Reducción de contaminación en Europa por los confinamientos
Imágen de satélite que muestra la reducción de la contaminación en Europa por los confinamientos.
Twitter oficial Agencia Espacial Europea - @esa
31 Mar 2020 09:30 PM

Confinamientos han reducido la contaminación en Europa

Expertos señalan que la creciente pureza del aire no significa que se haya puesto freno al calentamiento global.
Daniela
Henao Cardozo
@CHenaodaniela

El confinamiento al que está sometida la mayor parte de los países europeos para frenar la propagación del coronavirus Covid-19 ha supuesto una importante reducción de la contaminación en España y otros países de Europa, tal y como muestran las observaciones del satélite Sentinel-5P de Copernicus, facilitadas por la Agencia Espacial Europea (ESA).

Según los datos facilitados por este satélite, este mes de marzo se han desplomado las concentraciones de dióxido de nitrógeno sobre varias grandes ciudades de Europa como Madrid, París y Roma, como ya ocurrió en China, donde las medidas de cuarentena comenzaron hace meses y de hecho, ya se están empezando a levantar. 

La pandemia del Covid-19, que se ha propagado con gran rapidez por el planeta, afecta a más de 180 países en donde se cuentan unas 3.380 millones de personas instadas a quedarse en casa, lo cual representa un 43 % de la población mundial con orden de confinamiento. 

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Científicos del Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI) han utilizado los datos de Sentinel-5P para seguir la evolución de la contaminación en Europa entre el 14 y el 25 de marzo, un periodo de diez días que permitió tener en cuenta "la variabilidad meteorológica y cuantificar el impacto de los cambios debidos a la actividad humana", explicó Henk Eskes, del KNMI.

Los investigadores del KNMI, en colaboración con científicos de todo el mundo, ha empezado a trabajar en un análisis más detallado empleando datos terrestres, datos atmosféricos y modelización inversa para interpretar las concentraciones observadas y poder calcular la influencia de las medidas de confinamiento.

Sin embargo, para obtener datos concreto de la variación en las emisiones del transporte y la industria, hay que combinar los datos con modelos de química atmosférica, un proceso que aún tardará en completarse, advierte Eskes.

Además, los científicos también están observando con atención otros países del norte de Europa, como los Países Bajos y el Reino Unido para ver los efectos de las medidas de cuarentena en el noroeste de Europa.

¿Los confinamientos tendrán repercusiones a largo plazo?

Emanuele Massetti, profesor en el Instituto de Tecnología de Georgia en Estados Unidos, ha estado estudiando los efectos que están teniendo las restricciones del Ejecutivo italiano sobre 60 millones de personas, que desde el 10 de marzo no pueden salir de sus casas.

“Ha habido un descenso en la contaminación en Italia. Eso se produce porque, en cuanto la gente deja de conducir, las emisiones bajan. La polución del aire tiene una vida muy corta. Cuando pasan unas semanas, es absorbida por los ecosistemas y el aire se limpia”, explicó. 

Sin embargo, Massetti avisa de que la creciente pureza del aire no significa que se haya puesto un freno al calentamiento global, ya que en la atmósfera hay acumuladas grandes cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial de mediados del siglo XVIII.

Por tanto, que la gente deje de conducir durante dos o cuatro semanas no tendrá grandes consecuencias a largo plazo porque se trata solo de una pequeña fracción de todos los gases de ese tipo que ya están en la atmósfera y causan el calentamiento global.

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Massetti, que vive en Estados Unidos, pero creció en Roma, subraya que “los efectos de la crisis del coronavirus en el cambio climático solo podrían hacerse patentes si la economía mundial colapsara durante años”, algo que precisamente están intentando evitar los organismos financieros y Gobiernos de todo el mundo.

¿Cambiará el mundo sus hábitos de consumo?

Por su parte, los más optimistas creen que sí podrían darse cambios a nivel individual, como el experto de la Universidad de California, Christopher Jones, para quien la gran pregunta es si la pandemia provocará cambios permanentes en los hábitos de consumo de la población mundial.

“Cada dólar que la gente gasta contribuye a un aumento de los gases de efecto invernadero. Quizá la gente descubra que le gusta hacer reuniones por internet, que eso puede ser eficiente, y dejen de gastar en hoteles, salas de conferencias y aviones”, argumenta Jones.

Este científico dirige un centro de investigación en Berkeley, California, que se dedica a calcular la “huella de carbono” de cada hogar en Estados Unidos, es decir, la totalidad de gases de efecto invernadero que se emiten como resultado de gastos en transporte, energía, comida, bienes o servicios.

Todavía no tiene información sobre el paro económico actual, pero está observando muy atentamente los datos que llegan sobre desperdicios de comida porque son uno de los factores que más contribuyen al cambio climático.

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En concreto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que el 30 % de los alimentos a nivel mundial se desperdicia, lo que contribuye a un incremento del 8 % sobre el total de las emisiones de efecto invernadero.

“Quizás esta crisis enseñe a la gente a desperdiciar menos la comida, o puede que tenga el efecto contrario, ya que muchos están comprando más de lo que necesitan”, reflexiona Jones, que para contribuir a ese cambio ha plantado en el jardín de su casa zanahorias, espinacas y cebollas.