El ultraderechista Jair Bolsonaro, líder en los sondeos para las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.
El ultraderechista Jair Bolsonaro, líder en los sondeos para las elecciones presidenciales de octubre en Brasil.
AFP
16 Sep 2018 01:18 PM

A tres semanas de elecciones en Brasil, Jair Bolsonaro lidera pero su campaña sigue en duda

El político fue herido hace diez días en un mitin.
Germán
Germán
Espejo
@gerespejo

Cuando faltan este domingo tres semanas para la primera vuelta de las elecciones en Brasil, se mantiene en duda la participación en lo que resta de campaña del ultraderechista Jair Bolsonaro, quien lidera los sondeos pero convalece de una cuchillada que sufrió durante un mitin.

Bolsonaro, favorito para la primera vuelta de los comicios que se celebrará el próximo 7 de octubre, dejó este domingo la unidad de terapia intensiva de la clínica Albert Einstein, donde permanece desde hace diez días, pero los médicos no informaron sobre una posible alta ni sobre futuras restricciones cuando deje el hospital.

Según los médicos, fue trasladado a "cuidados semiintensivos", presenta "una buena evolución clínica" y no ha tenido fiebre, aunque es alimentado "exclusivamente" por vía endovenosa y recibe atención contra una posible "trombosis venosa", así como continúa con un tratamiento de "fisioterapia respiratoria y motora".

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El capitán de la reserva del Ejército, a quien las encuestas le atribuyen una intención de voto del 26 %, fue víctima el pasado día 6 de una cuchillada asestada por un hombre que alegó "temores" ante sus "radicales propuestas" y le causó graves heridas en el abdomen.

El candidato, que ha provocado polémicas con declaraciones que han sido tachadas de racistas, homofóbicas o machistas, ha pasado en los últimos diez días por dos operaciones para tratar las lesiones que fueron detectadas en su aparato intestinal.

El hospital no ha dado hasta ahora una sola pista sobre su alta, pero fuentes médicas consultadas dijeron que el proceso de recuperación de unas heridas como las que ha sufrido puede impedir que participe en lo que resta de campaña en las calles.

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Incluso, pudiera ocurrir que deba seguir en reposo hasta después de la segunda vuelta, prevista para el 28 de octubre en el caso de que ningún candidato supere el 50 % de los votos, algo que todos los sondeos prevén, en un escenario electoral totalmente atomizado.

Aún después del atentado, Bolsonaro se ha consolidado como gran favorito para estar en la segunda vuelta, mientras que otros cuatro candidatos disputan la plaza restante.

Los últimos sondeos han detectado una fuerte disputa de votos en el campo progresista entre el laborista Ciro Gomes y el socialista Fernando Haddad, quien sustituyó a Luiz Inácio Lula da Silva como candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT).

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Lula, quien tenía las simpatías del 40 % del electorado, fue inhabilitado por la Justicia por su condición de preso y condenado a 12 años por corrupción en segunda instancia, lo cual impide su postulación, de acuerdo a las normas electorales del país.

En las encuestas, Gomes y Haddad aparecen empatados con un 13 % de la intención de voto, seguidos de cerca por el socialdemócrata Geraldo Alckmin (9 %) y la ecologista Marina Silva (8 %), que en las próximas semanas aún pudieran remontar la cuesta.

A pesar del claro favoritismo de Bolsonaro para el 7 de octubre, el futuro parece serle adverso al candidato de la ultraderecha, quien de acuerdo a todos los sondeos sería derrotado en la segunda vuelta por Gomes, Alckmin y Silva, y estaría en una situación de empate técnico en caso de que su adversario fuera Haddad.

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Con ese escenario, una de las grandes dudas de los analistas es el impacto que pueda tener la previsible ausencia de Bolsonaro en los cuatro debates previstos para las próximas tres semanas en la televisión, que en Brasil aún es el principal medio de comunicación para la propaganda política.

La campaña del candidato ultraderechista, desde el atentado, ha sido asumida por su compañero de fórmula, Hamilton Mourao, un general de la reserva de línea dura y, que como Bolsonaro, es un nostálgico de la última dictadura (1964-1985), pero carece de la proyección y el arrastre que ha mostrado el capitán entre el electorado.