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12 Sep 2016 07:27 AM

Sobrevivientes de Salgar no duermen y tienen problemas psicológicos

La
Fm

Las noches en Salgar son frías, largas y llenas de temor. Para los sobrevivientes de aquel 18 de mayo de 2015, cuando a las tres de la madrugada una avalancha acabó con la vida de 120 personas, dormir profundamente es casi imposible.

Luis Eduardo Ospina, sobreviente de la tragedia y quien después de perder su vivienda consiguió trabajo como celador en la guardería del municipio, la cual tuvo que ser desalojada, cuenta cómo sus sueños lo atormentan al recordar las decenas de cadáveres que vio aquel lunes festivo, día en que el cerro El Plateado se tragó a Salgar.

"Sueña uno con eso. Allí en la guardería sacaron 19 cuerpos, sacaban manos, cabezas, piernas, entonces como a uno le tocó ver esas cosas vive impresionado, porque no se le olvida eso. Yo me quedaba dormido y un amigo me llamaba 'Luis, Luis', entonces a uno no se le olvida eso", asegura Ospina.

El drama no es ajeno para los adultos mayores. Doña Belisa Rojas, de 60 años y quien perdió a sus dos hijas, ahora debe asistir al Centro Día, en donde recibe acompañamiento psicológico, aunque reconoce que si por ella fuera, nunca hablaría de la tragedia ocurrida en Salgar.

"Yo quedé enferma por eso. Me metí al Centro Día, me metí a la Fundación Oros, porque uno queda como sonámbulo por eso y como para poder olvidar lo que pasó. Para vivir entretenida con la gente hacíamos trabajos con pintura, trabajos con bordados, pero uno se acuesta y no duerme. Uno se acuerda de todo lo que tenía, por qué me tenía que pasarme esto", se pregunta doña Belisa.

"Yo no paro casi en la casa, me mantengo entretenida, en toda reunión que pueda allá estoy yo, hablando de otras cosas diferentes a lo que pasó", añade.

Las noches en Salgar son tormentosas, tanto para los que lo perdieron todo como para los mandatarios. El mismo alcalde de Salgar, Carlos Emel Cuervo, reconoce que aún tiene pesadillas en las noches.

"Me tocó hasta correr, cuando sentí eso me dijeron 'desocupe, desocupe'. Yo fui uno al que le tocó salir con la familia y ubicarnos en otro punto más estratégico. Fue una cosa muy impresionante, nunca imaginamos que nos fuera a ocurrir una cosa de estas", afirma el alcalde.

Aunque la quebrada La Liboriana sigue presentando crecientes súbitas, muchas familias aún se rehúsan a salir de sus viviendas construidas cerca al cauce. Aunque el Gobierno ya construyó las soluciones habitacionales, los habitantes deben hacer otro duelo para salir de sus hogares que están a punto de desplomarse.

Don Héctor Darío, quien habita a 10 metros de la quebrada La Liboriana y ahora debe desocupar, relató que "yo lloro porque me tengo que ir de mi rancho. Esa casa la tengo hace 14 años, me da tristeza, con dolor en el alma, pero me toca irme. Años de trabajo, de lucha, lavando un carro para llevar una libra de panela, pero me toca irme, bendito sea el señor. Ahí levanté a mi familia, pero me toca irme, la voluntad de Dios", lamenta don Hector.

Tanto el el párroco de Salgar, Ángel José Pareja, como el alcalde Cuervo, reclaman la necesidad de respetar la naturaleza. Ellos hacen campaña para que los habitantes entiendan que "lo que es del río es del río, y tarde que temprano el río lo reclama".