El 10 de agosto, a las 7:34 a. m., la vida de miles de personas en Chocó, Valle del Cauca y el Eje Cafetero cambió para siempre.
Un fuerte estruendo, seguido del movimiento de la tierra, fue el inicio de la devastación.
Este jueves se cumple un mes de la tragedia que sacudió a Colombia: un terremoto de 7,4 grados, con epicentro en Chocó, que marcó un antes y un después en la historia del país. Una emergencia sin precedentes que volcó la atención de las tropas de las Fuerzas Militares en las regiones más afectadas.
Las alarmas que anunciaron el desastre
Desde el momento del sismo, el Comando Aéreo de Transporte Militar (CATAM) se convirtió en la esperanza de miles de damnificados.
Fue así como la ayuda humanitaria, el traslado de los heridos y también el transporte de los rescatistas se coordinó desde esa base militar de la Fuerza Aérea Colombiana.
Pero mientras la emergencia tomó por sorpresa a los colombianos y las alarmas sonaban en cada rincón del país, las tropas se alistaban para la misión más importante para la que fueron entrenadas: salvar vidas.
El general John López, comandante de CATAM, recuerda cómo recibió la noticia.
"Desde el primer momento en que nosotros nos enteramos de este desastre, nos pusimos alerta, ya que somos parte del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. Inmediatamente, tomamos contacto con nuestra entidad, que en este caso sería el Centro Nacional de Recuperación, hace parte del PMU Nacional, donde finalmente se enfocan todas esas necesidades y donde nosotros, como Fuerza Aérea, ponemos al servicio todas nuestras capacidades", explicó el general López.
El oficial agregó que, en estos casos, "las tripulaciones se encuentran en todas sus capacidades y siempre tenemos una tripulación que está de rojo. Para nosotros, estar de rojo es estar siempre alerta en estos casos para poder atender inmediatamente la necesidad en medio del desastre".
Y aunque las primeras imágenes que llegan son devastadoras, cuando se activa el protocolo, empieza una carrera contra el tiempo.
Cada minuto representa la posibilidad de hallar vida bajo los escombros.
"Lo más importante para nosotros son esas primeras horas, donde nuestras capacidades son fundamentales. Nosotros, desde el primer momento, disponemos de una aeronave de transporte aeromédico masivo, pero también transportamos, en otros tipos de aeronaves como el C-130, a los rescatistas hacia los diferentes municipios que lo necesitaban. Fuimos a Pereira, Cali, Armenia y Quibdó, transportando a toda la gente, porque esas primeras horas son primordiales", señaló el general López.
A través de estas aeronaves, fue transportado personal rescatista de Bomberos de Bogotá, la Alcaldía de Bogotá y la Unidad de Gestión del Riesgo.
"Sabemos y somos conscientes de que un minuto que perdamos puede ser una vida para rescatar", dijo el general John López, comandante de CATAM.

Del apoyo de los colombianos a las regiones afectadas: así fue el transporte de las ayudas humanitarias
En medio de la tragedia, las alas de metal de los aviones de la Fuerza Aérea Colombiana alzaron el vuelo para transportar insumos, equipos de búsqueda, rescatistas, medicamentos y ayudas humanitarias.
Así lo narra, a bordo de un Hércules C-130, el coronel Alan Ricardo Calderón, comandante del grupo de transporte número 81 de CATAM.
"Es una aeronave de carga militar que tiene diferentes configuraciones y diferentes características o capacidades. Es un avión de una gran capacidad de carga en su compartimiento, pero también tiene la capacidad de aterrizar en pistas no preparadas, en condiciones nocturnas, sin luces, y capacidades especiales que tienen nuestros pilotos para operar en esas pistas y que se requería en ese momento tan crítico", explicó el coronel.
Además, señaló que también emplearon aeronaves C-295, "que es un poco más pequeña, pero con capacidades importantes como el transporte aeromédico masivo, con el cual estuvimos evacuando a los heridos en el área de Chocó, y posteriormente, con las aeronaves 737, terminamos de llevar el transporte de personal que iba a apoyar los rescates".
Aviones convertidos en ambulancias: así fue el traslado de los heridos del terremoto
Una vez en tierra, los rescatistas se pusieron manos a la obra.
Cerraban los puños, pedían silencio, buscaban entre los escombros, tocaban los pitos y, cada tanto, gritaban: "¡Hay vida!".
Pero entonces empieza una nueva batalla contra la muerte.
La técnico primero Nidia Cañón Páez tiene la misión de transportar de manera masiva a los pacientes más críticos. El avión se convierte en una sala médica sobre las nubes, mientras que el personal lucha por mantenerlos a todos con vida.
"Siempre hay una disponibilidad de médicos y enfermeros 24/7, y de un médico validador, que es quien genera el requerimiento. Entonces, nosotros alistamos todos los equipos biomédicos y las camillas que están a cargo del alistamiento de CATM, mientras el grupo técnico alista la aeronave. Nosotros nos encargamos de medicamentos, insumos y equipos biomédicos, así como el chequeo del personal requerido para el traslado de los pacientes", señaló la técnico.
Por ello, para el terremoto del pasado 10 de agosto, lideró el traslado de los heridos más críticos.
"Recuerdo que en uno de los vuelos teníamos 17 pacientes que recogimos en Quibdó para desocupar un poco la capacidad de las unidades de cuidados intensivos en Chocó, y los llevamos a Rionegro. Entonces, verificamos qué tipos de pacientes hay para así efectuar el alistamiento de los equipos biomédicos que cada paciente requiere. Ese día, en ese vuelo, trasladamos a dos neonatos. Entonces, los equipos biomédicos que se requieren en ese tipo de pacientes son diferentes de los equipos de adultos. De ahí la importancia de tener un cubrimiento total para la población, desde neonatos hasta adultos mayores", agregó Cañón.

Las lágrimas detrás del uniforme
Aunque detrás del uniforme de cada militar hay un ser humano, la tragedia no distingue grados, estrato social o color de piel.
Una tragedia como la del terremoto les toca las fibras a todos.
"Debajo del uniforme hay una persona, hay un hermano, hay un colombiano que está dispuesto, con todo su compromiso, a entregar, si es necesario, su vida para ayudar al resto de colombianos. Yo soy de Manizales y fue un orgullo poder ayudar a mi gente, poder ayudar a mi familia, poner todas las capacidades que tiene el CATAM para que podamos llevar esa esperanza a todos", relató el general John López, comandante de CATAM.
Pero los colombianos, al igual que en otros desastres, se unieron en un solo corazón para enviar toneladas de ayuda humanitaria a quienes más lo necesitaban.
Países como Estados Unidos se unieron también a la causa.
Un mes después de la tragedia, Colombia recuerda las más de 300 víctimas fatales, mientras los damnificados se levantan en medio de los escombros.