Una semana después del terremoto que golpeó al país, la emergencia continúa lejos de terminar para miles de familias en Risaralda que perdieron sus viviendas y ahora permanecen en albergues comunitarios de Pereira.
El más reciente balance de las autoridades registra 108 personas fallecidas, 584 heridas y 251 desaparecidas, mientras los organismos de socorro continúan con las labores de búsqueda, rescate y atención de los damnificados. Hasta ahora, 268 personas han sido rescatadas y se estima que 54.579 familias resultaron afectadas por el movimiento telúrico.
La dimensión de la tragedia también se refleja en los daños materiales. 11.627 viviendas quedaron destruidas y otras 47.717 resultaron averiadas. Además, 109 edificios colapsaron y 5.304 presentan afectaciones.
La infraestructura pública tampoco salió ilesa: 343 instituciones educativas, 45 centros de salud, 137 vías y 18 acueductos registran daños.
Pero detrás de estas cifras están las familias que, una semana después del terremoto, todavía no saben cuándo podrán volver a tener un lugar seguro donde vivir.
“La vivienda se destrozó toda y no quedó nada”
En el parque Olaya Herrera, uno de los primeros albergues habilitados en Pereira, permanecen alrededor de 1.200 personas.
Muchas de ellas perdieron completamente sus viviendas y han tenido que pasar las noches bajo carpas, mientras otras tuvieron que enfrentar inicialmente la emergencia prácticamente a la intemperie.
Las condiciones se hicieron todavía más difíciles durante las últimas horas debido a las lluvias que golpearon la ciudad.
Una de las mujeres damnificadas contó que antes de recibir una carpa, tuvo que protegerse con plásticos para intentar resguardarse del agua.
“Estábamos en el aire libre y ayer nos cogió prácticamente el aguacero. Tocó taparnos con unos plásticos y, gracias a Dios, los policías nos ayudaron con las carpas y nos regalaron unas colchoneticas”, dijo.
Señaló que su familia está integrada por tres adultos, una niña de cuatro años y un cachorro de apenas dos meses. Sus integrantes aseguraron que cuando ocurrió el terremoto se encontraban trabajando en diferentes sectores de la ciudad.
Sn embargo, su vivienda quedó completamente destruida. “La vivienda se destrozó toda y no quedó nada”, agregó
El relato resume la situación de cientos de familias que no solamente perdieron sus casas, sino también buena parte de sus pertenencias y, con ellas, la posibilidad de regresar a una vida normal en el corto plazo.
La emergencia también está golpeando la salud de los damnificados
La falta de vivienda no es la única preocupación en el parque Olaya Herrera.
Los líderes que acompañan a las familias han advertido sobre personas con enfermedades de base, pacientes que necesitan medicamentos y casos relacionados con salud mental.
Juan Vélez, líder comunitario que acompaña la atención en el albergue, aseguró que una de las dificultades está relacionada precisamente con la disponibilidad de medicamentos.
“Al no tener un apoyo institucional aquí en el albergue, no están, por ejemplo, los medicamentos necesarios para atender este tipo de enfermedades”, explicó.
La situación se vuelve todavía más compleja porque algunas personas continúan buscando a familiares que permanecen desaparecidos, mientras otras necesitan encontrar un lugar donde puedan permanecer durante los próximos días.
Según Vélez, la capacidad de atención disponible no alcanza para responder a todas las necesidades.
Aunque organizaciones y líderes comunitarios han conseguido llevar profesionales de psicología, médicos y personal pediátrico, el dirigente considera que estos esfuerzos no son suficientes frente al número de personas concentradas en el lugar.
“A pesar de que los esfuerzos comunitarios han logrado traer equipos psicológicos, equipos médicos, pediátricos y demás, no es suficiente la capacidad que tenemos instalada”, añadió.
Familias buscan a sus desaparecidos y esperan una solución de vivienda
En el albergue también permanecen personas que todavía no han podido localizar a familiares después del terremoto.
Vélez explicó que algunos damnificados continúan buscando a sus seres queridos, mientras otros esperan una solución que les permita abandonar el albergue y encontrar un lugar seguro donde permanecer.
“Tenemos en este momento varias personas que aún siguen buscando a sus familiares, que siguen buscando un lugar donde quedarse”, aseguró.
Según el líder comunitario, el problema es que todavía se requiere mayor capacidad técnica para identificar las necesidades de cada familia y definir alternativas de reubicación.
La situación refleja uno de los principales desafíos que enfrenta Pereira una semana después del terremoto: pasar de la atención inmediata a soluciones que permitan a las familias recuperar progresivamente sus condiciones de vida.
Piden mayor presencia de las autoridades
Los responsables del albergue también hicieron un llamado a la Alcaldía de Pereira y a las autoridades departamentales para fortalecer la presencia institucional.
Además de vivienda y atención médica, los líderes aseguran que existen preocupaciones relacionadas con seguridad y salubridad, especialmente por la cantidad de personas concentradas en un mismo espacio.
Vélez pidió que funcionarios con capacidad de decisión visiten directamente el parque para conocer las condiciones en las que permanecen los damnificados y adoptar medidas.
“Necesitamos al secretario de Gobierno, a la secretaria de Infraestructura, a la secretaria de Desarrollo Social y, sobre todo, al alcalde”, dijo.
El líder comunitario también manifestó preocupación por algunos episodios de conflicto y presuntos intentos de hurto registrados en el sector.
Según explicó, el parque Olaya Herrera es uno de los albergues comunitarios con mayor concentración de personas y, por esa razón, requiere un acompañamiento institucional permanente.
“Corremos mucho más riesgo de seguridad y salubridad, pero no estamos teniendo la visión. Lo que estamos pidiendo es la presencia suficiente por parte de la institución”, concluyó.
Una semana después, la emergencia sigue presente
Mientras los organismos de socorro mantienen las labores de búsqueda y atención, las familias damnificadas enfrentan una segunda etapa de la tragedia.
Ya no se trata únicamente de sobrevivir a las primeras horas posteriores al terremoto. Ahora deben enfrentar la pérdida de sus viviendas, la incertidumbre por sus familiares desaparecidos, la necesidad de medicamentos y atención médica y psicológica, además de las dificultades para protegerse de la lluvia y la falta de claridad sobre dónde vivirán en los próximos días.
El balance conocido hasta ahora deja 108 fallecidos, 584 heridos, 251 desaparecidos y 268 personas rescatadas, además de más de 54.000 familias afectadas.
En Pereira, mientras la lluvia cae sobre las carpas del parque Olaya Herrera, cientos de familias esperan que la ayuda de emergencia se convierta pronto en respuestas concretas: un techo seguro, atención para quienes lo necesitan y acompañamiento para comenzar a reconstruir sus vidas después de haberlo perdido casi todo.
Claves del tema, en cuatro preguntas:
¿Cuántas personas permanecen en el albergue del parque Olaya Herrera de Pereira?
Se estima que alrededor de 1.200 personas permanecen actualmente en este albergue comunitario de Pereira, entre ellas familias que perdieron completamente sus viviendas.
¿Cuáles son las principales necesidades de los damnificados?
Entre las principales necesidades se encuentran vivienda, medicamentos, atención médica y psicológica, alimentación, elementos para dormir y mayor protección frente a las lluvias y las condiciones de seguridad.
¿Qué dificultades se han reportado en materia de salud?
Los líderes del albergue han advertido sobre personas con enfermedades de base y casos de crisis de salud mental que requieren medicamentos y atención profesional, mientras que la capacidad disponible resulta insuficiente para atender a toda la población.
¿Qué solicitan los líderes comunitarios a las autoridades?
Piden una mayor presencia de la Alcaldía de Pereira y de las autoridades departamentales, especialmente de las secretarías de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Social, además de acompañamiento permanente en seguridad, salud y reubicación de las familias damnificadas.