimentos.
Estas situaciones pueden reducir la ingesta de nutrientes en una etapa en la que el organismo necesita suficiente energía y proteínas para conservar su estado nutricional y su masa muscular.
De acuerdo con la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo (ESPEN), las personas con cáncer pueden requerir un aporte específico de calorías y proteínas durante el tratamiento, dependiendo de su condición clínica y de sus necesidades individuales. Por esta razón, la alimentación debe formar parte del cuidado integral, con una evaluación que permita identificar posibles deficiencias nutricionales y establecer estrategias para cubrir los requerimientos de cada paciente.
En este contexto, alimentos como la leche, el yogur y los quesos pueden contribuir al consumo de nutrientes esenciales, siempre que se incorporen dentro de una dieta diversa y ajustada a la tolerancia, las preferencias y las recomendaciones del equipo médico y nutricional.
Las proteínas, fundamentales para preservar la masa muscular
Uno de los principales objetivos nutricionales durante el tratamiento oncológico es evitar, en la medida de lo posible, la pérdida de peso y de masa muscular. La enfermedad, los cambios metabólicos, la inflamación y los efectos secundarios de algunas terapias pueden dificultar la alimentación y afectar la capacidad del organismo para mantener sus reservas nutricionales.
Las proteínas cumplen un papel fundamental en la conservación y reparación de los tejidos, así como en el mantenimiento de la masa muscular. Por ello, garantizar un consumo suficiente puede ser especialmente importante para las personas que atraviesan un proceso de tratamiento contra el cáncer.
“Durante el tratamiento del cáncer, la alimentación es una parte fundamental del cuidado integral. No se trata únicamente de comer suficiente, sino de garantizar el aporte de energía y nutrientes que el organismo necesita. Las proteínas son especialmente importantes para mantener la masa muscular, por lo que debemos prestar atención a su cantidad, calidad y fuentes alimentarias, siempre desde una evaluación individual”, explicó Ricardo Merchán, nutricionista del Centro Latinoamericano de Nutrición (CELAN).
La selección de alimentos debe considerar, además, los síntomas que presente cada persona, pues las náuseas, la falta de apetito, las alteraciones del gusto y las molestias al masticar o tragar pueden hacer necesario modificar las porciones, las texturas y la frecuencia de las comidas.
¿Qué aportan los lácteos durante el tratamiento del cáncer?
La leche, el yogur y los quesos constituyen algunas de las fuentes alimentarias de proteínas que pueden ayudar a cubrir los requerimientos nutricionales durante el tratamiento oncológico. Estos productos aportan proteínas de buena calidad, con aminoácidos esenciales que el organismo necesita para diferentes funciones, además de calcio y otros nutrientes.
El calcio contribuye al mantenimiento de los huesos y adquiere especial relevancia en determinadas personas con cáncer de seno que reciben tratamientos hormonales capaces de afectar la densidad mineral ósea. Sin embargo, su consumo por sí solo no previene las complicaciones óseas asociadas a estas terapias, por lo que es importante realizar un seguimiento médico y evaluar las necesidades nutricionales de cada paciente.
Otra característica de los lácteos es su versatilidad. Según la tolerancia individual, pueden incorporarse en batidos, bebidas, cremas y otras preparaciones que faciliten el consumo de nutrientes cuando las comidas habituales resultan difíciles de tolerar.
“Los lácteos nos permiten incorporar nutrientes importantes, como proteína y calcio, de distintas maneras en la alimentación cotidiana. Hoy contamos con una categoría diversa y con innovaciones que amplían las opciones nutricionales disponibles. Desde Alpina queremos acercar este conocimiento a las personas y mostrar cómo los alimentos pueden contribuir a una nutrición adecuada, considerando las necesidades de cada persona”, señaló Paola Yanquén, gerente de Asuntos Regulatorios, Alimentarios y Nutrición de Alpina.
Subrayó que la inclusión de estos productos, no obstante, debe responder a las condiciones de cada paciente. Las personas con intolerancia a la lactosa pueden considerar alternativas deslactosadas, mientras que quienes tengan restricciones alimentarias específicas deben consultar con sus profesionales de salud para determinar cuáles opciones son adecuadas.
Recomendaciones para alimentarse
Cuando los efectos secundarios del tratamiento interfieren con la alimentación, realizar algunos ajustes puede facilitar el consumo de energía y nutrientes. Estas medidas deben adaptarse a los síntomas y a las indicaciones del equipo médico.
Entre las recomendaciones se encuentran:
Ante la falta de apetito: consumir porciones pequeñas y frecuentes, priorizando alimentos que aporten energía y proteínas. Los batidos y las preparaciones con leche o yogur pueden ser alternativas cuando se toleran adecuadamente.
Cuando existen molestias al comer: adaptar la textura de los alimentos y recurrir a preparaciones suaves y húmedas puede facilitar su consumo. Las dificultades para masticar o tragar requieren una valoración profesional para identificar su causa y establecer las medidas apropiadas.
Si cambia la percepción de los sabores: probar diferentes temperaturas, combinaciones y formas de preparación puede ayudar a identificar alimentos más agradables. Las preferencias pueden variar durante el tratamiento, por lo que conviene ajustar las comidas a la tolerancia de cada persona.
En caso de intolerancia a la lactosa: evaluar productos deslactosados puede permitir mantener algunas opciones lácteas en la alimentación, siempre que sean adecuadas para el paciente.
Estas estrategias no sustituyen la valoración nutricional. Si se presenta una pérdida de peso involuntaria, una reducción persistente de la ingesta o dificultades para consumir alimentos y líquidos, es importante informar al equipo de salud para recibir orientación oportuna.
La alimentación como parte del cuidado integral
El acompañamiento nutricional durante el cáncer busca responder a las necesidades de cada paciente, prevenir o tratar la desnutrición y favorecer el mantenimiento de la masa muscular y del estado general. Para ello, es necesario considerar el tipo de cáncer, el tratamiento recibido, los síntomas, la tolerancia a los alimentos y las posibles condiciones asociadas.
Desde esta perspectiva, los lácteos pueden ser una alternativa para aportar proteínas, calcio y otros nutrientes, pero no constituyen un tratamiento contra el cáncer ni reemplazan las terapias oncológicas. Su inclusión debe evaluarse como parte de un patrón de alimentación diverso y suficiente.
Se destaca el papel de los alimentos lácteos dentro de una nutrición adecuada durante el tratamiento, al tiempo que los especialistas subrayan la importancia de contar con orientación médica y nutricional individualizada. El objetivo es que las personas con cáncer puedan mantener, en la medida de sus posibilidades, una alimentación que responda a sus necesidades y contribuya a su bienestar durante el proceso de atención.
Claves del tema en cuatro preguntas:
¿Por qué es importante mantener una alimentación adecuada durante el tratamiento del cáncer?
Una alimentación suficiente y equilibrada ayuda a cubrir las necesidades de energía y nutrientes del organismo, preservar la masa muscular y mantener el estado nutricional. Sin embargo, síntomas como la falta de apetito, los cambios en el gusto y las dificultades para comer pueden reducir el consumo de alimentos y aumentar el riesgo de pérdida de peso.
¿Qué papel cumplen las proteínas durante el tratamiento oncológico?
Las proteínas son esenciales para conservar y reparar los tejidos, así como para mantener la masa muscular. Durante el tratamiento del cáncer, algunas personas pueden necesitar un mayor aporte de proteínas y calorías, de acuerdo con su condición clínica y sus necesidades individuales. Por eso, es importante contar con una valoración y orientación nutricional especializada.
¿Qué beneficios aportan la leche, el yogur y los quesos a las personas con cáncer?
Los lácteos aportan proteínas de buena calidad, aminoácidos esenciales, calcio y otros nutrientes que contribuyen al funcionamiento del organismo. Además, pueden incorporarse en diferentes preparaciones, como batidos y cremas, para facilitar el consumo de nutrientes cuando existen dificultades para alimentarse. Su inclusión debe adaptarse a la tolerancia y las necesidades de cada paciente.
¿Qué recomendaciones ayudan a alimentarse cuando aparecen efectos secundarios del tratamiento?
Se recomienda consumir porciones pequeñas y frecuentes, priorizar alimentos ricos en energía y proteínas, adaptar las texturas cuando sea necesario y probar diferentes temperaturas y preparaciones si cambia la percepción de los sabores. Las personas con intolerancia a la lactosa pueden considerar productos deslactosados. Si hay pérdida de peso involuntaria o dificultades persistentes para comer o beber, deben consultar al equipo médico y nutricional.