El cinturón de Asteroides es el primer filtro del sistema solar en sus más de 14 billones de kilómetros de extensión. El sistema interior abarca el territorio en el que se encuentran Mercurio, Venus, Tierra y Marte; cuerpos rocosos que son en los únicos en los que la vida tuvo opción de desarrollarse.
El cinturón de Asteroides es una sección del Sistema solar en la que las rocas, asteroides y polvo espacial se posiciona, funcionando como protector de los primeros cuatro planetas. Este sistema se extiende hasta 3.2 Unidades Astronómicas y llegan los planetas Gigantes: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Esta parte del sistema llega hasta las treinta UA. Finalmente, el poder del sol llega hasta la heliopausa, cuando el Sol pierde fuerza y ya no atrae no sostiene cuerpos.
Sin embargo, hay otra capa de protección, conocida como la nube de Oort, esta es una capa esférica de cometas que rodean todo el sistema, su límite final es de 100.000 U.A.
Pero volvamos al cinturón de Asteroides. Los científicos se han basado en estos cuerpos para estudiar el origen y evolución del Sistema Solar tal y como lo conocemos. El asteroide más grande considerado por los astrónomos era Ceres que, desde su descubrimiento en 1801, llamó la atención de los científicos y tuvo esta etiqueta hasta 2006, cuando la Unión Astronómica Internacional lo clasificó como un planeta enano.
Tras esto, Ceres dejó la vacante del asteroide más grande encontrado por la humanidad y los científicos 'le dieron la corona' a Vesta, convirtiéndose; a su vez, en un laboratorio flotante.

Vesta, el asteroide más grande hallado por la humanidad
Conocido en el mundo astronómico como (4) Vesta, este cuerpo tiene 530 kilómetros de diámetro. Es el segundo cuerpo con más masa de todo el cinturón de asteroides; acumulando el 9% del total de la región. Ha sido tan importante, que incluso enviaron una misión allí (sonda espacial Dawn). De acuerdo con los expertos, este cuerpo rocoso tiene un interior diferenciado en capas, similar al de planetas rocosos.
Un hallazgo histórico en Vesta
Fue hallado a inicios del siglo XIX (29 de marzo de 1807); la era de la tecnología astronómica apenas iniciaba. En Bremen, el físico Hainrich Wilhem Olbers, estudiaba las órbitas de los grandes cometas. Fue en ese proceso en el que encontró, en el firmamento, este cuerpo. Lo nombró Vesta, en honor a la diosa romana del hogar, siguiendo consejo de Carl Friedrich Gauss, un matemático.
Durante esta época nadie más encontró un cuerpo similar a este, por lo que se le incluyó en el grupo de planetas independientes. Ya más hacia el presente, se logró determinar que su órbita está entre la Tierra y Marte y que da una vuelta al sol cada tres años y medio terrestres.
La fisonomía de Vesta, singular
Este cuerpo, particularmente, está formado por un núcleo, un manto y una corteza. Gracias a esto, los científicos consideran que en su momento tuvo la capacidad de fundir su interior, llevando los metales a su interior y dejando una superficie de roca formada por erupciones volcánicas. Por esta razón, en realidad, debería ser considerado como un planeta enano, sin embargo, en su cuerpo presenta una concavidad en su polo, por lo que no es considerado como un esferoide.
También es bastante brillante.

Tiene una montaña dos veces el Everest
Su superficie ha sido moldeada por constantes choques masivos. Tiene un enorme cráter de 460 kilómetros de diámetro en su polo sur. Esta cuenca ocupa el 80% del diámetro total del cuerpo rocoso y tiene en su centro una elevación asombrosa: se trata de unos 20 kilómetros de un pico.
Esto la hace más grande que el Everest, que tiene casi un kilómetro de metros sobre el nivel del mar y es considerada una de las más altas del mundo. Cabe destacar que esta montaña no tiene base submarina y que la supera el volcán Chimborazo, que si se mide desde el centro de la Tierra, es considerada más alta.
Esta formación fue producto de choques con otros meteoros, como resultado, muchas fragmentos cayeron en la Tierra, siendo un cuerpo del que se tienen pruebas físicas.