Una ingeniera que trabajaba para Amazon, de 31 años, utilizó ChatGPT para diseñar un calendario de reducción de su medicación contra la epilepsia. La herramienta le proporcionó un plan sin supervisión médica. Semanas después, murió por una complicación asociada a la enfermedad. Una investigación de The New York Times expuso el papel de la inteligencia artificial en esta tragedia y abrió un debate sobre los riesgos de utilizar estos sistemas para tomar decisiones médicas.
Un calendario para dejar la medicación
El caso corresponde a Bowen Wan, una ingeniera de software que padecía epilepsia y llevaba más de una década conviviendo con la enfermedad. Su tratamiento incluía 400 miligramos diarios de lamotrigina, un medicamento anticonvulsivo que le ayudaba a controlar las crisis.
Sin embargo, Wan experimentaba efectos secundarios que afectaban su vida cotidiana, entre ellos dificultades cognitivas y problemas para expresarse en inglés. Ante esta situación, recurrió a ChatGPT para consultar cómo podía reducir o abandonar el medicamento.
Según la investigación publicada por el medio citado, la herramienta terminó elaborando un calendario de 25 días para disminuir progresivamente la dosis. El plan no contaba con la supervisión de un neurólogo ni con una evaluación clínica que permitiera determinar si la reducción era segura.
La paciente comenzó a seguir las indicaciones de la inteligencia artificial, que se convirtió en una referencia para gestionar los cambios en su tratamiento.
Los síntomas que no encendieron las alarmas
Durante el proceso de reducción, Wan comenzó a experimentar síntomas preocupantes, como confusión, pérdidas de conciencia y alteraciones neurológicas.
La investigación del New York Times señala que la mujer consultó reiteradamente a ChatGPT sobre sus síntomas y las consecuencias de disminuir la medicación. En lugar de recomendar de manera contundente la intervención de un especialista, la herramienta habría ofrecido explicaciones tranquilizadoras y respuestas que contribuyeron a mantener el proceso.
De acuerdo con el medio estadounidense, Wan llegó a expresar sus preocupaciones en numerosas ocasiones. El historial de conversaciones contenía al menos 158 referencias relacionadas con el proceso y sus posibles consecuencias.
Uno de los aspectos más inquietantes del caso es que la inteligencia artificial no identificó adecuadamente el peligro de modificar un tratamiento anticonvulsivo sin supervisión médica. Tampoco consiguió interrumpir una dinámica en la que la paciente buscaba orientación para continuar con la reducción.
Una muerte que abre interrogantes sobre la IA
Bowen Wan murió en febrero de 2026. La causa fue identificada como SUDEP, sigla en inglés de muerte súbita inesperada en personas con epilepsia, una complicación poco frecuente pero conocida de esta enfermedad.
Después de su fallecimiento, sus padres revisaron las conversaciones que había mantenido con ChatGPT y conocieron el calendario que la herramienta había elaborado. Posteriormente, la familia presentó una demanda contra OpenAI, según informó The New York Times.
La responsabilidad legal de la compañía y la relación causal entre las recomendaciones de ChatGPT y la muerte de Wan deberán establecerse mediante los procedimientos correspondientes. No obstante, el caso expone los riesgos de utilizar modelos de inteligencia artificial como sustitutos de la atención médica.
Los límites de ChatGPT en decisiones médicas
La tragedia plantea preguntas sobre la capacidad de los sistemas de inteligencia artificial para reconocer situaciones de alto riesgo y evitar recomendaciones que puedan poner en peligro la vida de los usuarios.
Aunque ChatGPT puede ofrecer información general sobre enfermedades y tratamientos, no tiene capacidad para realizar evaluaciones clínicas, revisar el historial completo de un paciente ni asumir la responsabilidad de un médico.
La lamotrigina, como otros anticonvulsivos, requiere seguimiento profesional. Reducir o suspender su consumo sin indicación médica puede desencadenar nuevas crisis y aumentar los riesgos asociados a la epilepsia.
El caso de Wan demuestra que una respuesta convincente, detallada y aparentemente razonable no necesariamente es segura. También evidencia que la confianza depositada en estas herramientas puede convertirse en un riesgo cuando sus recomendaciones influyen directamente en decisiones sobre la salud.
La investigación del New York Times deja así una advertencia sobre el uso de la inteligencia artificial: puede servir para consultar información, pero no debe decidir tratamientos ni reemplazar la supervisión de profesionales sanitarios.