Valledupar despierta temprano. Antes de que el sol termine de asomarse sobre la Sierra Nevada, hay calles que ya están barridas, esquinas que huelen a café recién colado y saludos que se repiten sin prisa. Así cumple 476 años Valledupar, una ciudad que no necesita actos solemnes para recordarse, porque su historia sigue viva en lo cotidiano.
Fundada en 1550, Valledupar aprendió a crecer escuchando. Aquí la memoria no se conserva solo en archivos: se cuenta, se canta y se transmite. El río Guatapurí continúa marcando encuentros y rutinas, mientras la Sierra observa el paso del tiempo sobre una ciudad que ha cambiado de forma, pero no de carácter.
La música aparece sin imponerse. No como origen exclusivo ni como disputa, sino como acompañamiento. El vallenato, gestado en un territorio más amplio del Caribe colombiano, encontró en la ciudad de Los Santos Reyes, un espacio donde consolidarse y proyectarse como relato colectivo. Canciones como La gota fría, Matilde Lina y Alicia adorada siguen sonando, no desde la nostalgia, sino desde la vida diaria.
Una mirada externa sobre la cultura ciudadana de la ciudad
Pero Valledupar también se explica desde gestos simples. De eso habló Sari la Italiana, reconocida creadora de contenido que ha recorrido gran parte del país y que tras su visita a la capital del Cesar, destacó la limpieza, el orden y la calidez de sus habitantes.
En diálogo con el programa Habla con Ella de La FM, la mujer resaltó la tradición de los vallenatos de salir desde muy temprano a barrer las calles, una práctica que según dijo refleja cultura ciudadana y amor por el territorio.
Durante su recorrido, Sari también exaltó la riqueza natural que rodea a la ciudad, marcada por el contraste entre la Sierra Nevada, el río Guatapurí y los árboles de mango que adornan sus calles, elementos que le dan a la capital del Cesar un aire único. Para la creadora de contenido, la ciudad no solo es un referente cultural, sino un destino que cautiva y se queda en el corazón de quienes lo visitan.
A sus 476 años, Valledupar no celebra únicamente su pasado. Celebra su gente, su entorno y una identidad que se construye todos los días, desde lo simple y lo auténtico, y que sigue contando su historia con orgullo.