La devastación que dejaron a su paso los potentes terremotos que azotaron Venezuela la semana pasada ha abierto intensos debates sobre la preparación y respuesta del régimen de Delcy Rodríguez, la pertinencia de un posible regreso de la líder de la oposición María Corina Machado y el papel de los fuerzas armadas bolivarianas en comandar las labores de rescate y recuperación de cadáveres que yacen hace más de 100 horas.
Pero la comunidad internacional no tiene ningún cuestionamiento en el valioso y vital papel que han jugado los cuerpos de rescatistas internacionales. Desde el momento cero de la tragedia el pasado jueves, gobiernos de todos el mundo se mostraron dispuestos al envío de equipos de rescatistas especializados, maquinaria pesada para la remoción de escombros, equipos de caninos entrenados para la identificación de heridos y tecnología de última generación para reconocimiento del terreno.
En medio del multicultural equipo internacional de rescate que ha estado llegando a través de aeropuertos militares (pues el aeropuerto internacional de Maiquetía permanece inoperativo) se destaca un grupo que ha tenido décadas de experiencia en la atención de desastres naturales en todo el mundo: Los Topos.
El trabajo que marcó su vocación
Su uniforme naranja, marcado con las banderas de los países donde han estado, cuenta una historia de servicio, sacrificio y esperanza.
Su historia comenzó entre el polvo, los gritos y los edificios colapsados tras el terremoto de 1985 en la Ciudad de México. Según cifras oficiales, 3.692 personas perdieron la vida en el sismo, pero estimaciones hechas por expertos y ONG hablan de una cifra de entre 10.000 y 20.000 fallecidos, en una de las tragedias más recordadas del continente americano.
En ese entonces, Los Topos trabajaron en medio de un país devastado, atendiendo a unos 30.000 heridos e intentando, con equipos limitados, encontrar cadáveres y heridos debajo de unos 400 edificios colapsados.
A pesar de su experiencia, no estaban preparados para lo que encontrarían en Caracas y La Guaira.
"Yo creo que este sí está peor. Estoy viendo lo que pasó en la costa, y está peor", aceptó Héctor "El Chino" Méndez, un voluntario de 80 años de Los Topos que ha dedicado cuatro décadas al servicio humanitario.
Las trabas en la ayuda humanitaria
Coordinar en terreno de manera urgente un equipo extranjero para asistir una catástrofe siempre es un desafío. Pero las condiciones en autocracias consolidadas aumentan una capa innecesaria de burocracia e impedimentos que se traducen en vidas perdidas.
Los equipos de rescate internacionales que atendían la emergencia ocurrida tras el terremoto de agosto de 2025 en Afganistán lo enfrentaron en carne propia.
El régimen de los talibanes, quienes controlan todos los estamentos del país asiático, impidió que rescatistas femeninas participaran de las labores humanitarias, e incluso, los voluntarios varones tenían prohibido tocar a las mujeres que yacían bajo los edificios derrumbados por cuestiones religiosas.
En Venezuela, una autocracia de hace más de 20 años, se presentaron otro tipo de obstáculos. El gobierno militarizó el estado y restringió el acceso a partir del viernes de noche. Abrió un registro para los voluntarios e impuso un permiso para acceder. El permiso se tramita en el Poliedro de Caracas, una enorme sala de conciertos.
La prensa solo podrá ingresar a esta zona en buses del gobierno, habilitados dos veces por día.
"El Gobierno tiene restringido el ingreso a La Guaira. Ingresan solo quienes ellos dicen", relató el reportero de La FM Aldair Rodríguez, quien tuvo que acceder al municipio a través de motos no autorizadas por el régimen.
El presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, uno de los voceros oficiales en la tragedia, insistió en que los voluntarios deberán ir “de manera ordenada”.
Dijo entonces que se habían registrado 2.242 rescatistas voluntarios y aseguró que unos 30.000 venezolanos especialistas atendían la emergencia. Además "hay más de 2.200 socorristas de 21 brigadas internacionales", indicaba Rodríguez.
Pero para Los Topos, nada fue impedimento. "Tenemos 40 años haciendo esto. Siempre tocamos puertas y se abren las que tienen que abrirse. Si yo voy y le pido a algún político o a alguna persona importante el apoyo y no me no me lo da, pues pues no me no me molesto. Porque sé que enseguida viene algo más importante", dijo Méndez.
"El Chino" dice que sus canas no representan la edad sino la experiencia, la misma que ha acumulado en casi un centenar de misiones de rescate en todos los continentes. "Siempre que lo haces de buena voluntad y vas en la ayuda del hermano, se abren las puertas".
A los Topos se les atribuye el rescate de más de 1,000 personas y en más de 40 años de trabajo nunca han perdido a uno de sus compañeros durante una misión.
Lo que importa es el reconocimiento de la gente
En redes sociales se viralizó un video en el que Diosdado Cabello, el ministro del Interior y segundo al frente del chavismo, se enfrentó a un oficial de ayuda del Gobierno estadounidense que intentaba dirigir su equipo de rescate hacia una de las zonas afectadas. “¿No quieres que vaya y ayude a la persona que está allí?”, se preguntaba el estadounidense.
Pero más allá de la valoración del Gobierno interino venezolano, a grupos de voluntarios como Los Topos solo les importa una cosa: salvar vidas.
"Es difícil para muchos iniciar el desprendimiento, el dejar a la familia, el dejar el trabajo. Cada quien tiene su trabajo y venir, pero lo hacemos con mucho gusto, con mucha pasión, pero sí también con esa formación importante y la parte humana que nos une como personas, como hermanos, porque nos unimos a ese sentir, ese dolor de la pérdida de un ser querido", relató otro miembro de Los Topos.
En el edificio Petunia, una de las estructuras que colapsó en Chacao, participaron de las labores de búsqueda, donde fueron localizados más de 10 cuerpos, todos sin vida. Aunque no siempre logran encontrar sobrevivientes, su misión nunca cambia, devolver esperanza a quienes aún esperan respuestas.