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AFP.
29 Dic 2017 03:49 AM

Lucha para salvar delfines rosados revela preocupante situación en la Amazonía

La matanza de delfines rosados, además de ponerlos en peligro de extinción, afecta a los niños y niñas de la zona, ya que su carne se usa para atrapar peces carniceros con altos contenidos de mercurio en su sangre.
La
Fm

El biólogo colombiano Fernando Trujillo lleva años estudiando los delfines rosados en la Amazonía colombiana. Sus investigaciones han mostrado cómo el uso de la carne de esos exóticos peces como carnada destapa una compleja cadena de contaminación en esa selva, el pulmón del mundo.

Trujillo lidera la fundación Omacha, que realizó un trabajo conjunto con la Sociedad Real Geográfica de Londres que tuvo como resultado un documental premiado que pronto será estrenado en Netflix.

La investigación demostró cómo los pescadores empezaron a usar la grasa del delfín amazónico como señuelo para pescar el pez piracatinga, conocido como 'mota' en Colombia o como ´douradinha´ en Brasil.

En Colombia nadie consumía ese pez porque es bien sabido que come animales muertos e incluso cadáveres humanos, pero “en el año 2000 un pez muy consumido en el Magdalena colombiano llamado 'capaz' empezó a desaparecer”, explica Trujillo. Fue entonces cuando se extendió la práctica de pescar piracatingas y hacerlas pasar por 'capaz'.

El investigador entendió que la matanza de los delfines rosados, además de ponerlos en peligro de extinción, afectaba a los niños y niñas de la zona, ya que se usaba para atrapar peces carniceros con altos contenidos de mercurio en su sangre.

Los niños empezaban a tener agudos dolores de cabeza, temblores y dolores en órganos internos, producto de consumir el veneno acumulado en el pescado carnicero.

“Con solo un delfín muerto los pescadores atrapaban 250 kilos de pescado. La práctica fue muy cuestionada por varios países”, explica Trujillo.

Se estima que en Brasil se pescan 1.500 delfines al año.

En 2014 se reveló un video que mostraba la pesca de peces carniceros en Brasil. El contenido suscitó una respuesta del Gobierno, que prohibió la pesca por cinco años.

Pero el Amazonas es un ecosistema transnacional, un pulmón de siete millones de metros cuadrados que no solo abarca a Brasil sino que incluye a Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Surinam, Venezuela, Guyana y Guyana Francesa. Cuando Brasil prohibió el consumo de peces carniceros, la caza de delfines se intensificó en Colombia, Bolivia y Perú.

Finalmente, en 2017, la investigación de Trujillo logró hacer que el Gobierno colombiano prohibiera la caza y comercialización de la piracatinga.

Pero el alto contenido de mercurio en el pez carnicero lleva a otro cuestionamiento. ¿De dónde sale el metal pesado en tanta cantidad?

“Para sacar un kilo de oro es necesario unos 1,32 kilos de mercurio. Muchas veces se usan hasta 10 kilos de mercurio para aislar un kilo de oro”, explica Trujillo. Los pescados, aunque no sean carniceros, consumen el mercurio que queda como residuo de la minería en el agua. Luego los peces carniceros se los comen y así acumulan más metal.

Se ha comprobado que el mercurio ataca el sistema nervioso central, el hígado y los riñones. “Muchas veces los síntomas se confunden con la malaria”, añade Trujillo.

El reto, según Trujillo, no es solo salvar los exóticos delfines rosados que por cientos de años han protagonizado poemas, mitos y leyendas indígenas. También hay que buscar alternativas productivas que protejan a la región de la minería y que además sean adoptadas por todos los gobiernos responsables de la Amazonía.

“La academia nos enseña que se debe investigar para producir artículos científicos, pero los políticos no leen publicaciones científicas, dice Trujillo.

El verdadero desafío entonces es crear equipos multidisciplinarios que logren que las investigaciones tengan efectos reales sobre las decisiones sociales y políticas.

Con información de Agencia Anadolu