Las críticas del técnico Leonel Álvarez al estadio Bello Horizonte–Rey Pelé de Villavicencio reavivaron el debate sobre las condiciones de los escenarios deportivos en el fútbol profesional colombiano. Tras el empate 1-1 entre Llaneros y Atlético Bucaramanga en la capital del Meta, el entrenador cuestionó públicamente el estado del terreno de juego y aseguró que no cumple con los estándares del alto rendimiento, al afirmar que “esto es un potrero”.
Reclamo por seguridad y calidad del espectáculo
Álvarez apuntó a problemas como la irregularidad del césped, la presencia de zonas blandas y sectores encharcados que, según explicó, afectan el rendimiento e incrementan el riesgo de lesiones. Aunque evitó señalar responsables directos, sostuvo que jugar en superficies deterioradas compromete la seguridad de los futbolistas y la calidad del espectáculo.
Sus palabras no solo pusieron el foco sobre el Rey Pelé, sino que reabrieron una discusión más amplia sobre la infraestructura deportiva del país.
Suspensiones y fallas estructurales
El escenario del Meta no es una excepción. Entre 2024 y enero de 2026, varios estadios del fútbol profesional colombiano han sido catalogados en estado crítico por técnicos, jugadores y por la propia DIMAYOR.
Uno de los más señalados es el Armando Maestre Pavajeau de Valledupar, casa de Alianza FC, donde se reportaron parches secos, desniveles, zonas sin césped y drenaje deficiente, situación que llevó incluso al aplazamiento oficial de partidos.

En una situación similar aparece el estadio Alberto Grisales de Rionegro, sede de Águilas Doradas, donde el deterioro del campo y las fallas estructurales en tribunas provocaron la suspensión de encuentros por infraestructura insegura.
A esto se suman las constantes críticas al estadio El Campín de Bogotá, afectado por el sobreuso para conciertos y eventos masivos, lo que ha dejado un césped blando, levantado e irregular, según han expresado jugadores y cuerpos técnicos.
Responsabilidad municipal y falta de inversión
El Polideportivo Sur de Envigado también ha estado en el centro de la polémica por presentar césped quemado, parches sin grama y deterioro visible en partidos oficiales.
Por su parte, el estadio La Independencia de Tunja, sede de Boyacá Chicó, ha sido cuestionado por drenaje deficiente, baches y fallas eléctricas, que incluso han provocado retrasos en compromisos de la Liga.
En la mayoría de los casos, los escenarios son de administración municipal, lo que implica que su mantenimiento depende de presupuestos locales y de la articulación con clubes y entes deportivos. El uso intensivo, la realización de conciertos, las temporadas de lluvia y la falta de inversión sostenida han complicado la conservación de los campos.
La crítica de Leonel Álvarez se suma a una cadena de reclamos que trascienden un solo estadio. Más allá del episodio en Villavicencio, el debate apunta a la necesidad de evaluaciones técnicas permanentes, planes de mantenimiento y mayores exigencias por parte de los organizadores del torneo.