Un bombardeo ejecutado el pasado 3 de marzo de 2026 en la provincia amazónica de Sucumbíos, en el norte de Ecuador, se convirtió en el detonante de una nueva y grave crisis diplomática con Colombia, en medio de acusaciones cruzadas y una escalada de tensiones políticas, militares y comerciales.
La operación, desarrollada por fuerzas ecuatorianas con apoyo de Estados Unidos, tenía como objetivo un campamento del grupo armado Comandos de la Frontera (CDF) en la zona limítrofe. Sin embargo, el presidente colombiano, Gustavo Petro, sostiene que el ataque habría tenido impacto en territorio colombiano, lo que ha elevado el tono del conflicto entre ambos gobiernos.
“Hay estallidos recurrentes” en la frontera, afirmó Petro, quien incluso advirtió sobre el riesgo de una potencial “guerra” al acusar a Ecuador y a Estados Unidos de haber vulnerado la soberanía de su país. Quito, por su parte, ha rechazado de manera categórica estas afirmaciones.
El mandatario colombiano informó además que el 17 de marzo fueron hallados 27 cuerpos calcinados en la zona fronteriza, un hecho que intensificó las preocupaciones sobre las consecuencias del operativo militar. La controversia se centra también en el hallazgo de una bomba activa en territorio colombiano y en una supuesta grabación del ataque.
Operativo contra el narcotráfico con apoyo de EE.UU.
El bombardeo formó parte de la estrategia ecuatoriana denominada “Ofensiva Total”, una política orientada a desarticular estructuras del narcotráfico y la minería ilegal. Dentro de ese marco, la operación específica —bautizada como “Exterminio Total”— se ejecutó con inteligencia compartida con Estados Unidos y combinó el uso de aeronaves, helicópteros, drones, embarcaciones y unidades terrestres.
Las acciones se concentraron en un campamento ubicado en la parroquia Santa Rosa, cantón Cascales, en Sucumbíos. Según autoridades ecuatorianas, el lugar funcionaba como centro de entrenamiento y descanso de los Comandos de la Frontera, un grupo armado vinculado al narcotráfico e integrado, en parte, por disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.
De acuerdo con información oficial, el complejo tenía capacidad para albergar a unos 50 combatientes y era frecuentado por su principal cabecilla, alias “Mono Tole”. Imágenes difundidas tras el operativo muestran varias estructuras rurales siendo impactadas por un racimo de bombas, así como el despliegue de helicópteros en la ribera de un río fronterizo.
Pese a la magnitud del ataque, no se confirmaron capturas ni bajas. Tras el bombardeo, tropas ingresaron al área y recolectaron armamento e indicios de actividades ilícitas. El Comando Sur de Estados Unidos calificó la operación como “exitosa” y señaló que marcó el inicio de “operaciones cinéticas letales” por parte de Ecuador.
El objetivo: alias “Mono Tole”
El blanco estratégico del operativo era Johnathan Alfredy Tole Collazos, conocido como alias “Mono Tole”, uno de los principales líderes de los Comandos de la Frontera y considerado objetivo prioritario por las autoridades colombianas.
El cabecilla opera en la región amazónica entre el departamento de Putumayo, en Colombia, y Sucumbíos, en Ecuador. De acuerdo con reportes de inteligencia, dirige rutas de narcotráfico, coordina entrenamientos armados y utiliza campamentos en territorio ecuatoriano como centros logísticos para el tránsito de droga y armas.
No hay confirmación de que haya sido dado de baja.
El choque por esta operación militar se suma a una crisis bilateral más amplia. Desde febrero, ambos países mantienen una guerra arancelaria con tarifas recíprocas que han escalado hasta el 50%, luego de que Ecuador acusara a Colombia de no ejercer control efectivo sobre la frontera, permitiendo el paso de cocaína, armas y grupos criminales.