La ofensiva de Israel contra la cúpula militar iraní dio un nuevo salto este jueves con la confirmación de la muerte del almirante Alireza Tangsiri, comandante de la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), en un ataque aéreo que, según Tel Aviv, también acabó con la totalidad del alto mando naval de esa fuerza.
De acuerdo con las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el bombardeo tuvo lugar en la ciudad portuaria de Bandar Abbas, donde Tangsiri se encontraba reunido con otros altos oficiales. En la operación también murió el jefe de inteligencia naval, Behnam Rezaei, junto a otros mandos cuyos nombres no fueron revelados. El golpe, según Israel, busca desarticular la capacidad operativa marítima de Irán en pleno conflicto regional.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, defendió la acción al señalar que Tangsiri era “directamente responsable” de operaciones contra el tráfico marítimo, incluyendo el minado y bloqueo del estrecho de Ormuz. “Las Fuerzas de Defensa de Israel los perseguirán y los eliminarán uno por uno”, afirmó, en una advertencia explícita a la Guardia Revolucionaria.
En la misma línea, el primer ministro Benjamin Netanyahu celebró la operación y la calificó como parte de la estrategia conjunta con Washington. “Seguimos atacando con toda nuestra fuerza los objetivos del régimen terrorista iraní”, aseguró en un mensaje de video, subrayando la coordinación con Estados Unidos.
Una operación con miras al estrecho de Ormuz
El estrecho de Ormuz, eje clave del comercio energético global, se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del conflicto. Por esta vía transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, y su interrupción parcial por parte de Teherán ha generado un fuerte impacto en los precios internacionales. Según Israel, Tangsiri fue una de las figuras centrales en los intentos de cierre de esta ruta estratégica.
Sin embargo, en medio de la escalada militar también emergen señales de contención diplomática. Israel habría retirado de su lista de objetivos a dos figuras clave del liderazgo iraní: el canciller Abbas Araghchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Qalibaf. La decisión se produjo, según fuentes, tras gestiones de Pakistán ante Washington, con el argumento de preservar canales de diálogo.
Qalibaf, en particular, ha sido señalado como un interlocutor indirecto en contactos con el presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró recientemente estar explorando fórmulas para poner fin al conflicto. La suspensión temporal de estos objetivos refleja la tensión entre la ofensiva militar y los intentos de negociación.
Los esfuerzos de poner fin a la guerra
Pakistán, junto con Turquía y Egipto, ha asumido un papel de mediador en un escenario donde los canales directos entre Washington y Teherán permanecen bloqueados. El canciller paquistaní, Ishaq Dar, confirmó que existen intercambios indirectos de mensajes, incluyendo una propuesta estadounidense de 15 puntos que contempla desde el levantamiento de sanciones hasta restricciones al programa nuclear iraní.
Por su parte, Irán ha planteado condiciones propias, entre ellas el reconocimiento de su control sobre el estrecho de Ormuz, el fin de las hostilidades y garantías de no agresión. No obstante, el propio Araghchi negó que existan negociaciones formales, insistiendo en que la política actual de Teherán es la “resistencia”.