La noche del 8 de febrero de 2026 quedó marcada en la memoria colectiva de millones de latinos. En el escenario del Super Bowl Halftime Show, Bad Bunny no solo cantó: contó una historia. Frente a una audiencia global, el artista puertorriqueño convirtió su presentación en un mensaje cargado de identidad, memoria y resistencia cultural.
Cada detalle tuvo un significado. Desde el número de su camiseta hasta la representación de los trabajos que históricamente han sostenido a los latinos en Estados Unidos, pasando por una referencia directa a los apagones que han golpeado a República Dominicana. Pero hubo un momento que estremeció más profundo: el recuerdo de Hawái.
Ese segmento, interpretado por Ricky Martin, tocó fibras sensibles en millones de personas. Al entonar “Lo que le pasó a Hawái”, canción incluida en el álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS, el mensaje fue claro: la música también puede ser denuncia.

“Lo que le pasó a Hawái”: una canción que va más allá de la música
Lejos de ser solo una metáfora artística, la canción funciona como una advertencia social y política. Bad Bunny pone sobre la mesa el riesgo que enfrentan territorios con fuerte identidad cultural cuando intereses externos comienzan a desplazar a sus habitantes.
En sus versos, el artista habla de fenómenos como la gentrificación, la turistificación descontrolada y la especulación inmobiliaria, procesos que transforman comunidades enteras y empujan a los locales fuera de sus propios hogares.
La frase “No suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái” se convirtió en un llamado a la memoria colectiva. Es una invitación a defender la cultura, los símbolos y las raíces antes de que sea demasiado tarde.
Entonces, ¿qué fue lo que realmente le pasó a Hawái?
Hawái es un archipiélago ubicado en el océano Pacífico, conformado por seis islas principales: Kauai, Oahu, Molokai, Lanai, Maui y Hawái, esta última la más extensa. Oahu alberga la capital, Honolulu, y concentra gran parte de la actividad económica y turística.
Mucho antes de convertirse en un destino soñado para millones de viajeros, Hawái fue hogar de pueblos polinesios que llegaron hace más de 1.500 años, navegando guiados por las estrellas. Con el paso de los siglos, distintas culturas de la Polinesia se asentaron en las islas, desarrollando tradiciones propias y una identidad profundamente arraigada al territorio.
Durante siglos, Hawái se desarrolló de manera autónoma. En 1795, el rey Kamehameha I logró unificar las islas tras la batalla de Nuʻuanu, consolidando el Reino de Hawái como una monarquía soberana.
Aunque exploradores europeos llegaron en el siglo XVIII, ni España ni Reino Unido reclamaron formalmente el territorio. Sin embargo, el panorama cambió en el siglo XIX con la llegada masiva de misioneros y empresarios estadounidenses, atraídos por las tierras fértiles y el potencial agrícola, especialmente para el cultivo de azúcar.
El quiebre político que cambió la historia de Hawái
A finales del siglo XIX, los intereses económicos comenzaron a imponerse sobre la soberanía local. En 1887, un grupo de empresarios forzó al rey Kalākaua a firmar la llamada Constitución de la Bayoneta, que redujo drásticamente el poder de la monarquía y favoreció a los extranjeros.
El punto de no retorno llegó en 1893, cuando la reina Liliʻuokalani fue derrocada por un grupo respaldado por intereses estadounidenses y la presencia militar de ese país. Aunque el entonces presidente de Estados Unidos reconoció la ilegalidad del golpe, el proceso continuó.
En 1898, Hawái dejó de ser un reino soberano y fue anexado como territorio estadounidense. Décadas después, en 1959, se convirtió oficialmente en el estado número 50 de Estados Unidos.
Para muchos hawaianos, la anexión nunca fue legítima. Desde finales del siglo XX, movimientos sociales han denunciado que la población indígena jamás cedió voluntariamente sus tierras ni su derecho a la autodeterminación.
En 1993, el Congreso estadounidense aprobó una resolución de disculpa reconociendo la participación de agentes del Estado en el derrocamiento de la monarquía. Aun así, el debate sobre la soberanía sigue vigente.

Turismo, gentrificación y el desplazamiento de los locales
Hoy, Hawái es uno de los destinos turísticos más importantes del mundo, pero ese éxito tiene un costo. El aumento del turismo, la llegada de inversionistas extranjeros y la expansión tecnológica han elevado el costo de vida a niveles insostenibles para muchos residentes.
En zonas como Maui, más de la mitad de las viviendas son adquiridas por compradores no residentes. El precio de la vivienda supera en casi un 150% el promedio de Estados Unidos, obligando a miles de familias a destinar gran parte de sus ingresos al arriendo o a considerar abandonar la isla.
La historia de Hawái no es ajena a Puerto Rico. Ambos territorios comparten problemas estructurales: turismo masivo, falta de vivienda asequible y migración forzada por razones económicas.
Cada vez más puertorriqueños dejan la isla ante la imposibilidad de sostenerse económicamente en su propio territorio. Justo ese paralelismo es el que Bad Bunny quiso visibilizar en el Super Bowl: que la historia no se repita.