Durante décadas, los agujeros negros han sido asociados con la destrucción total de la materia. No obstante, los estudios científicos muestran un panorama distinto. La Nasa señala que “un agujero negro es un objeto astronómico con una fuerza gravitatoria tan fuerte que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de él”.
La agencia explica que el límite de este fenómeno es el horizonte de sucesos, definido como “la región donde la velocidad necesaria para escapar supera la velocidad de la luz”. Todo lo que cruza ese límite queda atrapado, sin posibilidad de regresar al espacio exterior.
Tipos de agujeros negros en el universo

Las observaciones han permitido identificar varias clases de agujeros negros. Según la Nasa, los de masa estelar tienen “entre tres y varias decenas de veces la masa del Sol” y se distribuyen a lo largo de la Vía Láctea. Estos se originan cuando una estrella masiva agota su combustible y colapsa bajo su propio peso.
En el centro de la mayoría de las galaxias grandes se encuentran los agujeros negros supermasivos, que pueden alcanzar “entre 100.000 y miles de millones de masas solares”. La Nasa indica que estos objetos “existen desde las primeras etapas de vida de una galaxia”.
También se ha planteado la existencia de agujeros negros de masa intermedia, con un peso de “entre 100 y más de 10.000 masas solares”. La evidencia más clara se registró en 2019, cuando se detectó la fusión de dos agujeros negros de masa estelar que dio origen a uno de 142 masas solares.
Cómo se forman y crecen los agujeros negros
De acuerdo con la Nasa, un agujero negro de masa estelar se forma cuando una estrella con más de 20 veces la masa del Sol colapsa tras una supernova. Si el núcleo supera tres masas solares, “ninguna fuerza conocida puede detener su colapso”.
Una vez formados, los agujeros negros crecen al atraer materia de su entorno. La agencia explica que pueden acumular “gas desprendido de estrellas cercanas e incluso otros agujeros negros”, un proceso que ocurre de forma gradual.
Imágenes y ondas que confirmaron su existencia

En 2019, la astronomía alcanzó un hito cuando se obtuvo la primera imagen directa de un agujero negro. La Nasa detalló que la imagen muestra “un círculo oscuro rodeado por un disco brillante de materia caliente” en el centro de la galaxia M87, ubicada a unos 55 millones de años luz de la Tierra.
Otro avance clave ocurrió en 2015, con la detección directa de ondas gravitacionales. La agencia recuerda que estas ondas fueron “predichas por Albert Einstein hace un siglo” y permitieron observar la fusión de dos agujeros negros ocurrida hace 1.300 millones de años.
Agujeros negros y evolución de las galaxias
Lejos de destruir su entorno, los agujeros negros supermasivos influyen en la dinámica de las galaxias. En el centro de la Vía Láctea se encuentra Sagitario A*, con una masa equivalente a cuatro millones de soles.
La Nasa aclara que, si el Sol fuera reemplazado por un agujero negro de igual masa, “los planetas permanecerían en sus órbitas”, aunque el sistema solar se enfriaría por la ausencia de luz solar.
Lo que no son los agujeros negros
La agencia espacial enfatiza que los agujeros negros “no son agujeros de gusano” ni portales a otros universos. Tampoco actúan como aspiradoras cósmicas. A grandes distancias, su gravedad “es equivalente a la de cualquier otro objeto con la misma masa”.
Las observaciones continúan mediante telescopios espaciales y detectores de ondas gravitacionales, con el objetivo de comprender el papel que cumplen los agujeros negros en la evolución del universo.