En una casa de madera, levantada con esfuerzo en el sector San Nicolás del barrio Campo Alegre, en Villanueva, Bolívar, hoy solo queda el silencio y un dolor imposible de explicar.
Allí vivía Rafael Santos Guerra Almeida, un joven de 23 años que decidió irse al Ejército con el propósito cambiar la vida de su familia, especialmente la de su madre porque su mayor sueño era construirle una casa digna.
“Él se fue porque aquí no hay trabajo, no hay oportunidades… quería ayudar, quería salir adelante”, contó su madre, Ana María Almeida, en entrevista con La FM, aún sin poder asimilar la tragedia.
Rafael es una de las 69 víctimas del accidente del avión Hércules ocurrido el pasado 23 de marzo en Putumayo. Pero detrás de ese nombre hay una historia marcada por el esfuerzo, los sueños y una familia que hoy intenta entender su ausencia.
Un sueño que lo impulsó a irse
En medio de un entorno difícil, Rafael tomó la decisión de enlistarse junto a su primo, Mauro Peñaranda, buscando mejores oportunidades.
No fue fácil, según cuenta Ana María, su madre. Su familia tuvo que endeudarse para comprar los implementos que le exigían para ingresar.
“Nos tocó salir a buscar plata de donde no teníamos… si él no entregaba ese día, no entraba. Gracias a Dios alguien nos ayudó, y luego él mismo pagó todo con su trabajo”, recordó su madre.
Con disciplina, logró mantenerse en la institución y convertirse en el apoyo económico de su hogar.
“Con lo poquito que ganaba nos ayudaba aquí en la casa porque su papá es un señor ya, él no trabaja y yo también, lo que tengo es una chacita para sobrevivir día a día”, dijo.
La sorpresa que nunca llegó
Rafael llevaba cuatro meses sin ver a su familia. Sabían que en marzo saldría a permiso, pero no sabían exactamente cuándo. Quería sorprenderlos.
“Él le dijo a mi hermana que me iba a dar una sorpresa… esa fue la sorpresa que me iba a dar”, relató su madre, con la voz quebrada.
La última vez que hablaron fue el sábado 21 de marzo. “Me dijo: ‘vieja, relájate, estoy bien’… pero no me dijo que venía”.
Ese viaje sería especial. Su familia asegura que, además, tenía planes de venir a casarse con la madre de su hijo, un niño que está próximo a cumplir dos años.
Un sobreviviente de la misma familia
En el mismo avión viajaba su primo, Mauro Peñaranda, con quien había tomado la decisión de ingresar al Ejército. Él sobrevivió.
Según su relato, logró saltar de la aeronave en medio de la emergencia. Fue también quien se encargó de avisar a la familia lo ocurrido.
“Nosotros no sabíamos nada, fue el primo el que nos llamó. Si no es por él, todavía estuviéramos sin saber”, contó Ana María.
En Villanueva, Rafael era conocido por su segundo nombre ‘Santo’. Lo describen como un joven tranquilo, respetuoso, con ganas de salir adelante.
Era el menor de cinco hermanos y, para muchos, un ejemplo de esfuerzo en medio de las dificultades.
Hoy, su historia se suma a la de decenas de familias golpeadas por esta tragedia aérea.
Mientras espera la llegada del cuerpo de su hijo, Ana María intenta encontrar palabras para describir lo que siente. “La pérdida de un hijo es como que le arranquen a uno el corazón… a mí me lo arrancaron”, dijo.
En esa casa de madera, donde él soñaba con construir algo mejor, hoy queda una promesa inconclusa. Un hijo que no volvió. Y una madre que, en medio del dolor, solo espera poder despedirse este jueves 26 de marzo, cuando su cuerpo llegue a Villanueva, Bolívar